Simancas, el inventario incompleto del imperio

El investigador José Luis Rodríguez de Diego, en el Archivo de Simancas. /Gabriel Villamil
El investigador José Luis Rodríguez de Diego, en el Archivo de Simancas. / Gabriel Villamil

José Luis Rodríguez de Diego recoge en 'Memoria escrita de la monarquía hispánica' la historia de la gestación del Archivo, referente de la Edad Moderna europea

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Hace pocos días Pedro Sánchez se estrenaba en la liturgia estival del encuentro con el rey en Marivent. Felipe VI 'despachaba' asuntos de Estado con el presidente separados por una mesa. El primer monarca hispánico que concibió la gobernanza con despacho, capital y documentación fue Felipe II, –«la imagen del rey en su mesa es la del estado moderno», dice Carmen Iglesias, preceptora del actual–. El eterno reproche de «rey papelero y burocrático» se diluye a la vista de uno de los empeños filipinos, el Archivo de Simancas (AGS). José Luis Rodríguez de Diego, quien lo dirigió durante dos décadas, sigue prendado de él y acaba de publicar 'Memoria escrita de la monarquía hispánica. Felipe IIy Simancas' (Universidad de Valladolid), un estudio de «las luces y las sombras» de ese monumento documental que comenzó su andadura en 1561. 

«Memoria perpetua» de la Edad Moderna, decía su primer director Diego de Ayala, referente para los archivos posteriores –el Vaticano lo copió–, Simancas guarda la prueba documental del poder imperial y de sus limitaciones. «El rey, que lo podía todo, sin embargo, no logró que se cumplieran sus órdenes, que le entregaran los documentos ministros, virreyes y gobernadores», apunta José Luis Rodríguez.

En 26 años al servicio del AGS, este archivero constató pronto que «los archivos, guardianes de la historia, no tienen la suya propia» y comenzó a indagar en ella. «En estos años se ha avanzado mucho». Tanto las aportaciones de los historiadores que allí investigan como las de sus compañeros archiveros en sala han ido desvelando misterios del proyecto acariciado por Fernando el Católico y puesto en marcha por un Felipe II que intentó que su «monarquía policéntrica» (John Elliot) tuviera estabilidad.

Acercar territorios

«Me gusta la idea que expresa Braudel de un imperio como una tela de araña, en la que Felipe II es la araña que, a través del hilo de la escritura, controla todos sus territorios», afirma Rodríguez de Diego que comenzó preguntándose por qué los Reyes Católicos «con la cantidad de ordenanzas que dieron sobre archivos municipales, con la preocupación que tuvieron por la escritura, con su apoyo a los cronistas, no crean un archivo central». Y el propio autor se responde: «La única solución parcial –en historia nunca se llega a al verdad total– fue el poder de los secretarios, en los que los Reyes confiaron. Al no ser un sistema centralizado, jerarquizado, no abordan un depósito documental unitario. Lo intenta Fernando, porque en Aragón sí lo hubo, pero la única unidad de poder en su reinado fue el rey, no hubo otra institución común a todos».

Será Gattinara quien tuvo la idea de que «quien controla el registro documental de la Corte, controla el imperio. Diseña para Carlos V una estructura de gobierno: un Consejo de Estado presidido por él y un archivo. Sería luego Francisco de los Cobos quien retoma la idea, accede a la alcaldía de Simancas y elige el Castillo como sede. Ydentro de la fortaleza, el cubo central, porque son hombres conectados con el medievo, con la idea de la torre fortificada, por seguridad, y un sentido patrimonial de la documentación».

La visión novedosa, la que abre Simancas a la Edad Moderna, la tiene Felipe II. «Llega a la conclusión de que la escritura es la manera de acercar territorios regidos por fueros, hábitos y leyes tan distintos». En 1561 toma tres decisiones claves: «La fijación de la capital en Madrid, el inicio de la construcción de El Escorial símbolo permanente del poder de la monarquía– y el nombramiento de Diego de Ayala como director del Archivo por lo que debe fijar allí su residencia. Todo subraya la idea de estabilidad».

Asombro de su época

La modernidad del rey choca con «una sociedad clientelar en la que él tiene poder absoluto a la vez que sus súbditos sus privilegios. Diego de Ayala muestra su impotencia al no lograr que se le entregue 'lo misivo del Estado y de la Guerra'. Se preocupan por defender los 'derechos de la corona, del patrimonio y el patronazgo' y toparon con la oposición de secretarios, embajadores y nobles». Geoffrey Parker recoge en su última biografía de Felipe II los archivos en los que ha logrado más documentos que debieran estar en Simancas, por ejemplo el del Conde Altamira. Todos ellos eran conscientes del valor de la información.

A pesar de las limitaciones, el Archivo es una obra «asombrosa para la época, que se llevó a cabo en un momento de terribles crisis financieras por las que pasó la monarquía hispánica. Se iban ríos de fondos a las guerras en Flandes y a pesar todo, el rey siempre mantuvo la asignación a la institución».