Hadelich y el concierto que prueba a los violinistas

Augustin Hadelich, junto a su stradivarius. /R. O'Connor
Augustin Hadelich, junto a su stradivarius. / R. O'Connor

El músico interpreta con la OSCyL la obra que Mendelssohn compuso para su amigo Ferdinand David a las órdenes de Inbal

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

«Lo toco desde los siete años, es un concierto que nos acompaña a los violinistas durante toda la vida», dice Augustin Hadelich del 'Concierto' de Mendelssohn que interpreta hoy y mañana con la Sinfónica de Castilla y León, a las órdenes de Eliahu Inbal. Aunque debuta hoy en el Miguel Delibes, sabe de la OSCyLpor Miguel Harth-Bedoya, el director peruano de la Orquesta Radiofónica de Noruega con quien lo grabó hace dos años.

«Mendelssohn concibió otra forma para el concierto, no siguió el esquema tradicional de Beethoven. Entrega al violín un papel central, no es un solista en algunos momentos sino que toda la obra pasa por él. Ni siquiera hay introducción orquestal, sino que suena desde el primer momento. Es una obra más bien corta y, sin embargo, muy expresiva, concisa, no sobra nada. Y la huella de su estilo pesa en los conciertos posteriores. Tchaikovsky o Sibelius beben de él», explica el pianista italo-alemán. Por eso una obra frecuentada, en su última visita al concierto del alemán, Hadelich descubrió «una cita de un concierto de Beethoven. Es como una broma que Mendelssohn nos propone a los intérpretes. Son cuatro notas iguales, pero en otro tono y me di cuenta cuadno llevaba tocándolo casi veinte años».

Ligeti y Adès

A Hadelich le gusta la variedad, cambiar de repertorio para que su interpretación no pierda frescura. Así que del maestro romántico salta al siglo XX con el concierto de Ligeti que interpretará a las órdenes de Thomas Adès, director y compositor inglés cuyas obras también toca. «Me fascina Adès, es un genio en todo lo que hace, en el podio y en la composición. Hay que mantenerse también cerca del lenguaje de tu tiempo, de las obras que se escriben ahora».

Ganador de un Grammy por su grabación del concierto de Dutellieux, acaba de estrenarse en la Warner con el disco de los '24 caprichos' de Paganini. «Me crié en Italia y Paganini ha ocupado buena parte de mi vida. Para muchos es sinónimo de lucimiento virtuosístico sin más. Para mí es una música que se ha infravalorado, es entretenida, impresionante. Ha sido un gran proyecto que he grabado en cuatro grupos. Fue laborioso pero ha merecido la pena. No me gusta hacer dos discos iguales seguidos. El anterior estuvo dedicado a los conciertos de Mendelssohn y Bartók, el siguiente debía ser otro cosa».

 

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