Cuando Medina era el centro del mundo

Talla del Obispo Barrientos, expuesta en el Museo de Ferias de Medina del Campo. /Fran Jiménez
Talla del Obispo Barrientos, expuesta en el Museo de Ferias de Medina del Campo. / Fran Jiménez

El Museo de las Ferias permite recrear el momento de emergencia del gran comercio internacional

VIDAL ARRANZValladolid

Digámoslo rápidamente: el Museo de las Ferias de Medina del Campo es una pequeña gran joya que, para una mayoría de vallisoletanos, está aún pendiente de descubrir. Se trata de un tesoro que no se oculta, que luce a plena luz del día, pero, aun así, demasiado desconocido. Quizás la razón haya que buscarla en su título, que siendo preciso (no podría tener otro), invita a imaginar, erróneamente, un contenido poco estimulante. O quizá el problema radique en la incapacidad para concebir la grandiosidad de la historia que el museo nos va a contar. Sea cual sea la causa, a quienes todavía lo desconozcan hay que urgirles a que salden cuanto antes su deuda con la justicia.

El primer error es pensar que cuando hablamos de las ferias de Medina hablamos de ferias de ganado o similar. Pero no. La verdad histórica que el museo nos cuenta se remonta a un tiempo, el siglo XVI, en el que la localidad vallisoletana era uno de los principales centros económicos del mundo. Centro comercial de lanas, textiles, tapices, libros, obras de arte, grabados… y también un pujante foco financiero internacional, que algunos no han dudado en describir como un 'Wall Street' de la época.

Hablamos del momento histórico en el que España -primero con los Reyes Católicos y, luego, con Carlos I y Felipe II- era la primera potencia del mundo. Medina del Campo se benefició de su excelente situación geográfica y de su condición de señorío de la reina Isabel I de Castilla, desde los tiempos en que era infanta. Allí vivió, creció y falleció, y cuando la reina tuvo que optar entre Medina y Valladolid como Feria General del Reino, eligió Medina.

«Existía la costumbre de considerar que los tratos de la feria sólo tenían plena validez jurídica una vez celebrada la misa» antonio Sánchez del Barrio, director del museo

De la trascendencia económica y social de tal decisión, que otorgó a la localidad vallisoletana una pujanza internacional sin precedentes durante más de un siglo, da fe el museo instalado en el año 2000 en la antigua iglesia de San Martín y que dirige Antonio Sánchez del Barrio.

Entre el centenar de piezas que permite exhibir su limitado espacio -y que cada cierto tiempo se van rotando- pueden verse algunas tan destacadas como la talla del Obispo Barrientos, del siglo XV, una obra maestra de la escultura flamenca realizada por Egas Cueman; o la excepcional pintura flamenca Virgen con el Niño, de Adriaen Isenbradt; o una Piedad de Juan de Juni.

Botes de la botica del Hospital de la Inmaculada y San Diego de Alcalá.
Botes de la botica del Hospital de la Inmaculada y San Diego de Alcalá. / Fran Jiménez

Por no hablar de unos cristos crucificados hispano filipinos, lacas japonesas traídas por los misioneros del Colegio de Jesuitas de Medina, o tres Bultos Orantes del Hospital Simón Ruiz que se atribuyen a Rincón (el maestro de Gregorio Fernández) y a Pedro de la Cuadra, entre otras obras.

El poder económico de Medina

Las piezas de arte del museo hablan de la pujanza económica y cultural de ese siglo de Ferias que colocó a Medina en el centro del mundo, pero para hacerse una idea de cómo funcionaban y lo que suponían, hay que recurrir a otras piezas del museo quizás menos llamativas a priori, pero esenciales para recrear ese extraordinario momento en el que empezó a tejerse el complejo lienzo del gran comercio internacional y que pilló a la localidad vallisoletana en el lugar principal del gran telar del mundo. Es el momento del auge de la letra de cambio, un instrumento que permite extender los préstamos, lo que supone un impulso esencial al comercio más allá de las propias fronteras.

Pero también es la época en la que surge la economía especulativa propiciada por los distintos cambios de moneda en las distintas ferias del mundo. Los banqueros más avispados poseían una red de informadores que les permitía saber en qué plazas comprar baratas unas monedas y en cuáles revenderlas a precios más altos enriqueciéndose con esta simple operación.

