Política y tragedia a finales de enero

El escritor malagueño Javier Padilla, autor de 'A finales de enero'./Virginia Carrasco
El escritor malagueño Javier Padilla, autor de 'A finales de enero'. / Virginia Carrasco

Javier Padilla reconstruye la lucha antifranquista de Enrique Ruano, Lola González Ruiz y Javier Sauquillo

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

Alejandro Ruiz-Huerta fue quien abrió la puerta. El único abogado de la matanza de Atocha (24 de enero de 1977) que todavía vive convenció a Margot Ruano de que se tomara un café y charlara un rato con un joven malagueño que había llegado a Madrid para estudiar en la Autónoma un doble grado de Derecho y Administración de Empresas y que se había fascinado con las historias de su hermano Enrique, Lola González Ruiz y Javier Sauquillo. Margot accedió a ver a Javier Padilla. «Al principio me miraba con reticencia. Es lógico. Iba a hablar de su hermano», asevera Padilla, que con tan solo 26 años ha ganado el Premio Comillas con el libro 'A finales de enero' (Tusquets).

Una biografía donde cuenta el trágico destino de los tres protagonistas: Enrique murió con tan solo 22 años en un interrogatorio policial en 1969; Lola fue herida de gravedad en el ataque ultraderechista a los abogados laboralistas y Javier fue asesinado en el mismo ataque tras interponer su cuerpo entre las balas y su mujer, que era Lola.

González Ruiz fue el motivo que llevo a este jovencísimo escritor, que nunca había escrito un ensayo antes, a lanzarse a esta aventura. Una charla con el editor Sergio Suárez en el Colegio Mayor Chaminade donde residía fue el detonante. Quería contar esta trágica historia que comenzó con las manifestaciones universitarias contra el franquismo. Unas protestas que se tiñeron de negro el 20 de enero de 1969. Ruano es detenido por repartir propaganda de su partido. En el registro de su domicilio, se suicida tirándose de un séptimo piso. Es la versión oficial. La realidad es que los policías franquistas lo tiraron por la ventana. Tenía solo 22 años.

Solo ocho años más tarde, y también en enero, se produjo la Matanza de Atocha. «Lola fue una muerta en vida. Lo pasó fatal. Se sentía culpable porque echaba de menos a Javier y tenía unas secuelas físicas de las que no se recuperó del todo», señala Padilla. A ella le dispararon en la garganta. Mantuvo desde entonces, y hasta su fallecimiento en 2015, un perfil bajo. Salvo una participación en las elecciones europeas de 1987 en las listas de Izquierda Unida, se mantuvo alejada de la vida pública. «Tuvo una visión muy negativa de la Transición. Ella lo perdió todo», incide el autor del ensayo, que no pudo ver los archivos de la abogada. «Me parece muy legítimo que la familia no quisiera», incide Padilla, que contó con el apoyo de Margot Ruano y de Paquita Sauquillo para poder realizar los perfiles de sus familiares.

Uso de la figura

Padilla realizó más de cincuenta entrevistas para 'A finales de enero'. «Había gente que me trató al principio con demasiada condescendencia, que me trataba como un crío. Cumplían un poco el expediente y ya está», recuerda con media sonrisa. Era lógico. Tenía 23 años y preguntaba a veteranos de mil batallas por unos sucesos ocurridos hacía cinco décadas. «Pero después de varias entrevistas ya se abrían. El boca a boca hacía mucho también», recalca. Las llamadas para allanar un poco el camino y esbozar a Enrique, el más joven.

Una figura que ha sido usada para diferentes reivindicaciones. «Pero no sabemos que hubiera dicho o hecho. Murió con 22 años», recuerda. «Todo su entorno terminó de forma muy variopinta, hay gente que acabó en la Liga Comunista Revolucionaria y en el Partido Popular. Y Enrique, que era muy listo y de familia adinerada, podía haber acabado en la derecha, en la socialdemocracia o más a la izquierda», insiste el escritor, que comenzó con «una pequeña historia para conocer una gran historia» que fue el tardofranquismo y la Transición. «He aprendido mucho, lo complicado que fue ese momento (tras la muerte del dictador) y los momentos de oscuridad máxima que tuvo. Me ha permitido tener una visión de la Transición mucho más matizada y no tan idealizada», razona el autor malagueño. «Muchos de los personajes que quedaron muy bien en ese tiempo tienen episodios oscuros, como Fraga», recuerda Padilla, que ya tiene en mente un nuevo proyecto, también en ensayo, y con un personaje más familiar.

Temas

Libro