Oyarzábal viaja por cuatro siglos de música desde el órgano de la Catedral de Valladolid

Daniel Oyarzábal. organista. /
Daniel Oyarzábal. organista.

El organista vitoriano dará hoy un concierto en el ‘Amezua’ de la seo vallisoletana

VICTORIA M. NIÑO

Es la primera vez que se sienta al órgano de la Catedral de Valladolid. Daniel Oyarzábal (Vitoria, 1972), el organista habitual de la Orquesta Nacional de España, pensó primero en un concierto de repertorio romántico y arreglos del XX. Tras ver los programas interpretados durante los últimos años se decidió por uno más ecléctico.

«Pensando en el público elegí algo de Bach, que siempre suena bien y gusta.Después algo de Mendelssohn, que en una primer audición también es muy celebrado a mí me gusta mucho para acabar con una pieza muy famosa en el mundo del órgano: Carillon de Westminster, de Louis Vierne. Es un repaso a cuatrocientos años de música que acaban con una composición contemporánea de Gorka Cuesta, un autor que me gusta y siempre que me cuadra, incluyo algo de él. Tiene cierto sentido cronológico», explica Oyarzábal. El músico vitoriano vuelve esta tarde a partir de las 20:30 h. a encontrarse con una ciudad en la que recuerda haber acompañado al piano a un cantante hace diez años. Daniel acaba de volver de Italia y llega a la clausura este domingo del Bach Vermut, una iniciativa de Antonio del Moral. Tom Koopman, el gran especialista holandés en Bach, clausura la interpretación de la integral de su obra para órgano que se ha venido desarrollando desde noviembre en el Auditorio Nacional y en la Catedral de León. 20.000 personas han pasado por el Auditorio Nacional a escuchar alguno de los diez conciertos.

El órgano del Auditorio madrileño cumple 25 años y Antonio del Moral tenía a espina clavada de ciclos monográficos del instrumento que dejaron de hacerse por falta de público. «En cambio en el Festival Solo Música, que programaba 40 conciertos, decidió dar relevancia al órgano al final del ciclo. Todo el mundo fue a ver ese último concierto y por primera vez el Auditorio se llenó de gente de otros conciertos que se acercaron a ver la pieza de órgano. Ahí le entró el deseo de hacer algo con ese órgano y de ahí sale Bach Vermut. Es algo que hacen en las iglesias protestantes, acabado el oficio se quedan a charlar con el pastor mientras toman un café. Esa idea la llevó al vermut.Es mérito de Antonio del Moral». Y es que a pesar de la publicidad, del cartel de primera de los instrumentistas, de la calidad de ambos instrumentos, «nunca soñamos con este llenazo. Ha sido algo impresionante e imprevisto. El mundo del órgano está emocionado». Precio económico (cinco euros), vermut y una pantalla que acercaba al intérprete, enfocando manos y pies. Ayer Koopman daba una máster-class en Madrid y explicaba que el órgano, a diferencia del resto de instrumentos, no existe, se le oye pero no se le ve. «La pantalla se convierte en un elemento que acerca al intérprete, algunos organistas se quejan pero siempre digo que quien no quiere ver cierra los ojos y quien tiene curiosidad, la sacia».