El 'vosotros' de Mauricio Jalón

Agustín García Simón, Carmen Massa, Mauricio Jalón, Emilio Lledó y Luis Vega. /Henar Sastre
Agustín García Simón, Carmen Massa, Mauricio Jalón, Emilio Lledó y Luis Vega. / Henar Sastre

Emilio Lledó presidió el homenaje de sus amigos al matemático e historiador de la ciencia tras jubilarse en la Universidad de Valladolid

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Ha sido docente de una materia 'troncal' que le ha llevado a tratar con químicos e ingenieros, que le llamaban Mauricio, y arquitectos, que optaron marcialmente por el apellido, Jalón. Este matemático profesor de la exacta disciplina y de historia de la ciencia en la Universidad de Valladolid recibió ayer el homenaje de sus amigos por su reciente jubilación. En el estrado, presididos por el filósofo Emilio Lledó, el editor y escritor Agustín García Simón y los profesores Fernando Fernández-Polanco, Félix Gómez Crespo, Carmen Massa, Luis Vega y Rosario Ibáñez, en representación de la familia.

Protagonista a su pesar, Mauricio prefirió digerir el trago raudo y se lanzó a explicarse antes que los demás le cubrieran de merecidos honores. Yen seguida aludió a que todos sus afanes requieren un «vosotros». Esa aristotélica redondez de la comunicación, del lenguaje, del acto, que encuentra su sentido en la reciprocidad, fue esbozándose en las palabras de sus amigos que, cual espejo, reflejaron lo que él dio. Así la palabra más repetida fue generosidad; el concepto, la bondad machadiana, y el objeto, el libro.

Comenzó García Simón cantando las cuatro facetas de Mauricio en las que le reconoce: «ciudadano, intelectual, profesor y amigo». Para el autor de 'La herida del tiempo' Jalón encarna al «ciudadano ilustrado», al intelectual del siglo XX «que en la defensa de su más preciada virtud, la libertad, necesita estar siempre vigilante» y que «está ligado a la palabra escrita, a la imprenta, a la edición como muestra su catálogo de títulos al frente de las ediciones de la Asociación Española de Neuropsiquiatría junto a Fernando Colina o en Cuatro ediciones». No descartó Agustín escribir, como los antiguos, su particular tratado de la amistad inspirado en la que le une al profesor.

Fernando Fernández-Polanco, catedrático de Ingeniería Química, esbozó la cómica estampa de Mauricio caminando a la vez que leyendo por las calles de Valladolid, con tal pericia que es capaz de cruzar las calles por lugares menos precedibles que los pasos de cebra o incluso bajar la basura con el libro en la mano. Fernández-Polanco recordó los peligros de la «polivalencia y el gran saber» cuando la Universidad de Valladolid padecía cierta «xenofobia» que impedía mezclar «a los de matemáticas con los de filosofía». Mauricio era un científico con una tesis sobre Foucault que empezó dando clases de matemáticas y fue acercándose a la historia de la ciencia. En nombre del millar de químicos formados por él, Fernando le otorgó una placa de agradecimiento.

Félix Gómez Crespo fue su alumno en esas clases de matemáticas a comienzos de los ochenta y terminó imitando a su querido Jalón, siendo él hoy profesor. En medio, aprendió de su ciencia, de su amor por la literatura y de su rapidez para el regate en el pago del aperitivo.

Amistad sin gramática

De querencias literarias compartidas también habló Carmen Massa quien enumeró las preferencias de ambos por los escritores judíos europeos, el descubrimiento de Alice Munro o Coetzee, de la suerte de tener con quien hablar de la identificación con el 'malo' del libro sin necesidad de serlo. Rosario Ibáñez acercó al Mauricio más inédito para los presentes, el familiar, el capaz de llevarse a sus sobrinas a ver a Michael Jackson, el cartógrafo de mapas del tesoro personalizados. Luis Vega, catedrático de Lógica, aludió a su especialidad para explicar la evolucionada forma de bondad del homenajeado y finalmente fue el turno de Emilio Lledó. El filósofo sorteó sus saberes para defender la amistad, que, a diferencia del otro gran atributo humano, el lenguaje, no tiene sintaxis. «En este país vivimos un deterioro continuo de la amistad, hay más 'amigantes' –la amistad vinculada con los mangantes– que amigos. Por eso cuando uno tiene amigos como Mauricio y María no siente que todo esté perdido». El maestro recordó emocionado a Aristóteles en su 'Ética nicomaquea': «Sin amistad nadie podría vivir».

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