Necesidad de subir al origen

El escritor asturiano José María Castrillón, en una librería de Gijón. /Paloma Ucha
El escritor asturiano José María Castrillón, en una librería de Gijón. / Paloma Ucha

José María Castrillón publica en Trea una antología 'de poesía occidental no hispánica' a partir de traducciones ajustadas de los grandes poetas nacidos anets de 1900

TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGOValladolid

Hace tiempo que lleva flotando sigilosamente, casi ingrávido, por la atmósfera poética un libro singular, urdido con sagacidad y calma por el poeta asturiano José María Castrillón. Se trata de una antología, es decir, una baraja de cartas tomadas de otros. Como cualquier otra antología; solo que en este caso las cartas no están marcadas y todas ellas son, indiscutiblemente, ases. Hubo un tiempo en que las antologías eran unidades de evaluación poética. Cada cierto tiempo alguien con más o menos solvencia pontificaba sobre los poetas más significativos de una época en concreto y hacía brotar una nómina que se daba por definitiva. Fue Gerardo Diego en su aclamada propuesta de 1932 quien abrió la espita para convertir al género forense que hasta entonces era una antología en un género prospectivo, uniendo en aquella selección audaz a maestros y promesas –entre las que él mismo se incluyó sin prejuicios–, con lo que supo dibujar a la vez el pasado relevante (los Machado, Juan Ramón, Darío…) y el futuro que ahí venía ya palpitando, representado por los cachorros del 27.

A partir de entonces, las antologías proliferaron y siguieron tomándose como esa unidad de depuración necesaria para decidir de manera tajante quién iba a flotar y quién se quedaba en lo oscuro del panorama poético. En las décadas siguientes se sucedieron antologías generacionales –el concepto de 'generación', revitalizado por Julián Marías, era asimismo incuestionable para empaquetar para siempre a los escuadrones poéticos en esas galerías ortopédicas que los manuales se encargaban de repetir en un simple cacareo sin revisión–. Así siguieron las cosas hasta mediada la década de los 70. Es entonces cuando las antologías poéticas empiezan a entrar en crisis, precisamente por saturación y por diversificación. Se hacía entonces necesario ordenar el panorama de acuerdo con las otras novedades de la administración político-social y surgen así antologías poéticas locales, autonómicas, temáticas… Los paquetes se hicieron numerosos y fueron entrando nombres –a menudo los mismos– aquí y allá, según preferencias de los antólogos perpetradores y según intereses de las editoriales. Que de todo hubo. Fuese como fuese, lo cierto es que la fuerza de las antologías perdió mucho fuelle, limitándose en general a ser recopilaciones de nombres obvios con añadidos sutilmente escogidos para dar la sensación de que la impronta de Gerardo Diego seguía viva.

Pero las antologías dejaron de interesar paulatinamente al ser simples estribillos machacones –los mismos nombres, los mismos poemas– de una canción sin pronóstico. Y así, gota a gota, el género de la antología cayó en descrédito. O, al menos, perdió norte y empuje hasta hoy. Siguen surgiendo, claro, pero a menudo como documentos de redundancia o con ese carácter decididamente general que lo convierte todo en demasiado provisional o en totalmente replicante.

Por eso, que el poeta José María Castrillón haya publicado en la editorial Trea una antología diferente, presidida por la inteligencia, que él ha titulado con expresión tomada de Jovellanos 'Subir al origen. Antología comentada de poesía occidental no hispánica (1800-1941)' es una firme propuesta para reflexionar sobre si no sería el momento de volver los ojos a los fundamentos poéticos del siglo XX y servir, así reunidos en un banquete polifónico, nombres y poemas incuestionables que deberían entrar por las ventanas –si es que están abiertas– de nuestra sociedad poética, a fin de afilar un poco mejor la educación literaria de las generaciones que se surten casi exclusivamente en los viveros electrónicos. El punto de partida de 'Subir al origen' es ya un hallazgo: proponer una lectura en traducciones ajustadas de los grandes poetas, todos ellos nacidos antes de 1900, que han configurado la modernidad poética a partir del siglo XIX. De Wordsworth, Novalis, Keats y Baudelaire a Wallace Stevens, Montale, Gottfried Benn o Anna Ajmátova. Y no es esa solamente la novedad de este libro. Castrillón escolta a cada autor con propuestas complementarias que hacen de la lectura de 'Subir al origen' una experiencia deliciosa. Las semblanzas previas a cada autor son relatos detenidos en alguna escena de la vida del poeta para recrearla con gracia y con una destilación de juicios que ha de atrapar sin remisión al lector. De igual modo, es todo un hallazgo terminar la selección poética de cada autor con un poema inspirado en él a cargo siempre de un poeta contemporáneo en lengua española, lo que permite contrastar afinidades a la vez que ratifica la vigencia de estos gigantes. No se aguanta José María Castrillón y en un epílogo que cierra el libro con humildad y maestría a partes iguales propone, a modo de disculpa amistosa, otros nombres ausentes en el libro, a fin de que «los fundadores de órdenes» no sientan defraudadas sus expectativas.

¿Qué más decir? En un momento en que la poesía juvenil –esperemos que no toda ella– parece identificarse entre nosotros con discursos de fácil masticación, replicantes de la inanidad de los lenguajes sociales o muy cercanos a veleidades cuasiadolescentes, alentadas por los medios de comunicación, convendría dar a leer a quienes hicieron de la lengua una canción de resistencia contra la claudicación a que llevan los lenguajes de simple alcance básico, triturados por la comunicación mercantil. Recuperar la tensión de la lengua poética exige conocer de dónde venimos. Y este es el último sentido, profundo e incuestionable, de 'Subir al origen', una antología especial que revuelca el género y vuelve a demostrar la potencia y la intensidad de los discursos primordiales que llevan palpitando bajo nuestros pies, como un humus bullente, más de un siglo. Bolo alimenticio, siempre seguro, para los lectores de cierta edad. Y desvelamiento decisivo para los jóvenes que viven la poesía en este ilusorio presente continuo, sobrado de urgencia, de quincallería y facilidad. Y falto de morosidad esencial y de pensamiento, entre otras cosas.