«Romper el silencio acaba con el miedo»

Tres de las ilustraciones de Sara Herranz./
Tres de las ilustraciones de Sara Herranz.

'Tranquilas. Historias para ir solas por la noche' recoge experiencias íntimas y personales de catorce escritoras para reivindicar el derecho a vivir sin temor alguno

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Dice Carmen G. de la Cueva (Sevilla, 1986), coeditora de 'Tranquilas. Historias para ir solas por la noche' (Lumen), que el volumen casi puede entenderse como «un libro de aventuras» y a las catorce escritoras que en él han participado como «unas Jack London o Emilio Salgari» de otro tiempo y una realidad más triste. Hay algo de ironía y resignación en sus palabras, pero sobre todo mucho de verdad. De una verdad dolorosa, incómoda y terrible que bulle en cada página de esta antología de historias que nace con afán de romper con la cultura del miedo a una violencia tan arraigada en nuestra sociedad que, en mayor o menor medida, toda mujer acaba enfrentando.

«Todo empezó con varias conversaciones entre nosotras en verano del año pasado», explica María Folguera (Madrid, 1984), su compañera en esta aventura editorial. El caso de La Manada estaba ahí, candente, así como el #MeToo, pero también se cumplían diez años del asesinato de Nagore Laffage en sanfermines y Helena Taberna decidía liberar su documental, una pieza que se hacía eco de las preguntas de un jurado sólo puso el foco en la víctima y no en el verdugo. «Nos preguntamos qué podíamos hacer con estas emociones y esta rabia», señala Folguera. Una de ellas contactó con la escritora ecuatoriana María Fernanda Ampuero (Guayaquil, 1976), que al hilo de la muerte de dos turistas argentinas en Ecuador, María José Coni y Marina Menegazzo, a las que un experto calificó como víctimas propiciatorias, escribió un artículo titulado 'La escritora que murió por puta', anunciando su propia muerte por aventurera. Ella, de alguna forma, les dio la clave: «Podría ser un libro que escribamos muchas».

«La violencia de género es estructural y se ancla en los cimientos sociales que el libro ayuda a derribar» Silvia Nanclares

Con ello en la cabeza, las dos editoras se reunieron y empezaron a apuntar autoras. A lo largo de los textos, salen de forma recurrente nombres como los de Diana Quer, Laura Luelmo, las niñas de Alcasser… «Queríamos dirigirnos a ellas, pero no cerrarnos a contar de nuevo sus historias y a volverlas a colocar en el papel de víctimas o de heroínas no deseadas», comenta Folguera. La invitación que se envió a las participantes era clara. «Debía ser una historia personal literaria, que podría acercarse al ensayo o abrirse un poco a la autoficción, pero siempre partiendo de algo íntimo y autobiográfico». No es, por tanto, un libro sobre esos sucesos, sino más bien se trata de explicar «cómo nos marcan a la hora de afrontar, por ejemplo, un viaje», analiza Folguera.

Abundan así los relatos en primera persona. La escritora y periodista Lucía-Asué Mbomío Rubio (Madrid, 1981) cuenta en 'Follación', término inventado con el que describe «la estrategia que desarrollas cuando no quieres tener relaciones sexuales con un chico y ves que él va a hacerlo con o sin tu consentimiento», un aterrador recorrido con un conductor de BlaBlaCar que fue ganándose su confianza, viaje a viaje, hasta que un buen día aquel Monstruo, tal y como lo llama ella, la amenazó con violarla en un descampado. En 'Tierra hostil. Una mujer viajando sola', la doctora en Filosofía y Letras Jana Leo (Madrid, 1965) recuerda que acabó lanzándose de un camión en marcha para evitar que un camionero la violara cuando hacía autostop o que dormir en un albergue implica que varios hombres traten de meterse en tu cama.

«El miedo se hereda y va pasando de generación en generación» Carmen g. de la cueva

Folguera aprovecha 'Teatro de objetos' para describir con tremenda crudeza, por ejemplo, las mil y una ecuaciones que pasan por la cabeza de una mujer cuando regresa sola a casa por la noche. También apunta al dolor que sintió cuando el cuerpo de Diana Quer fue hallado. «Me he querido quedar a gusto con el detalle anatómico con el que muchos medios de comunicación afrontan estas historias. Una vez muertas, se las vuelve a cosificar». Ampuero utiliza 'Grita' para relatar temores que se despiertan en las situaciones más cotidianas -atravesar un parque en el seis chavales de veintitantos años pierden el tiempo- y recuerda, de paso, sucesos que hielan la sangre de cuando tan solo era una niña. En 'Genova per noi', Nerea Barjola (Santurce, 1980) detalla las estrategias que urdió para sobrellevar una noche terror en la apartada casa de Paolo, un estudiante de Matemáticas. 'Nunca tranquilas', en cambio, de Gabriela Wiener, es un relato sobre el miedo que tiene a que a su hija le ocurra algo de lo que le ocurrió a ella. Porque, recuerda De la Cueva, «el miedo se hereda y va pasando de generación en generación».

Tres ilustraciones de Sara Herranz.
Tres ilustraciones de Sara Herranz.

Así hasta catorce historias ilustradas por Sara Herranz (Tenerife, 1986). Cuenta la ilustradora que cuando comenzó leer las historias no dejaba de hacerse una pregunta: «¿Cómo puede ser que todas las mujeres compartamos relatos de miedo e inseguridad y los normalicemos?». Sus dibujos acompañan cada historia. Son mujeres inicialmente fragmentadas que, a medida que avanzan las páginas, van recomponiéndose porque «vamos empoderándonos», razona. «El hombre se va a sentir interpelado. El lector que se acerque a este libro tiene que hacer un gran ejercicio de empatía porque va a incomodar», asume la tinerfeña.

Para Silvia Nanclares (Madrid, 1975), que participa en la recopilación con 'Colores verdaderos', que todos estos relatos encuentren tantos puntos en común indica que esta violencia «es una cuestión estructural». «No se trata de haber tenido mala suerte. Es una violencia muy sujeta a los cimientos sociales. Hay que desmontar esa base y este libro puede ayudar a ello. Es un pequeño puñetazo», reflexiona. De la Cueva está segura de que cuando las mujeres deciden contar sus experiencias, «dejan de tener miedo, porque el silencio se rompe y esa voz da valor a otras para contar las suyas».