Emoción rusa, luz española

Alexander Romanovsky, en el auditorio Miguel Delibes. /Gabriel Villamil
Alexander Romanovsky, en el auditorio Miguel Delibes. / Gabriel Villamil

Romanovsky interpreta al Prokofiev más optimista con la OSCyL, que estrena obra de Ezquerra

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

La Orquesta Sinfónica de Castilla y León comienza 2019 con un estreno, con un intercambio y con repertorio emotivo y onírico. El programa que presenta hoy a las órdenes de su director titular, Andrew Gourlay, le hará mañana y pasado en el Palacio Euskalduna de Bilbao para volver al Miguel Delibes el sábado. El segoviano Nuño Fernández Ezquerra, ganador del II Concurso Nacional de Composición de la OSCyL, cumplirá el sueño de todo compositor, escuchar su obra, 'Figura de luz indómita', interpretada en directo.

Discípulo de Mauricio Sotelo en la ESMUC, Fernández Ezquerra apela a la «escucha experiencial más que a la intelectual» para estos diez minutos de música que busca aprehender «un fenómeno lumínico». Evoca el simbolismo del horizonte y conecta con la segunda parte del programa, el Debussy de 'Preludio a la siesta de un fauno' y el Skriabin de 'Poema de éxtasis'.

En medio, el enérgico, optimista y original Serguei Prokofiev en las manos de Alexander Romanovsky (Ucrania, 1984), un pianista que ha trabajado repertorio ruso en escenarios noruegos y británicos con Gourlay. Cuando la mayor parte de los solistas huyen del encasillamiento por escuelas de procedencia aludiendo a la mixtura global, Romanovsky presume raudo de su herencia. «Soy un pianista de la escuela rusa, anterior a la soviética, orgulloso de la tradición de Anton Rubinstein, de Horowitz y mi profesor Leonid Margarius. Esa formación me ha permitido estar seguro de algunas cosas, lo suficiente como para hacer mi interpretación a partir de ellas», dice en un suave español de ecos colombianos. «Para esa escuela, la música tiene que hablar al corazón, si no lo logra, fracasamos». Ha sumado a las enseñanzas rusas, las italianas. «Estudié en la Academia de Imola, diseñada por Da Vinci. Lo que sabía por los libros de repente lo tenía al alcance de la mano. Eso es importante para un artista».

Ha pasado años con Rachmaninov, cuyos conciertos de piano ha grabado en dos álbumes para Decca. «Prokofiev es otro mundo, es un músico universal que habla a través de todos los estilos con gran facilidad. En el 'Tercero' vuelve a la forma clásica de concierto en cuanto a la estructura pero el contenido es muy moderno, incluso para hoy. Me gusta mucho que a pesar de su modernidad, busque siempre la melodía, el tema a partir del cual articula cada obra. Tenía una mente paradójica, como demuestra su forma de jugar al ajedrez», dice el pianista. «Y era un hombre que a pesar de haber vivido la Revolución Rusa de 1917, la I y la II Guerra Mundial, tenía un gran optimismo. Llevaba un librito en el que pedía a sus amigos que escribieran frases sobre el sol, amaba el sol. Este concierto es una demostración de luz y energía». Romanovsky considera que la música vive «un momento de incertidumbre. Escucho lo que componen mis amigos, pero solo toco lo que me gusta». Como director del Concurso de Piano Vladimir Krainev de Moscú, propone una prueba extra a los aspirantes: «deben explicar cómo imaginan un concierto de música clásica dentro de 50 años».

 

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