Isabel del Val: «La historia nos enseña que no puede confiarse en lo conquistado, hay que estar alerta siempre»

La historiadora medievalista María Isabel del Val./Rodrigo Jiménez
La historiadora medievalista María Isabel del Val. / Rodrigo Jiménez

Especialista en Isabel la Católica y en la historia social del XV, la catedrática vallisoletana deja las aulas pero no la investigación

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑO

El poder, ese ha sido el gran tema de sus investigaciones, concluye Isabel del Val (Valladolid, 1948). Ya fuera el agua, la historia de las mujeres y las ciudades o la de su tocaya La Católica, la medievalista considera que todos sus temas tienen relación con el ejercicio del poder. Acaba de jubilarse y convertirse en catedrática emérita, lo que le permitirá seguir investigando, escribiendo y librarse de la «burocracia», esa enfermedad que atora los engranajes de la Universidad. Tampoco dará clase, ella que siempre defiende a los chicos. «Los alumnos son fantásticos».

–Se licenció en la Universidad de Valladolid en 1970, se doctoró tres años después y es catedrática desde 2002. ¿Cómo ha cambiado la UVA?

–Hice las primeras oposiciones nacionales abiertas a profesor adjunto, lo que hoy es un titular, y empecé a dar clase en 1978 en la Universidad de Cantabria, allí estuve dos años y luego viene a Valladolid. Recuerdo, en los años de estudiante, una universidad en la que todos, profesores y alumnos, estaban muy implicados en la situación del país y del mundo. Vi el mayo del 68 desde aquí. Todos estábamos muy pendientes de lo que ocurría. Había teatro, cine, muchas actividades dentro de la universidad. Todo era masivo y reivindicativo, se luchaba por tener acceso a la cultura, había libros prohibidos que queríamos leer. Esa forma de vivir políticamente te enfrentaba a las fuerzas públicas y formó parte de mi vida desde el inicio. Ahora ha cambiado mucho la sociedad y la política. Viví aquello siendo representante en Valladolid y Madrid de los penenes durante la lucha por un contrato laboral, por la estabilidad de los profesores. Todo eso suponía reuniones clandestinas, una vida al margen.

–¿Cómo fue pasar de estará las órdenes de Luis Suárez a las de Julio Valdeón Baruque?

–Julio llegó a Valladolid cuando yo acababa la tesis. Suárez entonces no era el que ha sido después. Nada era como ahora. Por ejemplo, en mi adolescencia yo me sentí muy influida por la Semana de Cine de Valores Humanos y hay que recordar que entonces era donde se veían las películas de Bergman. Yo estaba muy implicada en la política y a pesar de ello, no tuve ningún problema con Suárez. Con Valdeón fue distinto, me sentí más cómoda, el trato era franco. Vivimos el cierre de la Universidad y Julio fue un revulsivo, nos identificamos por nuestra visión del mundo y de la historia.

–¿Por qué eligió la Edad Media?

–Dudé si dedicarme a la historia o la geografía. Al final fue la primera y me quedé en medieval porque me entusiasmaron los profesores. El departamento lo llevaba Luis Suárez, un espléndido profesor e investigador. Ya por entonces me interesó la historia urbana, quería estudiar la de Valladolid, pero Suárez, que estaba en el hilo de Antonio de la Torre, en los Trastámara, me propuso investigar sobre cómo accede al trono Isabel la Católica. Y allá que fui sin prejuicios. El pensamiento político era muy distinto entonces. Fui al Archivo de Simancas, al Histórico Nacional, al de la Corona de Aragón, al Municipal de Murcia y redacté mi tesis.

–¿Da para tanto la coronación de Isabel la Católica, es un personaje mitificado?

–Estudiar a Isabel, una mujer, me abrió el camino hacia otros intereses como el papel de las mujeres en la sociedad medieval y en relación con el poder. Cuando estudio su acceso al trono no la veo solo a ella, una jovencita con mucha fuerza e inteligencia, porque la historia no son personajes aislados sino su contexto, los que están con ella y contra ella, la lucha por el poder en el que ella es una protagonista. Había dos bandos políticos enfrentados en el reino y lo que descubro es que representan dos visiones enfrentadas por cómo conciben el poder: Con mayor presencia e intervención de la monarquía, liderada por Isabel, y los que otorgan mayor importancia a la nobleza. Esto venía ya desde Juan IIy Enrique IV. Precisamente con este último estalla la confrontación. En ese contexto se mueve Isabel, que juega su papel. Por un lado defiende su derecho a ser reina y por otro muestra la suficiente habilidad para contentar a la nobleza. Isabel tiene que hundir a Enrique IV, un rey de pésima fama pero en el ejercicio político real, ella sigue la política de su hermano. Culmina con ella un proceso de afianzamiento de poder regio. Descubrí una sociedad política muy rica y poliédrica. Junto a eso, descubrí las ciudades, me interesó el papel de las villas y ciudades en este conflicto, por ejemplo Medina. Esta línea de investigación es paralela al trabajo de Valdeón de 'Los conflictos sociales'. Nos enriquecimos mutuamente.