Los listinis en las que se anotaban los cambios de las distintas monedas, documentan la actividad de estos primeros mercados de intercambio de divisas. Ferias en las que las pequeñas balanzas de cambios, de las que pueden verse varias en el museo, eran un instrumento esencial: en una época en la que el valor de las monedas estaba unido a su materialidad (las monedas eran de oro o de plata), las balanzas permitían comprobar que el peso era el debido, y que las monedas no habían sido cortadas para escamotear parte de su valor.

Listinis con letras de cambio del siglo XVI.
Listinis con letras de cambio del siglo XVI. / Fran jiménez

Una de las piezas del museo permite evocar uno de los momentos clave de la feria medinense. Se trata de la Virgen del Populo, que ocupaba el retablo de la capilla abalconada de la Colegiata desde la que se oficiaba misa a los mercaderes que estaban en la plaza. «Toda la actividad se detenía durante el oficio, y existía la costumbre de considerar que los tratos de la feria sólo tenían plena validez jurídica una vez celebrada la misa», explica Antonio Sánchez del Barrio. Probablemente de esta costumbre viene el dicho «esto va a misa», como expresión de un compromiso serio.

Pero conviene volver a esos papeles mágicos que un banquero te daba en Medina y que podían convertirse en dinero contante y sonante en la otra punta de Europa (o viceversa). La letra de cambio se inventó en Florencia, pero fue en la Feria de Medina donde se generalizó su uso. Era el instrumento de los grandes banqueros y se basaba en el prestigio personal de quienes manejaban el dinero. La ventaja de la letra es que permitía mover grandes cantidades sin peligro de robo (no servía de nada apropiarse del papel).

Luego, los magnates de las finanzas se reunían en ferias como la de Medina y hacían cuentas entre sí: yo he pagado tanto a clientes que venían avalados por ti, y tú has pagado cuanto a otros que avalaba yo; y se ajustaba la diferencia. Todas estas operaciones se realizaban en los últimos días de la feria en la Rúa Nueva (hoy calle Padilla), cerrada al acceso de extraños mediante grandes rollos unidos por cadenas como dos que pueden verse en la colección del museo.

Imagen de la talla de la Virgen del Populo.
Imagen de la talla de la Virgen del Populo. / Fran Jiménez

De algún modo, los grandes movimientos de capital de carácter virtual nacen con la letra de cambio y tienen en Medina del Campo uno de sus principales centros de operaciones. Y en el banquero Simón Ruiz, burgalés pronto afincado en la villa, a uno de sus más destacados representantes. De él puede verse en el museo un retrato de Juan Pantoja de la Cruz, en una obra que es el único retrato cortesano de un banquero español de la época.

El archivo de la Fundación Simón Ruiz, que gestiona la Fundación del Museo de las Ferias en todo lo que no tiene dimensión sanitaria, proporciona al menos un 30% de las piezas del museo y da fe de la personalidad de un personaje esencial en Medina y en España, una especie de Emilio Botín de la época, que dedicó el final de su vida a la filantropía: no sólo financió el Hospital Simón Ruiz, que aglutinó todos los pequeños centros asistenciales que se dispersaban por la Medina de la época, sino que, una vez muerto, le donó toda su fortuna. La colección de botes de farmacia de este hospital, la segunda más importante tras la del Escorial, también puede verse aquí.

Museo de las Ferias

Dónde:
C / San Martín, 26. Medina del Campo.
Contacto:
Teléfono: 983 83 75 27. Web: museoferias.net
Horario:
De martes a sábado, de 10 a 13.30 y de 16 a 19 horas. Domingos y festivos, de 11 a 14 horas. Lunes, cerrado.
Precio:
2 euros

Aunque, si de sorpresas se trata, una de las más curiosas sea comprobar cómo era una caja fuerte del siglo XVI, con sus complejos mecanismos interiores de seguridad que sólo podían desactivarse usando la llave correcta. Aunque quizás lo más sorprendente sea descubrir que Medina fue el principal centro de intercambio de libros en la época. Ejemplares impresos en la recién descubierta imprenta, y procedentes de todo el mundo, se compraban y vendían aquí. Hasta el punto de que prácticamente toda la valiosísima biblioteca del Cardenal Cisneros fue adquirida en Medina, adonde también acudió el hermano de Colón. Historias de una época en las que Medina fue el centro del mundo y que el Museo de las Ferias permite recrear.

 

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