Sergio Dalma: «En mi trayectoria hay un antes y un después de Eurovisión»

Sergio Dalma, durante un concierto. /
Sergio Dalma, durante un concierto.

El artista pondrá fin a su gira en el Polideportivo Pisuerga el 17 de diciembre con un repaso a su repertorio musical

JESÚS BOMBÍNVALLADOLID

Sergio Dalma (Sabadell, 1964), desembarcará el 17 de diciembre con sus melodías en el Polideportivo Pisuerga de Valladolid. Llega inmerso en un registro musical diferente, con matices nuevos al estilo que ha hecho marca en los últimos 25 años, y con su decimoséptimo álbum, Dalma, producido por Pablo Cebrián, del que ofrecerá una selección de canciones, y un repaso al repertorio que durante un cuarto de siglo le ha hecho ganarse un público fiel que aglutina a varias generaciones enganchadas al ritmo de baladas como Bailar pegados.

¿Cómo refleja en su último disco ese cambio musical?

Dalma ha modificado bastante lo que era el sonido, que es lo que me más me preocupaba, ofrecer algo nuevo. Tengo inquietudes como músico y cuando recibo las canciones de Pablo Cebrián me gusta su sonido y su concepto de arreglos, eso es lo que me hizo decidirme a hacer este disco con un aire más anglosajón, trabajar con otros autores, buscar temas con mensajes positivos aunque sean de amor y desamor. Hacía once años que no grababa en España y todo esto ha hecho que volviera. A ello me animó el hecho de encontrarme con un productor que me ofrecía una fisonomía nueva, dar un pasito más.

¿En qué momento artístico se encuentra en este momento?

Nunca dejo de intentar evolucionar, de descubrir cosas. Sorprender al público cada vez es más difícil y en este disco quise buscar nuevos matices en la voz, experimentar. Desde que empecé en el mundo de la canción he visto la evolución también del público, hemos crecido juntos, y ese proceso ha sido de una forma espontánea. Y a ello se ha sumado público nuevo, otras generaciones y eso crea una presión. Heredar el gusto por mis canciones es algo que en muchos de mis seguidores ha sucedido de una forma natural.

¿Ha sufrido mucho hasta llegar hasta aquí?

No... vamos a ver, fácil no me lo han puesto, pero siempre he creído mucho en lo que hacía. No nos engañemos, en el mundo discográfico afortunadamente hay gente que ya no está y que han hecho mucho daño. Yo siempre he disfrutado y soy un privilegiado, un superviviente de la música. He vivido situaciones de todo tipo y es difícil que algo me sorprenda.

¿Cómo se define musicalmente?

Siempre me he considerado un cantante de pop y un narrador de historias, porque al final lo que recibo son canciones donde me identifico e intento transmitir ese mensaje a la gente; si al público le llega y disfruta, fenomenal.

¿Qué ve si hace memoria?

Uf. Muchísimos viajes, bagaje e historia. Y sobre todo me producen sonrisas mis principios, nunca los olvido porque fueron importantes con el aprendizaje con aquellas orquestas, el mundo de la publicidad... En aquella época no imaginaba que podría llegar a los 17 discos.

¿Cala más una canción triste que una con mensajes positivos?

Bueno, soy más intérprete que actor y una de mis premisas en este trabajo es buscar canciones positivas. Me considero un tío optimista. Además, la sociedad en este momento no está para que le demos más disgustos, sino para que la alegremos. Con 52 años prefiero cantar canciones sobre temas alegres.

¿En qué se inspira?

Intento cada vez más rodearme de autores nuevos porque eso hace que haya una evolución en tu trabajo. Colaborar con Iván Ferreiro, alguien distante a lo que yo podría hacer, aporta algo nuevo y sirve para eliminar prejuicios.

¿Cómo le ha marcado Italia en su estilo musical?

Mucho. De pequeño mis padres no dejaban de poner discos italianos y me llamaba mucho la atención esa forma de interpretar, por eso me imagino que tarde o temprano tenía que llegar ese Dalma. Sigo teniendo amigos allá y escuchando música italiana, me identifico con ella.

Temas como Bailar pegados se han convertido en un himno para sus seguidores. ¿A qué atribuye que perduren en el tiempo?

Me lo sigo preguntando, por qué unas canciones como esas han traspasado barreras, fronteras, generaciones. Resulta curioso, porque además aparecer en el festival de Eurovisión que en aquel entonces no tenía tanta trascendencia, en mi caso hay que hablar de un antes y un después de aquel concurso, honestamente. Disponer de clásicos en el repertorio es una ventaja.

¿Siente que llega más al público femenino que al masculino?

En un principio quizás sí, pero con el paso de los años me he dado cuenta de que han venido más hombres a mis conciertos, quizás porque ya tenemos menos pudor de expresar lo que sentimos.

¿Qué le parece la fiebre de programas televisivos sobre cantantes?

No hay espacio ni mercado para todos. En este momento hay una saturación de artistas, pero el mismo público va haciendo una selección. Es importante que haya música en televisión a través de estos programas porque el talento no tiene que quedar escondido. Pero el público es el que elige y selecciona, porque no hay mercado para todos. Hemos conseguido que la gente entienda que la música hay que pagarla, pero no da para tanto.

¿Cómo ha visto cambiar el mundo de la música?

La sociedad ha cambiado y la música se consume de otra manera. Es todo tan rápido, las redes sociales hacen que cualquier noticia pase muy veloz y la gente tiende a consumir y sentir la música de otro modo. Yo empecé con el single, luego el elepé y después el cedé y ahora todo es a través de las plataformas, aunque hemos conseguido que la gente acuda a los conciertos.

¿Qué va a ofrecer en el concierto de Valladolid?

De entrada es la última actuación de la gira, por lo que ya resulta especial; Valladolid es una tierra que siempre nos ha tratado de maravilla. Ofreceremos un espectáculo en cuatro bloques. El primero, con una clara apuesta por Dalma; un segundo en el que haré un repaso de las canciones italianas; el tercero será más acústico, con más acercamiento al público, y el cuarto tendrá mucho ritmo; intentaremos que la gente baile, se ponga de pie y disfrute.