Montañas de historias

Ander Izagirre, en una solitaria carretera en la subida al col de Arnostegi, que se adentra en el Pirineo desde San Juan de Pie de Puerto./R.C.
Ander Izagirre, en una solitaria carretera en la subida al col de Arnostegi, que se adentra en el Pirineo desde San Juan de Pie de Puerto. / R.C.

Ander Izagirre cuenta las curiosidades que esconden los Pirineos en un viaje ciclista de casi 1.200 kilómetros por la cordillera

José Antonio Guerrero
JOSÉ ANTONIO GUERREROMadrid

'Pirenaica' empieza con un clac, el sonido al encajar la zapatilla en el pedal y la promesa de una aventura con salida en el Cantábrico y meta en el Mediterráneo. En el camino, la mar de kilómetros: exactamente 1.192 repartidos en 40 puertos de montaña y 27.000 metros de desnivel acumulado. Las cifras apabullan, pero en este relato sobre dos ruedas son absolutamente secundarias.

Porque Ander Izagirre (San Sebastián, 1976) pudo haber sido un buen ciclista, pero se quedó en un excelente narrador de viajes, y en 'Pirenaica' (GeoPlaneta), su última incursión en la literatura ciclista (es también autor de 'Plomo en los bolsillos', un curiosísimo anecdotario del Tour de Francia), cada golpe de pedal entre Jaizkibel y el cabo de Creus descubre, literalmente, montañas de entretenidas historias y personajes que cautivarán a los lectores, aficionados o no a montar en bici.

Izagirre no se limita a narrar sus sensaciones en la cima del Tourmalet, o resoplando entre peregrinos que trepan ante repechos del 21% en San Juan de Pie de Puerto, sino que encadena esos momentos de exigencia física con episodios contados a modo de reportaje periodístico con el trasfondo del ciclismo y la belleza de las montañas de los Pirineos.

La travesía, que comprende 14 crónicas de la cordillera, arranca desde la misma puerta de su casa en San Sebastián y enseguida se mete en faena con un reportaje sobre el oscuro pasado de las vías más frecuentadas por los ciclistas de su tierra natal, trazados sinuosos que discurren entre bosques de hayas y pinos y penetran en desfiladeros y túneles sin apenas tráfico, perfectas para la bicicleta. Esas carreteras fueron construidas por miles de presos republicanos que el régimen franquista utilizó como mano de obra gratuita tras la Guerra Civil para darles un uso militar que nunca tuvieron. Montañas horadadas con pico, pala y dinamita, como el túnel de Aritxulegi «que exigió su precio en carne». Un testigo cuenta al escritor cómo aquellas piltrafas humanas que no dejaban de picar piedra se desvanecían de agotamiento y de hambre… Así que esas primeras pedaladas de 'Pirenaica' rinden homenaje a aquellos prisioneros.

Nombres legendarios

El cronista avanza en su recorrido y desbroza nuevas historias como la del acuerdo de paz más antiguo de Europa, el de la Piedra de San Martín, un mojón fronterizo entre España y Francia (en el navarro valle del Roncal), donde cada 13 de julio se conmemora (y van 642 años) la llamada ceremonia de las tres vacas.

En las páginas del libro dejan huella personajes como José Antonio Goñi, (un octogenario que nació en una cabaña rodeado de nieve, fue contrabandista desde los siete años, pastor en América, camionero, cazador…), nombres legendarios vinculados al Pirineo como Pompeyo, Carlomagno y su fiel Roldán, Napoleón… y Miguel Induráin, cuyas gestas no podían quedar al margen, sin olvidar figuras mitológicas como el basajaun, el señor de los bosques.

El Tour de Francia, que debe parte de su épica a estas míticas cumbres pirenaicas, está muy presente en capítulos como el dedicado al Aubisque, con Firmin Lambot y aquellos otros héroes que pedaleaban de noche con lámparas de acetileno en el manillar, o la resurrección de Wim van Est, un corredor que se despeñó en una caída tan brutal que cuando fueron a buscar su cadáver se lo encontraron vivo y con su reloj Pontiac intacto, lo que fue explotado por un avispado publicista convirtiendo al holandés en modelo de la casa Pontiac. Y no podía faltar el Tourmalet y esos 19 kilómetros de leyenda, ascendidos por primera vez en el Tour de 1910 al grito de «asesinos, sois unos asesinos» a los organizadores por parte de Octave Lapize, que ganó aquella etapa ¡de 326 kilómetros y 14 horas!

Los osos eslovenos del valle de Arán, encabezados por Goiat, que tras desperezarse hambriento de una siesta de 106 días se zampó un potro, atacó ovejas, saqueó varias colmenas y mató a una yegua; la vida extraordinaria de Arsenda de Ager, una catalana del siglo XI que bien pudo inspirar a Isabel la Católica (por aquello del tanto monta, monta tanto), una peculiar guerra de las señales de stops entre España y Francia… en 'Pirenaica' cada pedalada es una ventana a la historia, antigua y actual, y al placer de la lectura.

Y también hay reflexiones (que seguramente compartirán muchos aficionados) sobre el «extraño y absurdo placer de sufrir voluntariamente» dando pedales bajo la lluvia ante muros del 14%. O cuando en la curva cerrada de un puerto sostiene que «las cuestas son el terreno ideal para desarrollar esa capacidad tan valiosa en el ciclismo, en la vida y en la escritura de libros como agachar la cabeza, apretar los dientes y esperar a que esto acabe cuanto antes».

-¿Es más duro sentarse en soledad ante el folio en blanco o subir en soledad el Tourmalet?

-Sinceramente, ninguna de las dos. El viaje en bici es una gozada, montar en bici es lo que más me gusta hacer y el trabajo de escribir es agradecido, son historias divertidas con las que he disfrutado mucho. El mayor trabajo es el previo, el de buscar los temas, hacer los contactos…

Puede que tras los Pirineos, Izagirre se decida a cruzar Despeñaperros: «Tengo pendiente recorrer Andalucía, me gustaría hacerlo… creo que sería perfecto».

Precio: 19,95 euros.
Precio: 19,95 euros.

 

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