Literatura

Vigencia y necesidad de la Ilustración

Caricatura de Pinker. /
Caricatura de Pinker.

Pinker presenta su recetario de bases racionales para el progreso de las personas en sociedad

SANTIAGO RODRÍGUEZ GUERRERO-STRACHANValladolid

Vuelve Pinker con un libro que es un excelente resumen de muchas de sus investigaciones anteriores. Lo hace con el afán polémico que sabe que lo rodea y con el deseo altivo de promover lo mejor que las personas hemos dado. Para ello se fija en los principios que marcaron la Ilustración y que aún mantienen su vigencia. Progreso, razón, ciencia y humanismo forman un conjunto de valores y de desiderata necesarios en nuestra sociedad. Escribe el libro con afán divulgador y con ganas de despejar algunas de las más enrarecidas brumas del presente. Estas son las que han llevado a Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos y en España las que han aupado al populismo al poder municipal o autonómico.

Resulta ridículo afirmar, como lo hacen los populismos, que vivimos peor que nuestros padres cuando un vistazo a nuestro alrededor demuestra todo lo contrario: el nivel de vida es más alto, las ciudades disponen de mejores servicios para todos, las chabolas – que eran parte del paisaje urbano aún en la década de 1980 – han desaparecido en la gran mayoría de las ciudades, la sanidad y la educación universal y gratuita se ha generalizado cuando en 1970 ninguna de las dos existía o, por no alargar la lista, el número de personas que tiene un teléfono móvil o un televisor es muy superior al de personas que en 1970 tenían un radiocasete. Podemos también mencionar el turismo: en 1970 muy pocos eran los que viajaban por Europa, hoy en día quien más quien menos ha visitado algún país europeo.

¿Por qué entonces la gente tiene la percepción de que vivimos peor?, ¿por qué hay algunos empeñados en hacernos creer que vivimos peor? A ello responde Pinker con la exposición del problema del sesgo cognitivo:nuestras ideas nos influyen en cómo recibimos los datos y los hechos. Aceptaremos de mejor grado todo aquello que refuerce nuestras ideas mientras que rechazaremos lo que desestabilice nuestra visión del mundo. Además, aquellas ideas derivadas del conocimiento que refuerzan las nuestras tenemos por costumbre – por mala costumbre – aceptarlas de manera acrítica porque nos sirven para formar parte de una comunidad, uno de cuyos lazos son dichas ideas, que, a partir de entonces, funcionan como creencias. Ofrece Pinker una serie de consejos para un buen uso del conocimiento –lo que hemos dado en llamar conocimiento crítico–, y que en la versión de Pinker se encuentra alejado del uso común y tribal que de él se hace.

Sin duda la ciencia es uno de los mayores logros de la humanidad. Esta nos permite conocer las causas de los fenómenos naturales y el modo en que funcionan. Sin su desarrollo muchísimo de lo que hoy somos no habría sido posible, pues la ciencia está en la base de mejoras sociales y de muchos desarrollos sociales. Solo los idealistas o los ingenuos pueden pensar que la organización social actual, en su enorme complejidad, habría sido posible sin el avance de la ciencia, en la que hay que incluir la técnica. Es normal que se la ataque, al fin y al cabo es la que demuestra las mentiras de tanto agorero y vendedor de humo. Los números clarifican siempre la realidad, aunque haya quien los utilice para nublarla. Esos sí, la ciencia de poco sirve si el sesgo cognitivo que oscurece la razón predomina sobre la claridad de esta.

Por último Pinker analiza lo que es el humanismo, definido como todo aquello que sirve para maximizar lo propiamente humano, ya sea esto la salud, la libertad, la felicidad, el conocimiento, el amor o la vida vivida. Nos dice el humanismo lo que hemos de hacer y tiene relación con la moralidad pues va más allá de la simple existencia. Todos estamos de acuerdo en que hay una serie de ideales hacia los que las personas tendemos: la libertad, la compasión, la solidaridad. Estos no pertenecen a un grupo exclusivo sino que existen en todos. Son producto del humanismo, que a veces parece blando (sobre todo si lo comparamos con el carácter de hierro de quienes se erigen como líderes, guías o salvadores). Sin embargo, esa ausencia de fuerza es lo que ha permitido que sea un ideal compartido, pues uno de sus rasgos es la capacidad para apelar a todos sin excepción. Otro rasgo, necesario aunque desdeñado por los hombres fuertes, es su utilitarismo. No se trata de enumerar una serie de derechos abstractos sino de tener derechos y principios útiles que tengan una función en la sociedad y que, mediante ella, las sociedades mejoren.

En resumidas cuentas, Pinker presenta unas bases racionales para que las personas progresemos en sociedad. Explica las razones del progreso pasado y las del futuro. Ciertamente, nada está dado de antemano ni existe una ley determinista en la naturaleza. Lo que ahora tenemos lo hemos conseguido tras mucho empeño y no está asegurado para siempre. Hay, sin embargo, un núcleo moral en la persona que lo lleva hacia el bien (aunque, repito, no es una decisión determinada). Hemos de cuidar lo que tenemos y esforzarnos en lograr lo mejor pues solo así el retroceso será imposible. La lucha contra las supersticiones, entre las que se cuentan los estudios culturales, el creacionismo, el reverdecido pensamiento reaccionario o el populismo, no acabará nunca pero cada paso hacia adelante nos proveerá con mejores instrumentos de razonamiento para desvelar sus falsedades.