Un poeta que sopla azul, una tarde de domingo, en una sesión de jazz

Jack Kerouac posa en Manhattan para el poeta Allan Gingsberg/EFE
Jack Kerouac posa en Manhattan para el poeta Allan Gingsberg / EFE

«A Kerouac le acompaña la música de Billie Holiday o Dexter Gordon»

Carlos Aganzo
CARLOS AGANZO

Un poeta que sopla azul, una tarde de domingo, en una sesión de jazz. Así quería verse a sí mismo Jack Kerouac, el inventor del «estilo espontáneo». Verbo desinhibido, vuelo improvisado sobre la base de las variaciones… y vuelta al 'chorus'. Como un 'lick' jazzístico, pero con guion largo en lugar de período musical. Como una sesión de bebop con aliento budista, siguiendo las divinas enseñanzas de su colega Gary Snyder. Al ritmo del corazón. Y del espíritu.

Así lo podemos apreciar en su poesía. En 'México City Blues' o en 'Bowery Blues'. También en su trabajo como «poeta jazzístico», a través de tres álbumes de estudio: ('Poetry for the Beat Generation', 'Blues and Haikus' y 'Reading by Kerouac on the Beat Generation'). La voz del poeta como un instrumento más, al lado de figuras de la música negra como Steve Allen, Al Cohn o Zoot Sims. Pero sobre todo lo podemos disfrutar, espléndidamente desarrollado, en su prosa. Su prosa espontánea.

La espiritualidad, el sexo, las drogas, el alcohol, la marginalidad, el dolor y los viajes, todo en clave de jazz. Una frescura inédita en la narrativa. El mundo oscuro y al tiempo sublime de Thelonius Monk, Charlie Parker y Dizzy Gillespie, como banda sonora de 'En la carretera', 'Visiones de Cody', 'Visiones de Gerard', 'Big Sur', 'Los subterráneos'. Los antros de los hípsters de los cuarenta, los cincuenta y los sesenta, como el lugar donde nació la gran contracultura americana. «En esa época, 1947 –escribe Kerouac en 'En la carretera'–, el bop estaba volviendo loca a toda América. Los tipos del Loop soplaban, fuerte pero con aire cansado, porque el bop estaba entre el período de 'Ornithology' de Charlie Parker y otro período que había comenzado con Miles Davis».

Existen dos compilaciones de los años noventa que reflejan a la perfección las pasiones poético-jazzísticas de Kerouac. 'The Jack Kerouac Colletion' y Jack Kerouac Reads on the Road'. Pero sin duda la mejor manera de descubrir cuáles fueron los músicos o los temas que de verdad le partieron el corazón es seguir sus propias palabras a través de los libros. Por ejemplo cuando habla de 'Lover Man', «esa gran canción de Billie Holiday», o de 'The Hunt', de Dexter Gordon, un tema en directo en el que el público daba «un fantástico volumen frenético» a este «salvaje disco bop».

La locura del jazz unió a los fundadores de la Generación Beat. Allen Ginsberg, Jack Kerouac, William Burroughs y Lucien Carr se habían conocido en la Universidad de Columbia, y compartían alucinaciones, literatura y música. La propia palabra 'beat' procede de la cultura marginal afroamericana. 'Beat down': cansado o abatido. En 1948 Kerouac y John Clellon Holmes recuerdan haber oído esta expresión en boca de Herbert Huncke. Más tarde, el propio Kerouac le daría un significado más espiritual, relacionándola con 'upbeat', beatitud. Luego vendrían los detractores, que le añadirían el 'nik'. 'Beatnik' como 'Sputnik', para poner de relieve el sesgo comunista y antiamericano del grupo. Y de ahí incluso hasta Los Beatles. Cuenta la leyenda que el hombre que se le apareció sobre «un pastel flambeante» a John Lennon, sugiriéndole que cambiara el nombre de The Beetles (los Escarabajos) por The Beatles no era otro que el poeta Royston Ellis, militante en el movimiento 'beat' y amigo de los chicos de Liverpool.

Una leyenda mucho más moderna, en este caso propiciada por las redes sociales, dice también que la noche del 13 de septiembre de 1953 Jack Kerouac fumaba un cigarrillo en la primera fila del Open Door de Nueva York. Thelonius Monk, Charlie Mingus y Roy Haynes, los componentes del mítico Thelonius Monk Trio, tocaban esa noche acompañados de Charlie Parker. Es necesario mirar con lupa la foto de Bob Parent que lo podría atestiguar. Da lo mismo si era él o si era otro. La historia de la música y la de la literatura se fraguaban entonces en paralelo. El jazz, la poesía y el grito de la contracultura obedecían a una misma realidad.