El rock de Loquillo enciende La Flecha

El barcelonés Loquillo, escoltado por los tres guitarristas de su banda, en plena actuación anoche en La Flecha. /
El barcelonés Loquillo, escoltado por los tres guitarristas de su banda, en plena actuación anoche en La Flecha.

El cantante barcelonés y Burning celebran los 160 años de El Norte de Castilla haciendo mover las caderas en el concierto del Cassette Rock

JOTA DE LA FUENTE

Cada mortal busca, cada vez que cumple años, invitar a sus amigos a la mejor fiesta posible. Eso es lo que ayer hizo El Norte de Castilla, subiendo al escenario de la plaza de toros de La Flecha, La Cubierta, a dos de las mejores bandas del rock and roll español de todos los tiempos, Loquillo, sin los Trogloditas, pero con una fuerza descomunal, y Burning, referentes de los puristas del género. Ortodoxos ambos, son un excepcional ejemplo del rock purista de nuestro país.

Bien pagados estuvieron los euros de las entradas, porque las cinco horas de buena música bien merecieron la pena. Sin espacio sobre el albero, como en las mejores ocasiones en La Flecha, más de 4.000 personas asistieron al 160 cumpleaños de El Norte, que no defraudó. El ambiente previo en los bares del entorno del coso y la cantidad de vehículos hacían presagiar acontecimiento importante en el municipio.

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La gira Cassette Rock culminó anoche en Arroyo su recorrido por la región, que comenzó en Salamanca, siguió en Palencia, para concluir esta misma semana en Segovia el pasado lunes y ayer en Valladolid, en un espacio perfecto para este tipo de eventos, que tuvo su aperitivo hace un mes con el concierto de La Frontera y La Guardia, que ya anunciaba el cumpleaños de este medio, tan arraigado en las familias vallisoletanas desde hace 160 años.

Álex Caporuscio puso el aperitivo a lo que iba a ser una gran noche de rock, metiendo en vereda al mucho público que se acercó desde primera hora al concierto, que comenzó a las nueve de la noche.

La banda de músicos del gran Loquillo aporta este verano los mejores acordes del rock en directo, con gran calidad. Sus tres guitarristas son excepcionales, así como su batería, francés, o su teclista, con curioso aspecto, más moderno que el tradicional tupé del loco, que nunca pasa de moda.

Loquillo saltó con ganas, pasada media hora de la medianoche, al escenario, elegante, de negro riguroso, y se hizo acompañar por Igor Paskual a la guitarra, con Laurent Castagnet a la batería, Santi Comet al teclado, Jaime Stinus con la guitarra y bajo, Josu García a la guitarra y Alfonso Alcalá, armado con el bajo y haciendo coros como el resto de la banda. Loquillo llama la atención por su físico, desafiante, chulesco, altivo y con aspecto de tipo duro, pero con complicidad con su público.

Los dos metros de inmensa humanidad de Loquillo fueron recorriendo, sin pausa, con ritmo frenético, y de forma entremezclada, canciones de su último trabajo, El creyente, tema con el que comenzó el concierto, con otros más conocidos, cantados, coreados y bailados por sus incondicionales, a esas alturas totalmente entregados. En realidad se trata de himnos generacionales, como La mataré, El rompeolas, El ritmo del garaje, Cuando fuimos los mejores, Memoria de jóvenes airados, Rock and roll star, o Feo, fuerte y formal, como bien puede definirse el cantante barcelonés, José María Sanz Beltrán, Loquillo, exjugador de basket, que a sus cincuenta y tantos no está para volver a pisar las canchas, pero al que aún queda mucho carrete micrófono en mano, con su poesía, sus letras magistrales y sus temas, convertidos hoy en himnos de juventud de cuarentones. «Mi padre me enseñó que todo lo que hagas, hazlo con amor», explicó Loquillo sobre el escenario. Amor, calidad, público y rock del bueno hubo anoche en La Flecha.

Burning, hijos de los Stones

La banda madrileña del castizo barrio de La Elipa cogió el testigo de Caporuscio y terminó de calentar al público vallisoletano, previo a Loquillo durante casi dos horas, predispuesto a todo lo que estaba por venir de la garganta del tipo con gafas de sol, cueros, botas, vaqueros, y aspecto también de duro, un tal Johnny Cifuentes.

Aún sonaban los ecos del concierto de los Rolling Stones en el Bernabéu el pasado jueves cuando estos hijos musicales suyos saltaron anoche a por todo en La Cubierta de La Flecha, con Una noche sin ti. Con el ritmo desenfrenado de Johnny Cifuentes y sus Burning, no solo celebraron también sus cuatro décadas sobre los escenarios al alimón con este medio escrito, sino que regalaron las mejores versiones de numerosos clásicos. Comenzaron con la sensual Es descisión, para continuar con una sucesión de sus mejores himnos, como Jim Dinamita, Como un huracán o Muévete en la oscuridad. El éxtasis llegó con ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?, temazo que provoca que entre el público los mecheros hayan sido sustituidos por los móviles.

Cifuentes quiso descorchar una botella de cava sobre el escenario para despedirse de la gira con Mueve tus caderas, compartiendo trago con toda su banda, y brindando por sus benditos 40 años de música, y por los 160 de El Norte. Feliz y larga vida a todos ellos.

 

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