El escritor Luis Landero lamenta que España sea «una familia mal avenida»

El escritor Luis Landero./EFE
El escritor Luis Landero. / EFE

Con 'Lluvia fina', una novela «rara, dura y oscura» inspirada en una tragedia real, el autor celebra tres décadas en el oficio de narrar | «Los países, como las personas, inventan un pasado tramposo, épico, legendario y poético», asegura

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Estamos habitados por demonios. En cualquier momento pueden emerger de los más hondo de nuestro ser y convertir la vida en un infierno. Así lo cree Luis Landero, (Alburquerque, Badajoz, 1948), autor de 'Lluvia fina' (Tusquets). Es una novela «dura y oscura», según su autor. Una dolorosa y dolorida ficción en torno a una tragedia familiar real «que muy bien puede simbolizar la tragedia de un pueblo como el nuestro». Y es que Landero constata que los españoles somos «una familia mal avenida», «gobernada por la inquina» y en la que «se masca la tragedia». También que personas y países nos hacemos trampas en el solitario de la memoria para inventar pasados «legendarios y tramposos».

Reconoce Landero que es una novela «rara» y que «casi se escribió sola». Leyó en un diario sobre un cumpleaños familiar que acabó en drama, con dos muertos y varios heridos. Emergieron los trapos sucios, las rencillas enquistadas, «esos cachivaches terribles que ni sabemos que llevamos dentro». Algo estalló en la cabeza del autor de 'Juegos de la edad tardía' (1989), que tres décadas después de aquella novela magistral ha escrito esta «casi en trance». «La acabé de un tirón, a un ritmo de diez o doce paginas diarias, cuando con una o dos me doy con un canto en los dientes» explica. «Tuve el título clarísimo desde el primer instante, que es otra enorme rareza en mí», confiesa.

«Hay demonios que rabian por salir a la luz, y cuando esos diablos surgen la frustración vital hace que busquemos un culpable. Todos tenemos un mundo oscuro y sombrío que desenredar», explica Landero a quien esta novela de madurez se le impuso en un periodo tan «raro» como el texto. Con la crisis secesionista catalana en lo más álgido no podía escribir nada, pero todo cambió «de repente» y acabó en pocos meses una novela redonda.

Ahora sabe que esos letales demonios familiares son extrapolables a cualquier colectivo. Que se imponen «en la tribu» y desde luego en un país como el nuestro «en el que no somos capaces ni de celebrar el cumpleaños de la Constitución». «España es una familia mal avenida en la que de nuevo se masca la tragedia, esa de la Guerra Civil a la que volvemos continuamente», arguye el escritor. Lamenta además que nos gobierne la inquina «que es muy propia de nuestra especie, propensa al rencor y al egoísmo»

Memoria falseada

También tiene muy claro que los recuerdos «son tramposos» y que, cómo hacemos las personas, «hay países y pueblos que se inventan un pasado épico y legendario» hasta hacer de su historia «una invención poética». Y encuentra el paradigma de esa mascarada en la Cataluña del 'procés' que tanto le duele y que se convirtió en «una obsesión» mientras escribía 'Lluvia fina'.

«El 'procés' denota la incapacidad de entenderse y demuestra cómo nos atrincheramos en creencias y tópicos; cómo en vez de dialogar, todo son enmiendas a la totalidad», lamenta. «Lo más triste es que ese discurso noble y solemne, el de la identidad de los pueblos sea una historia vulgar y mezquina; el aprovechamiento de una burguesía rancia y corrupta que apela a las grandes palabras, a la identidad, la pureza y la primacía para crear una invención que, no por imaginaria es menos terrible», plantea.

«Nuestros recuerdos son tramposos -insiste-; son mentiras sinceras construidas con una información que el tiempo borra. Lo grave es que acaban siendo una mentira imposible de desmontar, como ocurre cuando los tópicos se convierten en creencias impermeables a los hechos», sostiene.

Le duele que en lugar de afianzarnos en la concordia persistamos en la discordia. «En Twitter emerge lo peor del ser humano, una prueba más de que estamos a medio civilizar», denuncia. «El instinto de la maldad sigue ahí. Buscamos al macho alfa cuando tenemos miedo, como ahora en la política española. El miedo nos hace ser cobardes. Tememos a la libertad, a lo distinto al emigrante que te va a quitar el trabajo», enumera. Con todo, asegura Landero no ser pesimista, aunque esté de acuerdo en que «la vida es un cuento que siempre acaba mal». «Es hermosa y terrible a la vez y, mientras dura es estupenda, pero el final es siempre aterrador».

Se creía incapaz de armar una novela como esta, la décima en su cuenta, con la que cierra el círculo virtuoso iniciado hace 30 años. «Sólo celebro que sigo escribiendo; que con 71 años mantengo la ilusión y el ímpetu de los quince», se ufana. «La literatura me ha servido para que no se acabe mi infancia, para seguir siendo irresponsable. Por que es en la infancia y la adolescencia donde se juega nuestro destino», asegura.

Sostiene que para encontrar una novela «el escritor debe desaparecer». Explica que busca un estilo «bonito y eficaz, como el juego de Messi», deseando que «cada frase resplandezca y que el relato fluya». «Pero si me sale una frase demasiado bonita la borro», advierte. «Hace tiempo que renuncié a la página perfecta, como esas que ya están en 'El Quijote con todas sus imperfecciones», ironiza. «Me gustaría que dijeran que Landero cuenta bien, y si luego además dicen que escribo bien, pues miel sobe hojuelas», concluye este antiguo guitarrista flamenco, entregado profesor y hoy abuelo feliz y aún narrador imprescindible.