El Lobo: «Si ahora me matan no será un crimen de Estado»

Fernando Rueda, izquierda, en la presentación del libro, junto a Javier Cuevas./Henar Sastre
Fernando Rueda, izquierda, en la presentación del libro, junto a Javier Cuevas. / Henar Sastre

Fernando Rueda presenta 'Yo confieso', las memorias de Mikel Lejarza, en la librería Oletvm

Samuel Regueira
SAMUEL REGUEIRA Valladolid

La voz del legendario 'Lobo', el topo que trabajó por desmantelar la banda terrorista ETA durante la década de los setenta, volvió a escucharse ayer en la librería Oletvm, con motivo de la presentación de sus memorias, 'Yo confieso: 45 años de espía'. Mikel Lejarza intervino telefónicamente, con varios percances técnicos, en un acto donde sí que figuró su coescritor, Fernando Rueda, y que dirigió el periodista Javier Cuevas. 

Mikel Lejarza respondió a varias preguntas del público sobre su papel y el de los jefes del servicio secreto sobre el desmantelamiento de ETA y sobre su futuro hoy: «Sigo temiendo por mi integridad física», afirmó: «Si ahora viniera un delincuente y me matase sería un acto callejero más, no un crimen de Estado, como lo era cuando el terrorismo estaba en la calle». En estas memorias se desnuda el espía también a un nivel emocional: «Se aprende a vivir mirando debajo del coche», dice quien también revela depresiones por no sentir reconocido el servicio prestado al país.

«El libro no debió ver nunca la luz», confesó Rueda al comienzo del acto. «El CNI ha tratado de frenar o retrasar su publicación por todos los medios posibles». Si bien un espía que figure en el listado de esta agencia está obligado, por escrito, a llevarse a la tumba todo cuanto aprende, un 'agente negro' tiene esta pequeña libertad para revelar ciertas cosas... aunque también varios inconvenientes: «Si le detiene la policía, no puede revelar que trabaje para ningún servicio secreto, e incluso si la justicia le pregunta al servicio secreto si el arrestado forma parte de su personal, estos con el listado por delante dicen la verdad: que no figura».

Sobre esta línea también apareció la cuestión de si no ha encontrado Mikel Lejarza, en numerosas ocasiones, problemas no ya en el entorno donde está infiltrado, sino desde las cúpulas que se supone que le van a proteger: «A él le queda claro que ETA es su enemigo, pero no le deja de sorprender que haya gente que le perjudica desde altas instancias de Inteligencia», explicó Rueda. El libro queda abierto a la incógnita que también asomaba en la película de Miguel Courtois 'Lobo': la posibilidad de haber acabado con la banda terrorista mucho antes y no tomar aquella decisión, con lo que ello supuso: «Él propuso que se le detuviera junto a la cúpula, y posteriormente escapar con dos miembros de bajo nivel hasta Francia, para que, erigido como el jefe de ETA, pudiera pasar el poder a la facción política. Pero no se quiso». El por qué de la decisión sigue siendo un misterio.

Si bien en un principio se filtró que se había ido a Las Bahamas, su trabajo siguió con el rostro cambiado en operaciones de todo tipo, desde el espionaje que impidiera a Mario Conde comprar Antena 3 hasta trabajos contra el terrorismo yihadista, aunque con la frustración de que, a diferencia de Estados Unidos con Donnie Brasco, su país no ha sido con él lo suficientemente agradecido. «Este es un relato sorprendente, un libro necesario que puede desmitificar el trabajo de personas cuya contribución parece esencial», valoró Cuevas, «pero es valiente, figuran personas con nombres y apellidos, con poder, mucho poder; que no me da la sensación de que les haya hecho mucha gracia figurar en este libro».