María Bastarós: «La lucha feminista ya no es para mejorar la ley de violencia de género; es para que no la deroguen»

La escritora María Bastarós. /EL NORTE
La escritora María Bastarós. / EL NORTE

La escritora presenta este sábado en Valladolid su libro 'Historia de España contada a las niñas'

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑO

María Bastarós (Zaragoza, 1987) dice mostrarse sorprendida por la «inesperada» aceptación de 'Historia de España contada a las niñas', libro ganador del premio Puchi Award 2018 que este sábado, 9 de febrero, presenta en La Otra Librería Café (a las 12:00 horas) y que halla ecos, «con una narrativa desestructurada», en la La Manada de San Fermín, el crimen de Alcácer, tantos capítulos de violencia contra la mujer.

–¿Hay una historia de España que no se ha contado a las niñas?

–El título del libro puede llegar a confundir. Porque no es un manual, no es un libro que trate de visibilizar a las mujeres a lo largo de la Historia. Es un libro de ficción que habla sobre las violencias que sufrimos las mujeres y sobre la que habría que prevenir a las niñas.

–Violencia que no es solo física.

–Y que no solo es ejercida contra las mujeres. La violencia es lo que vertebra todo el libro.Y también se habla de cómo las mujeres se apropian en determinados momentos de la violencia ejerciéndola contra otros o contra ellas mismas. Hay por ejemplo una trama que tiene que ver con el monstruo de Amstettem, con dos niñas secuestradas que luego tienen una relación con la violencia mucho más bidireccional. Ellas no se mantienen al margen de usar la violencia cuando lo creen necesario. Hay otra trama en la que hay una violencia dirigida por un grupo de adolescentes hacia si mismas: son blogueras anoréxicas, un tema terrorífico de chicas que comparten en Internet consejos para adelgazar. Hay otras tramas que tienen que ver con el estrés postraumático, con la violencia sexual. La violencia está presente de un montón de formas.

–¿También desde la educación?

–Hay otra trama protagonizada por un personaje masculino en el que recibe la parte de violencia que le toca del patriarcado. Se cría en un entorno en el que no hay hombres y sufre luego todo el 'shock' que implica enfrentarse a un mundo que no conoce, en el que está cuidado y tutelado por un padre que es un macho ibérico por excelencia. Se ve cómo se pervierte su temperamento y acaba siendo ejecutor de violencia.

–La imposición de roles.

–Ese es el personaje más trágico porque es en el que asistimos de una manera más humana a cómo se va transformando.Es una persona que crece en un marco muy libre, en el que la educación por género no existe porque es una sociedad aislada y él simplemente se inclina por aquellas actividades que le gustan más, sin que nadie le diga si son apropiadas o no para él. Sin embargo, luego, de pronto, se encuentra, cuando tiene que salir del pueblo porque su madre muere, con una sociedad en la que a él le tienen que gustar determinadas cosas y si no, se considera que su existencia no es válida. Además, él se enamora un poco de esa figura supermasculina, superautoritaria de su padre y desarrolla una admiración muy grande por esta figura. Quiere formar parte de la masculinidad que le inculca y eso acaba derivando en una frustración brutal para él, se convierte en una persona muy violenta.

–Lo heredado es social.

–Claro. Cuando hablamos de este tipo de cuestiones la herencia es colectiva. La historia de Cloe, en la que aparece el novio perfecto, es tal vez la trama más pedorra, aunque poco a poco se va convirtiendo en un personaje un poco más oscuro. Habla de las ambiciones actuales que tenemos las mujeres contemporáneas, que al final hemos sido también educadas en esa idea del amor romántico, que nos completa. Y de cómo conviven esas expectativas con la realidad.

–Hay personajes contradictorios, que defienden unas ideas y hacen lo contrario de lo que proclaman.

–Una de las cosas que más me interesa a la hora de escribir es esa complejidad de los personajes, porque es la forma real de las personas. No me interesaba hablar de personajes buenos o malos, porque todos tienen luces y sombras.Al final, todos tienen o no sus principios, pero no los ejercitan a rajatabla. Con el personaje de la conferenciante, en el que esto se ve de una forma más clara, quería hablar de cómo muchas veces construimos nuestras ideologías o nuestras ideas políticas y activismos sobre circunstancias que son personales o emocionales. Esa especie de defensa del celibato que lleva a cabo la conferenciante, que identifica el sexo con el capitalismo y el consumo de las personas... al final viene precipitado porque ella tiene una relación romántica en la que está enamorada pero no es deseada por la otra persona. Entonces, en lugar de enfrentarse a ese deseo frustrado, comienza a construir una torre ideológica para escudarse ante esa realidad que no quiere aceptar.

–Hay pasajes en los que habla directamente con el lector.

–Al escribir ficción, me sale mucho apelar al lector, también porque yo soy historiadora. Normalmente trabajo mucho el papel de narrador.La Historia en cuanto a disciplina siempre tiene detrás a un narrador, con una serie de intereses concretos. No debemos olvidar que aunque se pretenda hacer pasar por objetivo, en definitiva, siempre hay detrás una persona. A mí me sale mucho rebelarme como narradora cuando estoy escribiendo ficción para que quede claro que hay alguien detrás tramándolo todo.

–Se habla de la prostitución de las emociones.

–Cuando escribía el libro no quería hacer juicios de moral. Hay un momento en el que un personaje reflexiona sobre hasta qué punto la posible prostitución de sus hijas es distinta a otras prostituciones que hacemos en nuestra vida. Hasta qué punto es peor vender tu cuerpo que tu ideología en un determinado trabajo, o incluso tu ética si tienes un determinado puesto de poder. Ese conflicto entre lo que consideramos convencionalmente venderse o prescindir de la dignidad puede estar en todo lo que hacemos.

–¿Es un libro feminista?

–No lo sé. Yo soy una persona feminista. Creo que cualquier mujer de mi generación, se defina o no como feminista, está atravesada por eso porque es un diálogo muy contemporáneo.Pero a mí la literatura con moraleja no me interesa. No me interesan libros típicos de la ciencia ficción feminista como 'El cuento de la criada'. No se trata de crear una distopía en clave de género. Este es un libro en el que las mujeres no tienen un papel ni de víctimas ni de heroínas. No sé si es un libro feminista, pero entre otras muchas cosas, como la violencia, también está atravesado por el género.

–En un momento en el que hay partidos que critican las leyes contra la violencia de género...

–Ahora vivimos en una especie de nube mediática que nos hace pensar que el feminismo está en todas partes y que somos una sociedad vehiculada por el feminismo cuando no es verdad. El feminismo está en la prensa, a veces de una forma muy simplista, con artículos del tipo 'Diez escritoras que debes conocer'. Realmente, no se está dando una conversión de todo esa energía en regulaciones concretas o leyes que permitan que la vida de las mujeres mejore. De hecho, ahora ya no estamos luchando por mejorar la ley de violencia de género, que obviamente tiene fallos, sino que estamos luchando para que no la deroguen. Porque hay una corriente, sobre todo en la extrema derecha, que presenta a la mujer como desorden público, como castradora del macho. Y es algo que está encontrando muchos apoyos, porque ya se venía fraguando desde hace tiempo.Ya existía todo el movimiento 'on line' de los forococheros y de los militantes misóginos, que hay a mansalva en Internet, que dedican toda su energía y su tiempo libre a intentar acosar a las mujeres. Y eso ahora ha encontrado una representación política a la que aferrarse.