Delibes, el joven que llegó a El Norte para ser dibujante

Clark Gable, Claudette Colbert y Spencer Tracy, en la película ‘Fruto dorado’ (1944)./
Clark Gable, Claudette Colbert y Spencer Tracy, en la película ‘Fruto dorado’ (1944).

Un libro recupera la faceta menos conocida del escritor en el cuarto aniversario de su muerte

JAVIER AGUIAR

¿Habría llegado Miguel Delibes a ser el genio de la literatura que fue si un día, con tan solo 20 años, no se hubiera acercado a la redacción de El Norte para pedir trabajo como caricaturista? Hasta él mismo, director del diario decano de la prensa española tiempo después, lo dudaba. Así lo admitió siendo ya un reconocido novelista dentro y fuera de España. Las trayectorias como escritor y periodista de Miguel Delibes acabaron ensombreciendo su faceta como dibujante. Sin embargo, esa afición que luego sería su trabajo fue la que le acercó por primera vez a la puerta de El Norte de Castilla, donde fraguaría sus dos grandes talentos. Con la idea de recuperar esa vertiente desconocida para la mayoría, la Fundación Delibes ha publicado Miguel Delibes dibujante en El Norte de Castilla, que recuerda la relación del que luego fuera director del diario con el dibujo y la caricatura.

El libro cuenta con una presentación del actual director del diario, el poeta Carlos Aganzo; dos textos del biógrafo y amigo del novelista Ramón García, así como sendas colaboraciones del periodista deportivo José Manuel Ortega y el historiador Enrique Berzal. Analizan los dibujos del escritor en relación al cine y las artes escénicas, el fútbol y la política local y regional, respectivamente. Por último, el dibujante de El Norte Rafael Vega, Sansón, valora en el último capítulo la calidad como dibujante de Delibes e incluye una viñeta a modo de homenaje. No en vano lo considera un dibujante «técnicamente impecable y de muchísimo talento». El volumen muestra «de forma exhaustiva» el trabajo gráfico de Delibes en El Norte.

«Si la vida le hubiera llevado por otro lado, quién sabe si Delibes hubiera terminado siendo un genio del cine o del teatro, dos de sus grandes pasiones, o de la música, como su antepasado francés Léo... De hecho, sería imposible entender la fuerza, la universalidad, la trascendencia de su narrativa si redujésemos a Delibes a su mera condición de novelista», afirma Carlos Aganzo.

El actual director de El Norte considera que «sobre el puro oficio del narrar, algo que el escritor hace con innegable maestría en sus novelas, vemos siempre con nitidez la voz del artista, del soñador, del creador, del hombre que tuvo siempre un concepto grande del arte y de la cultura, a pesar de que él mismo se ocupó siempre en negarlo, por modestia o por pudor o sencillamente porque el artista de verdad es siempre el último en reconocer que lo que él hace con cierta facilidad, a veces con un gran esfuerzo y a veces ni siquiera con eso, para los demás es otra cosa. Eso que llamamos arte».

Para ilustrar esa timidez, Ramón Gómez, amigo y biógrafo del escritor que en otro apartado del libro glosa su pasión por el cine, recuerda en el libro un comentario del propio Delibes: «Yo era plenamente consciente de que no sabía dibujar. Tenía afición y una habilidad innegable para reproducir con el lápiz los rostros de algunas personas, pero nada más. No me resultaba difícil alcanzar el parecido de un rostro, pero no osaba pasar de ahí. () Tal vez hubiera llegado a ser un discreto caricaturista y hasta un buen dibujante en manos de un maestro, pero en aquel tiempo eso de pintar monos o aporrear un piano era mirado por el ojo paterno con cierta inquietud: era un hijo en el mal camino. (). De ahí que cuando yo comencé a coleccionar en una libretita negra, de pastas de hule, las efigies de los frailes de mi colegio, con el consiguiente regocijo de mis compañeros, mi padre no ocultó su preocupación: no pierdas el tiempo pintando monigotes».

Alfonso León, director de la Fundación Miguel Delibes afirma, citando a John Updike, que «el gusto por poner manchas negras sobre papel blanco es común en escritores y pintores. Antes de la aparición de la máquina de escribir y, ahora, del procesador de textos, pluma y tinta eran con lo que uno pintaba dibujos y letras (...) No es de extrañar que los escritores, que tantos escritores, hayan dibujado y pintado; las herramientas están aliadas, el impulso es uno».

El historiador Enrique Berzal considera que las 390 viñetas que Miguel Delibes dibujó en El Norte de Castilla entre 1941 y 1958 «no solo dan cuenta de su acreditada pericia con el lápiz y la pluma, sino que también sirven de privilegiado testimonio gráfico de un mundo en guerra (caliente y fría) y de una sociedad que se esfuerza por liberarse del yugo del horror y la penuria para emprender el camino hacia un futuro más próspero».

Más mundano, el periodista deportivo José Miguel Ortega Bariego señala que, «además de un teórico para formular leyes futbolísticas, Delibes se nos muestra como un encendido seguidor de este deporte al reconocer que 50 años después mantenía frescas en su memoria las alineaciones tanto de los equipos grandes, como de los más humildes, entre ellos su Real Valladolid».

«El 10 de octubre de 1941 escribía Delibes 50 años después entraba yo en el portal del número 7 de la calle Montero Calvo, de Valladolid (sede entonces de El Norte), con un portafolios bajo el brazo. Puedo añadir que yo no acudía allí con ánimo de ingresar como redactor sino con un propósito más modesto: hacerme un hueco como dibujante». Esa misma tarde se incorporaba a la plantilla del diario, un hecho que entonces no tomó como un paso decisivo en su vida, es más, añadía, «si alguien me hubiera insinuado entonces que acababa de poner la primera piedra de una relación vitalicia lo hubiera tomado a broma».

 

Fotos

Vídeos