De los payasos de la tele a Philip Roth

El profesor y escritor Javier García. /El Norte
El profesor y escritor Javier García. / El Norte

El profesor Javier García presenta el libro de relatos 'La mano izquierda es la mata', hoy en El árbol de las letras, junto a Jesús Cifuentes y Carmen Morán

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Cuenta cuentos de otros en su clase de la Universidad de Oviedo y destila en los suyos su adolescencia en Pajarillos, su estancia en Estados Unidos, sus lecturas y sus músicas. Javier García (Valladolid, 1965), presenta esta tarde en la librería El árbol de las letras (20:00 h.) su libro 'La mano izquierda es la que mata' (Trea) en compañía de la profesora de la UVA Carmen Morán y de Jesús Cifuentes, líder de Celtas Cortos.

«Ojalá tuviera una manera propia de contar», dice cuando se le pregunta por su escritura digresiva. «Tiene una larga tradición que viene de 'El Quijote', va en contra de la linealidad, del argumentismo absoluto en el que nos movemos hoy. Hay que resistirse a la linealidad porque las cosas no suceden así ni en la realidad ni en la escritura. La escritura debe ser un espacio de libertad tanto en los temas como en las formas».

Relatos de referencias cercanas –primera juventud en Valladolid– y estadounidenses –estancia como profesor–, lo mismo salta de Franzen y Wallace a Barón Rojo y los payasos de la tele. «No me interesa tanto el recuerdo personal como que este sirva de trampolín para contar otras cosas. No me molesta el recuerdo, la nostalgia, pero al final son recuerdos amañados. Prefiero mirar cómo sucesos de la adolescencia que parecían anodinos terminan teniendo un poso clave en las personas. Los recuerdos sirven para que haya un relato entre los dientes, para movilizar al lector», explica este agitar de leyentes. Por eso recala en Philip Roth, que no acudió a recibir el Princesa de Asturias, y establece una conexión entre Newark y Oviedo. «Es un autor que me interesa porque genera entre sus lectores desazón. Trata temas importantes, con profundidad y narra de forma genial al tiempo que busca generar nuevas formas de narrar. Esa desazón entre autor-narrador-protagonista no es tanto eso que llaman autoficción como el hecho de no permitir al lector estar tranquilo, le obliga a estar alerta».

La presencia de Cifuentes no obedece solo a la amistad, sino a la importancia que otorga este escritor a la música, «el arte más excelso. Si hubiera sido buen músico, no sería ni profesor, ni escritor, ni padre, ni marido. La educación sentimental de mi generación está marcada por las referencias musicales más que por las literarias. Y en los ochenta fue la música la que mostró el cambio social. Somos un pálido reflejo de lo que podríamos haber sido». Ese desmontar el pasado, mirando al futuro junto al tono irónico y el lenguaje «llevado a su máxima precisión», son las marcas de la casa en las que se reconoce el Javier que hoy hablará de sus relatos.

 

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