Una novela lírica

«Su triunfo, la verdadera victoria de Robert Walser, ha sido fracasar de un modo perfecto»

Robert_Walser./El Norte
Robert_Walser. / El Norte
LUIS ANTONIO DE VILLENA

No sé bien porqué la expresión 'biografía novelada' parece conllevar un inmerecido desprestigio. Tal vez porque fue popular en el período de entreguerras y junto a obras mayores dio otras más prescindibles. Algunos autores de esa línea como André Maurois o Emil Ludwig han quedado casi en el olvido. Otros como Stefan Zweig, están más que recuperados. Y esa práctica se la impuso Ortega (novelar biografías) a muchos novelistas de su círculo, a tal idea responden 'Teresa', de Rosa Chacel, 'Riesgo y ventura del Duque de Osuna', de Antonio Marichalar, o 'Doble agonía de Bécquer', de Benjamín Jarnés, por sólo citar algunas notorias. Al estilo pertenece la reciente editada (Pre-Textos) 'Señor de las periferias' del granadino –treinta y cinco años– Jesús Montiel. Se trata en breve y con unas básicas fotos necesarias, de una biografía no ya novelada, sino mejor lirificada (convertida en prosa poética que quiere incitar a la reflexión) del extraño y notable Robert Walser (1878-1956), escritor suizo de expresión alemana, que fue poeta, autor de sutiles prosas líricas y un notable narrador diferente. Walser, tímido, apartado, lúcido es un gran escritor pero no es amigo de la vida literaria y eso –tampoco sé bien por qué– no les gusta nada a algunos editores y a otros autores muy comunicativos y muy trepas. Walser fue exactamente lo contrario del trepa, fue un huidor, un fugitivo y por ello (extremándolo) concluyó refugiándose en un manicomio.

«La verdadera victoria de Robert Walser ha sido fracasar de un modo perfecto»

Montiel –de quien siento no conocer otras cosas– narra y reflexiona en vuelo de alondras, sentencias y palabras. «Un niño sensible vuela nervioso, busca un lugar donde posarse.» Era Walser ese niño raro, que terminó escribiendo dos magníficas y tempranas novelas, 'Los hermanos Tanner' (1907) y 'Jakob von Gunten' (1909), sin dejar de mudarse de un lado a otro y con poco éxito, pese a los elogios de Musil o de Kafka. Escribiendo prosas y poemas en revistas y periódicos, en parte recogidos en 'La Rosa' de 1925, Walser decepcionado de todo y de sí mismo, en 1929 entró en el manicomio de Waldau, pero cuando le dieron el alta, no se quiso marchar y allí se quedó, muy lúcido y muy lejos, toda su vida. Le gustaba salir a dar paseos en solitario y pensaba; a veces al regresar escribía en secreto pero no publicaba. Un editor amigo y talentoso, Carl Seeling, lo acompañó muchas veces en esas caminatas y de ahí brotó el libro (editado por Siruela) 'Paseos con Robert Walser'. La tarde de Navidad de 1956 salió solo, estaba nevado el campo, y fue hallado muerto sobre la nieve junto a sus pisadas. Solo, raro, de un certero infarto, como le hubiera gustado… Todo esto está contado y recreado –brevemente– en 'Señor de las periferias', con fogonazos líricos: «Su triunfo, la verdadera victoria de Robert Walser, ha sido fracasar de un modo perfecto.» Tenía 78 años.