Gómez Blesa retrata la semilla del feminismo en 'Modernas y vanguardistas'

Mercedes Gómez Blesa, en la Casa Revilla. /Henar Sastre
Mercedes Gómez Blesa, en la Casa Revilla. / Henar Sastre

La filósofa presentó su libro, que abarca la lucha de las mujeres españolas por sus derechos desde el 98, en el Ateneo Jesús Pereda en Valladolid

SAMUEL REGUEIRAValladolid

El suyo ha sido un trabajo inmenso, más de quince años dedicada a la génesis del movimiento feminista en España, con sus pertinentes contextualizaciones tanto sociales como políticas, y sin dejar de lado la vida, más allá de las obras, de aquellas mujeres 'convenientemente' olvidadas y cuyos hitos y avances en derechos no eran compatibles con los modelos de la dictadura. Finalmente, la semilla ha dado su fruto: más de seiscientas páginas componen el inmenso volumen 'Modernas y vanguardistas', que su autora, Mercedes Gómez Blesa, presentó ayer junto a María Luisa López Municio en la Casa Revilla, en un acto auspiciado por el Ateneo Cultural Jesús Pereda de CC OO Castilla y León.

«El libro arranca desde la Restauración hasta el estallido de la Guerra Civil», explicó Gómez Blesa, doctora en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Las iniciales teorías del feminismo en España se acompañan con las visiones genéricas de cada hornada de mujeres en las Generaciones del 98, 14 y 27 (las 'Sinsombrero'), e incluye análisis de las semiseculares moderadas y las librepensadoras republicanas, pasando por el feminismo obrero y anarquista o pioneras de la talla de Emilia Pardo Bazán y Concepción Arenal.

«La introducción histórica aborda la relación económica, social y política de estas mujeres, y el libro posteriormente se detiene con las biografías de las más señaladas», indicó la autora.

En sus hitos destaca el Lyceum Club Femenino a cargo de María de Maeztu en 1926, «la primera asociación de mujeres con socias únicamente», una institución que no superaba la barrera de clases («había que pagar cuotas y eso dejaba fuera a las más humildes») pero sí funcionó como un espacio común de tres generaciones. María Lejárraga, Concha Méndez o Margarita Nelken entre otras se reunían así en una especie de 'habitación propia' donde se libraban del marido y los hijos, y podían leer y conversar.