Lee Konitz viste de etiqueta la clausura de un Universijazz consolidado

Lee Konitz y Jeff Denson, durante el concierto en San Benito. /
Lee Konitz y Jeff Denson, durante el concierto en San Benito.

El festival se afianza en las citas del país, tras cuatro días de respaldo popular y con la presencia sobre el escenario de leyendas internacionales

ROBERTO TERNE

Programación inteligente y detallista hasta en los pequeños detalles. Finalizar anoche Universijazz oliendo a siglo XX del añejo fue todo un toque de espuma a cuatro días de cava de primera. Y es que una cosa es intuir el concierto de un viejo lobo como Lee Konitz y otra es percibir sensaciones como las vividas anoche. Ayer San Benito olía a madera y a club a pesar de que en el siglo XXI en los espectáculos ya no haya ni humo ni, mucho menos, licor. Lo de Konitz en Universijazz fue una oda a la naturalidad del cool jazz, a ese jazz de clase A que pocos discípulos logran crear con tanta fidelidad. Anoche tuvimos la suerte de ver en el escenario a un maestro vivo y a un discípulo aventajado en la asignatura de la intuición.

José Luis Gutiérrez presentó a las estrellas no sin antes despedir la XIV edición de un Universijazz que ha pasado de afianzarse y consolidarse a ser ya una cita competitiva con las grandes fechas nacionales del jazz. El director artístico pidió un aplauso tanto a la Universidad de Valladolid, entidad creadora del festival, como al resto de instituciones implicadas, parándose especialmente en el equipo propiamente humano que hay detrás de todo el trabajo del festival. «Hoy vais a ver un concierto emblemático, de una leyenda que tiene tantos años como teclas un piano. Adiós y hasta el próximo año», zanjó.

Anoche los aplausos tuvieron un sonido especial quizás el de esa complicidad de los que saben que están viviendo algo definitivamente importante en su propia ciudad.

A escena primero salió el propio trío de Jeff Denson. Y lo hizo abriendo con Blue Skies, avanzando la agilidad y aparente sencillez de entradas y salidas de solos de la que vino cargado el repertorio. Perfecto Denson al contrabajo, aunque quizá no tanto con los momentos graves de voz. Dan Zemelman abrió al piano con pureza y también con valentía a la hora de recurrir al rasgeo de cuerdas.

Fluidez generacional

La salida a escena de Lee Konitz no pudo ser más sencilla y cercana con la audiencia. Con camisa descuidada y visera clásica, el músico norteamericano sorprendió con un saxo de sonido natural, exento de excesos de reverb y totalmente acoplado a una banda cómplice a pesar de los saltos generacionales. Y es que quizás la magia de la banda de anoche está en que el anfitrión (Denson) es el que se ha metido en la piel del invitado (Konitz). Y de esta unión todo fueron resultados.

A lo largo del repertorio hubo momentos para viejos standars. Por ejemplo el de la interpretación de All the things you are, de Jerome Kern y Oscar Hammerstein, viajando en el tiempo al Broadway de los 40. También hubo momentos (escasos) de viajes en ramas, como en Skylark. Sin embargo, más que los títulos lo que contaba anoche era la fluidez generacional que había sobre el escenario, materializada incluso con choque de manos. Francamente, una suerte conservar a leyendas con tanta dignidad. Sin duda, un broche de oro para cuatro días de los de sacar pecho. A por el 2016.

 

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