Muere el dramaturgo Salvador Távora a los 88 años

El dramaturgo y director de teatro Salvador Távora. / Archivo

Es considerado el renovador del teatro andaluz y había sido distinguido con la Medalla de Andalucía y la Medalla de Oro a las Bellas Artes

PEDRO BAREASevilla

La muerte de Salvador Távora (1930-2019) supone la pérdida de una de las cabezas más creativas e innovadoras del teatro español contemporáneo. Nacido en el Cerro del Águila un barrio popular de Sevilla, sufrió de niño la Guerra Civil y vivió la aspereza laboral como aprendiz adolescente en una fábrica. Imágenes de tan precoces penurias serán una constante en su obra teatral.

Con estudios primarios aprendió el oficio de soldador, a la vez que se dejaba cautivar por las tradiciones populares de su gente, con una voracidad que iba del folclore flamenco –cantaor, palmero, comparsa de grupo-, a los toros -fue novillero-, los fastos religiosos -una evocación permanente-, el baile, las fanfarrias callejeras, los ritos funerarios… De todo ello ha quedado huella en su obra, de una estética que pasó de una austeridad extrema a espectáculos de gran empaque que también han recorrido el mundo.

Távora creó una estética a partir de su experiencia vital en busca de una imagen seria frente a la Andalucía banal y festiva que mostrará sin barnices lo que el flamenco tiene de grito, y del dolor por la situación social de su tierra.

A finales de 1960 contacta con Juan Bernabé, Alfonso Jiménez Romero y el grupo universitario Teatro Estudio Lebrijano con el que estrena 'Quejío' que el crítico José Monleón lleva al Festival de Nancy, en 1972 y luego a París. Era digna de verse tan desambientada cuadrilla de pueblo que firmaba 'La Cuadra', en medio de los primores del teatro más intelectual y rompedor de aquellos años. El imprevisto espectáculo sorprendió por su compromiso social y su riguroso lenguaje plástico.

Introdujo los cantes y bailes de Andalucía a la vez que las máquinas, el color chisporroteante de la soldadura, objetos de labranza, herramientas, animales, con un sentido del ritmo, del trabajo coral, de la poética del cuerpo y del universo sonoro y dramático de su tierra que anunciaba otro rigor y una insólita exigencia expresiva.

Sus títulos dan cuenta del universo mental de Salvador Távora: 'Quejío' (1972), 'Andalucía Amarga' (1979), 'Los palos', 'Nanas de espinas' (1986), 'Piel de toro' (1987)… Con todo, su trabajo se hizo permeable a temas de calado literario que perfeccionarían aquel primer Távora, con 'Las Bacantes' (1983), 'Don Juan', 'Carmen', 'Crónica de una muerte anunciada'… fruto de una voracidad estética siempre despierta a lo artístico. Hombre comprometido abordó también temas claramente políticos en 'Pasionaria, no pasarán', o 'Identidades'…

Entre tantas distinciones, la Medalla de Oro de las Bellas Artes (1985), el Premio Andalucía de Teatro (1990) y el de Andaluz del Año (1993) de la Federación de Entidades Andaluzas en Cataluña y la Cruz de San Jordi por unir las culturas catalana y andaluza en su espectáculo 'Identidades'.

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