La sorna caribeña del violista

Néstor está orgulloso de su amplia biblioteca culinaria. /
Néstor está orgulloso de su amplia biblioteca culinaria.

viola solista de la Sinfónica de Castilla y León

Qué separa a las violas de los simios? Los segundos violines». Es uno de los cientos de chistes que tejen en la Asociación de Violas para contrarrestar la hegemonía de los violines. Néstor Pou los disfruta también con los músicos vecinos, como las bromas relativos a la altura en su familia son todos bajitos también con amigos de talla considerable. «No discrimino, estoy abierto a todo», dice sonriendo. Y es que la viola es una suerte de Lepe musical.

El viola solista de la Sinfónica de Castilla y León empezó tocando la trompeta en el viaje contrario de su padre, quien comenzó con la viola y vivió de la trompeta. «Tocaba en Nueva York en los clubs, tenemos una foto de él con Louis Armstrong», recuerda. El único caribeño de la orquesta nació en Puerto Rico, donde marchó Pau Casals cuando la Guerra Civil no le dejaba escuchar su chelo. «Fundó la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, el Conservatorio, una escuela especial para cuerdas dirigida a niños, una especie de grado elemental».

Pou estudió en un instituto dedicado a la música, «como en 'Fama', tenías las asignaturas comunes por la mañana y por la tarde, las de música. Y participé en el 'programa de cuerdas' de Casals». De los 13 a los 16 años se bregó en un cuarteto que tenía sus bolos, «nos llamaban para tocar en el cumpleaños del Gobernador, para cualquier cosa. Lo pasábamos bien». Y los veranos continuaba la 'inmersión musical' en un festival de jóvenes músicos hispanoamericanos. «Dormíamos en las barracas de una antigua base estadounidense. Venían orquestas de Colombia, Santo Domingo, Nicaragua, pero los especiales eran los del 'sistema' (Abreu) de Venezuela, que tenían hasta avión propio».

A los 16 años fue a Boston, «a una gran escuela, el New England Conservatory». Becado al inicio, luego ya «cortaron las becas y allí podías trabajar en el propio centro además de pedir el préstamo estudiantil». Para Néstor lo mejor de los años universitarios fue el ambiente, poder escuchar a los mejores y la cantidad de disciplinas relacionadas con la música que abordó. «Había un programa muy interesante de música oriental y africana. También te enseñaban otros aspectos del negocio. Trabajé con una profesora en 'management', aprendí a preparar portafolios de músicos», dice quien vio en aquello una posibilidad profesional en caso de que nadie le quisiera como intérprete. Pero le quisieron. Allí conoció a algunos de los músicos con los que ahora toca en la OSCyL, como Marius, chelo. «Él vino a España a hacer una prueba en Barcelona y se enteró de las audiciones en Valladolid. Yo quería venir a Europa». A los pocos meses celebraron su nueva plaza con barbacoa y una botella de Protos de 1991, a 20 dólares.

«El pasodoble es restrictivo»

Cambió la mentalidad anglosajona por la latina, para mezclarlas luego. «Allí el lema es 'ser bueno en algo, lo demás es hobby'. Aquí en cambio estudian latín, griego, filosofía, literatura, hay una formación clásica que he intentado aprender hablando con los compañeros. También me cambió mucho la apreciación de la educación y la salud como un derecho no como un lujo. Por contra en un contexto de crisis, el anglosajón tiene la mentalidad de tirar para adelante como sea y el latino es más reticente a perder logros conseguidos con tanto esfuerzo».

Se siente un privilegiado por la silla que ocupa, celebra su suerte cada día. Ha dejado el tenis y el ninjutsu (arte marcial nipón) por correr y prepara su primer 10.000 metros con sus compañeros de club. El deporte compensa su gusto por la cocina, «soy de buen diente». De la gastronomía española se queda con «el cuchareo y el jamón» . El heredero de la habilidad materna en la cocina señala como su especialidad «el pernil de cerdo. Tengo localizado un locutorio que lleva un bangladesí donde encuentro de todo». Ríe con la prosa de Pérez-Reverte y le interesan los templarios. Bailón de salsa o merengue, «si estoy animado», encuentra al pasodoble «muy restrictivo». Y termina con otro chiste: «Dicen que una orquesta no puede funcionar artísticamente sin violines y administrativamente, sin violas. Ya se sabe, tenemos tiempo para pensar, representar a nuestros compañeros, etc...».