Alexis Ravelo: «César Manrique se convirtió en icono ecologista a pesar suyo»

El escritor canario Alexis Ravelo. /E. Palacios
El escritor canario Alexis Ravelo. / E. Palacios

El escritor canario vuelve a la novela negra con 'La ceguera del cangrejo', que recorre Lanzarote y la vida del artista canario

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Habitan los Jameos del Agua unos cangrejos ciegos. Han perdido un sentido que les resultaba inútil. Alexis Ravelo parte de esa metáfora en el título de su última novela para entornar la puerta de una novela negra, de un viaje por Lanzarote y por la obra de César Manrique. 'La ceguera del cangrejo' (Siruela) cuenta la agónica búsqueda de razones a la muerte de su novia por parte del Sargento Fuentes y se asoma a la corrupción a escala insular.

–¿Le impulsó a enviar a Olga a escribir la biografía de Manrique el centenario del artista?

–La idea flotaba hace tiempo en mi cabeza, escribir algo sobre corrupción política-económica y desarrollismo. La fascinación por el paisaje me acompaña siempre. Di con César en 2017 y resultó ser un filón. Su Fundación me facilitó esa especie de residencia, poder bucear en sus archivos, fueron muy generosos. Una novela no se hace con una idea genial, sino con muchas malas ideas.

–Visita y revisita la idea de que en Lanzarote todos se conocen pero todo se oculta.

–Es la peculiaridad de los sitios pequeños, aunque la insularidad supone un plus. Todo está cerca, hay consanguinidad en cada capa de la vida, se dan relaciones de parentesco, y en ese magma, se oculta todo porque es difícil vivir con las verdades a la luz, las familias trabajan juntas. Ya lo dice el adagio; «pueblo chico, infierno grande».

–Lo hizo Chirbes y ahora usted, ¿la novela española aborda el lado más sórdido del desarrollismo?

–Soy hijo del desarrollismo. En España hemos hablado poco del asunto. Hablamos mucho de los corruptos pero poco de los corruptores y sobre eso se puede decir mucho en un país con un sector servicios tan fuerte. La corrupción está vinculada, integrada, por la avaricia de unos pocos que van depredando lo que es de todos, incluso de los no nacidos. Eso me hace reflexionar sobre el corruptor, el intermediario, el que hace posible que la corrupción económica entre como un virus en la vida política. Depredan lo que debemos preservar y ahí están metidas las instituciones que deben regularlo.

–Y surge César Manrique como un mito.

–Nace a la vida pública ya como personaje.Era un hombre que hacía lo que no estaba bien visto y, sin embargo, quedaba bien, tenía don de gentes. Se ha convertido en un símbolo de la lucha ecologista a pesar de él, ese movimiento convierte a César en un icono. Él era un visionario que en los sesenta vuelve a Lanzarote desde Nueva York porque siente que «allí está su verdad». Se fijó en un modelo turístico posible para la isla contrapuesto al horror vertical de Benidorm. Su gran hallazgo fue aglutinar en torno a su idea a todo el mundo, desde el presidente del cabildo, Cerdá, hasta el último peón de albañil. Logró que todos se enamoraran de su idea, de su intervención en el medio leyendo el paisaje de manera que lo preservara y se convierte en motor económico de la zona con el fin de atraer a turistas diferentes. César ofrece un modelo positivo. Sin embargo el ecologismo es un movimiento reaccionario, responde a algo que no nos gusta, protestamos, es un modelo negativo.

–¿De dónde surge el Sargento Fuentes, guía de la historia?

–Al comienzo le pensé como un personaje instrumental y me llevé una sorpresa escribiendo. Fue creciendo, es un ignorante cuando inicia su viaje a la nostalgia por amor y por venganza y el lector descubre con él Lanzarote. Necesitaba un hombre de acción que pudiera mantener la cabeza fría, pero militar sin carrera, que fuera proletario con una cierta sensibilidad que ni siquiera él conoce. Era un filón por su conflicto interno, por su sentimiento de inferioridad, por sus celos gestionados como manda el patriarcado, obsesivo y suspicaz. Me interesaba que fuera aprendiendo. Y termina resolviendo el conflicto como le han enseñado.

–¿Le premiará el Cabildo por la promoción de su isla?

–Lanzarote vive dos celebraciones del centenario de Manrique paralelas, una de la Fundación y otra la del poder político. Al Cabildo de hoy no creo que le guste la novela, pasa por alto cuestiones como el fin de la Ley de Moratoria Turística en Canarias y en la novela hay reflexiones incómodas para el Gobierno. En los años 90 hay un momento crítico, Manrique estuvo a punto de abandonar la isla, no podía con lo que llamaba «arquitectura fascista». Tras muchos destrozos, se aprueba la Ley de Moratoria Turística para alejar la construcción de la costa. Esa ley se ha ido hoy para las chacaritas. A veces creo que la única manera de batallar, para hacer reflexionar a la sociedad civil, es la literatura y el arte.

–¿Qué relación hay entre violencia y género negro?

–Hay muchos autores de novela negra que ponen el acento en un 'hannibal lecter', como si el mal siempre fuera inteligente. Pero la violencia es un recurso de tontos. Entiendo el género negro que habla de la violencia como consecuencia de un orden. En Canarias no hay grandes delitos de sangre pero sí hay delitos de cuello blanco y mucha corrupción y connivencia.