El castellano «brutal» de Arcadio Pardo

Arcadio Pardo, entrevistado por las alumnas del Instituto Zorrilla, donde él estudió. /Henar Sastre
Arcadio Pardo, entrevistado por las alumnas del Instituto Zorrilla, donde él estudió. / Henar Sastre

El escritor acude a la presentación del libro de Mª Eugenia Matía sobre su obra en la Universidad de Valladolid

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

No pudo venir a recoger el Premio Castilla y León de las Letras de 2015, pero esta semana Arcadio Pardo sí ha acudido a su ciudad para la presentación de un libro sobre su obra. El poeta vallisoletano, residente en París desde 1953, se reencontró con el Instituto Zorrilla y con la Universidad de Valladolid, donde hizo el bachillerato y se doctoró en letras, respectivamente. Ayer asistió a la presentación de el libro 'Las dimensiones de la memoria. La poesía de Arcadio Pardo' de María Eugenia Matía Amor, junto a la autora y su colega poeta y catedrático, Jaime Siles.

Si en el Instituto contestó a las preguntas de los alumnos en una entrevista para su radio, en la Universidad escuchó hablar de su persona y su obra paciente y agradecido. Jaime Siles ha prologado el libro de Matía, destilación de su tesis doctoral, y comenzó destacando la labor docente de Pardo en París, «donde ha formado a los hispanistas de mi generación, así como su esposa hizo lo propio en el campo de la historia. Su ejemplo ilustra una ley tácita sobre lo mal hecha que está la historiografía literaria española. Hay veces que parece marginal algo que es central. Eso no pasa en Alemania, nadie dice que Hölderlin es marginal, y en cambio en España eso les pasó a Góngora o a Cernuda. A veces tienen que pasar siglos para otorgar a cada uno su lugar». Ya centrado en Arcadio, Siles le situó en la Generación del 50 aunque «su obra está hecha en el aislamiento personal y geográfico», ya que su temprana salida de España le sustrae a cualquier grupo o corriente poética española. «No es un poeta marginal, sino paralelo. Si hay que situarlo entre la poesía social o la intelectual, pertenece a la segunda. Para Pardo el poema tiene que ser una sorpresa tanto para quien lo escribe como para quien lo lee y no necesariamente la misma».

La profesora Matía Amor recordó su fascinación primero como lectora y luego como estudiosa por el cofundador de la revista 'Halcón' y fue desgranando sus temas y su «agramaticalidad», como dijo Siles, destacando la naturaleza de su poesía como búsqueda, como «una observación del mundo en verso».

Arcadio Pardo prescindió de papeles en su intervención. Subrayó el entendimiento con su estudiosa hasta tal punto que «compartimos las gafas» y se congratuló de estar en su Universidad, que también publicó su tesis «hace más de treinta años, sobre el arte hispánico interpretado por los franceses en el XIX». Pardo anotó que cuando él estudiaba «no se estilaba hacer un trabajo académico sobre alguien vivo. Mirábamos más al pasado que al futuro. Hacia 1950 se publicó una tesis sobre Carlos Bousoño y fue un acontecimiento nacional. Luego se hicieron trabajos sobre Edmundo de Ory, Eugenio Nora, Victoriano Crémer e incluso un francés sobre Jaime Siles. Pero aquellos trabajos se hacían en la mitad de la madurez de esos creadores, faltando buena parte de su trabajo por ver la luz». Subrayaba así Pardo la oportunidad del trabajo de Matía porque «con mi edad, ya se puede decir que estoy maduro», bromeó este nonagenario que no representa su edad. Declaró que a veces siente que «he olvidado los poemas que escribí, los leo y me parecen ajenos, exteriores a mí. Y ya no supone un desgrarro sino una resignación, un desamparo, una orfandad. Pero esa desazón se desvanece cuando el poema resuena en otro. El poema que no lo lee nadie, no existe. María Eugenia ha supuesto para mí una salvación personal».

Sustantivos neutros

Aunque en los años cuarenta era ya conocido en los círculos madrileños, Pardo no siente su voz como propia hasta su marcha a Francia. «Aquí hacíamos poesía agradable, academicista, correcta. Pero estar en un entorno lingüístico distinto al mío hizo que reforzara la relación con mi lengua materna por reacción instintiva, natural. En 1960 mi lenguaje cambió y aparece uno brutalmente, el de 'Soberanía carnal' (1961). Esa lengua propia se centra en hablar de un «tiempo único», de una «experiencia de la ajeneidad, vivir en lo ajeno», de una «identificación con el pasado histórico, que siente propio aunque no lo haya vivido realmente», y gramaticalmente opta por «lo neutro, lo masculino y lo femenino más que identificación eran para mi fragmentación. Quería trascender eso».

Así que Pardo considera que su marcha a Francia supuso «mi liberación. Luego además tuve suerte allí, me fue bien en la vida laboral y familiar. Salió bien aunque podía haber salido mal. Así que todo contribuyó a que haya llegado a los 90 años en pleno gozo de la vida, sintiendo la majestad de la existencia».

 

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