Música

La incansable luchadora de los ojos azules

Judy Collins, durante un concierto este año. /
Judy Collins, durante un concierto este año.

Judy Collins acaba de cumplir 80 años y no ha parado de grabar ni de actuar, a pesar de una azarosa vida llena de obstáculos

JOSEBA MARTÍN

Suite: Judy blue eyes' suena en la radio, suavemente, pero la escucho a través del sonido constante de la lluvia y del silbido de los neumáticos en la carretera. Inconfundible, la voz de Stephen Stills flota sobre las armonías de David Crosby y Graham Nash. La guitarra de Stephen atraviesa mi corazón como una flecha emocional. Donde quiera que escuche la canción –en una tienda de alimentación, en un aeropuerto, en mi propio reproductor de CDs– resuena como una llamada llegada desde lagos místicos. Perfora el corazón de esta chica y el de todas las chicas que creen que cuenta su historia. Todas las grandes canciones hacen que te sientas así, como si estuvieran especialmente escritas para ti». De esta manera se inicia el prólogo de la autobiografía de Judy Collins ('Sweet Judy blue eyes', 2011), en una escena que ocurre un sábado por la noche, cuando regresa a Nueva York tras un concierto bajo una intensa lluvia.

Judy Collins, la cantautora de impresionantes ojos azules y de espectacular voz de soprano, acaba de cumplir 80 años el pasado 1 de mayo. No ha dejado de grabar ni de actuar a pesar de una azarosa vida plagada de obstáculos: a los 11 años sufrió la polio (dos meses de aislamiento); a los 14 protagonizó un intento de suicidio; tres días después de debutar en el Carnegie Hall en 1962 le diagnosticaron tuberculosis (seis meses en un sanatorio); se divorció con 26 años y perdió la custodia de su único hijo frente a su exmarido, un profesor de la British Columbia, en Vancouver; en los primeros años 70 recayó en la bulimia tras dejar de fumar y su alcoholismo se agudizó. Todavía faltaba lo peor: el suicidio de su hijo Clark en 1992, durante una recaída en su lucha contra la depresión y las drogas.

Lejos de desaparecer del primer plano, Judy Collins siguió cantando y grabando y dio voz a quienes querían llevar el estigma de la enfermedad mental a la opinión pública. Buena parte de sus reflexiones se pueden leer en 'Singing lessons: a memoir of love, loss, hope and healing', de 1998: «Comencé este libro pensando que escribiría sobre el suicidio. Lo escribí con el objetivo de recordar, de sobrevivir, pero fue también sobre lecciones que había aprendido: lecciones de trabajo, de supervivencia, de pérdida, de amor; lecciones de canto a través de la tormenta». Lecciones muy duras de aprender, como añade la propia cantante: su alcoholismo comenzó en la adolescencia y se prolongó durante 23 años; lleva cuatro décadas sobria.

Judy Collins, en una acutación en 1969.
Judy Collins, en una acutación en 1969.

Judy Collins lo tuvo todo para ser la reina del folk de los 60: grabó su primer álbum antes que Bob Dylan y casi a la vez que Joan Baez, pero aquellos meses en el sanatorio le restaron protagonismo en el Greenwich Village. Su primer éxito no llegó hasta el otoño de 1968, con 'Both sides now', compuesta, curiosamente, por una jovencita admiradora, Joni Mitchell. Poco después ocurrió otra carambola: fue la primera en grabar 'Who knows where the time goes', compuesta a los 20 años por la cantante londinense Sandy Denny, vocalista de Fairport Convention. La canción, versionada docenas de veces, es la gran aportación del folk rock británico de la época. Ese buen olfato de Judy ya venía de antes: en 1966 grabó 'Suzanne' de un entonces desconocido cantante y poeta llamado Leonard Cohen; gracias a un amigo común, Cohen se presentó en su casa con la guitarra y le cantó tres canciones. El resto es historia.

Una suave voz

El periodo 1968-69 fue muy intenso: por aquel entonces Judy tenía una relación con Stephen Stills, músico tejano afincado en Los Ángeles, donde había formado parte de Buffalo Springfield junto a Neil Young. En 1969 Stephen presentía que Judy iba a dejarle, así que se dedicó a componer canciones para reflejar sus sentimientos; al final las juntó todas en 'Suite: Judy blue eyes', una pieza de más de siete minutos con la que se abría el primer álbum de Crosby, Stills & Nash en mayo de 1969; las voces del trío sobre la guitarra de Stills son un máster de armonías vocales. La primera vez que el cantante la interpretó en privado para Judy le causó un profundo impacto… pero no frenó la inminente separación. Sin embargo, la amistad continuó y casi 50 años después ambos grabaron su primer álbum juntos, 'Everybody knows' (2017), vía crowfunding. No regrabaron 'Suite…', pero sí 'Who knows where the time goes'.

En mayo de 1969, Judy Collins ocupó la portada del semanario 'Life', donde la describían como «una suave voz en mitad de la lucha». Desde la muerte de su hijo, a los 33 años, la cantante de Seattle se convirtió en activista en torno al espinoso mundo de la enfermedad mental. En 2016 recibió el premio McLean por «compartir públicamente su experiencia con la depresión, el alcoholismo y los conflictos a los que se enfrentó tras el suicidio de su hijo y por su combate contra el estigma de los desórdenes psiquiátricos». Es también embajadora de Unicef desde 1994 y, a menudo, sus preocupaciones se muestran en sus canciones: 'Lily in the valley' habla sobre la violencia de género; 'Song for Martin' está dedicada a un joven músico amigo que se suicidó; y 'Dreamers' es una conmovedora canción a capella sobre los menores que viven en Estados Unidos sin papeles y que pueden ser expulsados del país en cualquier momento. Desde la perspectiva de María, la madre de una 'dreamer', canta: «Esta tierra fue construida por soñadores y por hijos de aquellos soñadores/ Vinimos aquí por democracia y esperanza/ Ahora todo lo que tenemos es esperanza».

La artista estadounidense ha grabado casi 30 álbumes de estudio y media docena larga de discos en directo. En su casa de Manhattan conserva cuatro 'grammies' y un sinfín de premios y reconocimientos, como el ofrecido por la Biblioteca del Congreso, que decidió incorporar a su catálogo su versión de 1970 de la tradicional 'Amazing grace'. Con los 80 a la vuelta de la esquina, Judy Collins ofrece unos 120 conciertos al año. En las últimas semanas ha actuado en La Haya, Manchester, Glasgow, Londres, Florida, California, Alaska, Canadá y Texas y en su web ya se pueden adquirir las entradas para los próximos treinta conciertos; de momento, ninguno en Europa.