«El XV es el siglo de las mujeres, tienen una gran fuerza. La reina es reconocida y aceptada pero no solo ella, son importantes en la literatura y en cultura de toda Europa»

–La llegada al poder de Isabel con Fernando permite cerrar un siglo de guerras e inicia el proyecto imperial. ¿Cómo trata la historiografía de las últimas décadas el reinado de los Católicos?

–Había dos coronas, mejor decir eso que reinos, que luego se ponen nerviosos. Los Reyes Católicos se convierten en un instrumento de propaganda del franquismo pero eso no tiene que ver con los historiadores. Se trata de dos monarcas que cada uno en su reino culmina una evolución y da una nueva organización política. Lo que sí se observa es que durante el franquismo se les trata como si fueran una sola persona, casi como la Trinidad. Ahora se diferencian muy bien. Fueron una pareja que tenían una estrecha confianza mutua, aunque reinaron en dos territorios y Fernando intervino más en Castilla que Isabel en Aragón.

–Ese siglo XV lleno de turbulencias es paradójicamente floreciente para Castilla ¿se fraguan entonces los demonios que sobrevuelan la falta de entendimiento entre los pueblos de España posteriores?

–Castilla es un reino floreciente económica, cultura y políticamente en el XV aunque también es un siglo turbulento, todos los son. Los demonios vienen por la leyenda negra que se basa en la Inquisición, una institución que funcionaba desde el siglo XIII y cuyas autoridades eran nombradas por la Iglesia, excepto en España que recae en los reyes. En la expulsión de los judíos, como si fuéramos los únicos que lo hicimos. Antes habían sido expulsados de media Europa. Y en la conquista de América. Pero la leyenda negra se fragua después. Castilla es indudablemente el reino más potente de Europa en ese momento. Es rica, tiene una corte regia con su dotación humanística, dispone de más población y recursos, económicamente es la que mas aporta a las guerras. El Gran Capitán es un castellano enviado a Nápoles. Entendemos Castilla en ese momento desde Galicia hasta Granada.

«Castilla, desde Galicia a Granada, fue el reino más floreciente y potente del siglo XV europeo»

–¿Hemos aprendido algo del siglo XV que prevalezca hoy?

–Si queremos entender de donde venimos eso implica saber algo del XV. Ahí se fragua la evolución política hacia el estado moderno, hay una evolución cultural espléndida, económicamente solo hay que mirar a Medina, en la Villa de las Ferias se desarrolla el negocio bancario con las letras de cambio. Es también el siglo de las mujeres, tienen una gran fuerza. La reina es reconocida y aceptada pero no solo ella, son importantes en la literatura y en cultura de toda Europa. Les dedican libros, por ejemplo Álvaro de Luna publica 'A favor de las mujeres', dentro de la mentalidad de la época.

–Pero siempre prevalece el derecho del varón.

–Claro, la sociedad era patriarcal, como ahora. Las mujeres entraban en ausencia de varón, pero Castilla es uno de los reinos donde más presencia tienen en señoríos, villas y negocios. Ayer estuve en Segovia hablando de una maestra polvorista, es decir que trabajaba con la pólvora, en 1476, nombrada por los Reyes Católicos. Hay muchísimas en muchos oficios.

–Otro de sus temas ha sido el agua.

–Siempre digo que el agua es un espejo de la sociedad, se trata de un bien imprescindible, con un papel fundamental en todas las mitologías y un bien preciado que organiza la sociedad. Es también un recurso del poder. En realidad he estado estudiando el poder en sus más distintas formas. Siempre hay un tira y afloja por las aspiraciones de quienes quieren mandar y los que están obligados a obedecer. Esta es la historia social.

–¿El ejemplo de la monarca la hizo feminista?

–Me hice feminista por ser mujer. En mi familia somos muchas y reconozco en ellas una gran autoridad, que no poder, y unos modelos a seguir. Soy sobrina de la pintora Mercedes del Val Trouillhet, mi abuela fue maestra y también mi madre, son todas mujeres con mucha fuerza, con mucho ímpetu en su trabajo. Luego en la Universidad enseguida fui delegada de curso y siempre fui una minoría junto a los varones. Me sentía entonces en mi papel de estudiante como una más, pero las chicas tenemos que hablar e insistir más para lograr que se nos escuche. Todo esto te va formando. En las oposiciones fui la única mujer que aprobó, siempre pensaba que debía haber más mujeres en todo. Luego me decanté por las mujeres en la historia. La Católica ayudó pero no llegué a ellas por la reina, sino que se incorporó a mi idea.

–¿Qué le parece el movimiento MeToo?

–Ha habido avances sociales indudables pero hay que mantenerlos. Porque a medida que se logran cosas, los que se oponen a ellas también crecen en su resistencia, se sienten como si les estuvieran arrebatando algo que es suyo. Por eso hay que estar siempre atentos, no confiarse, en eso la historia es una gran maestra. No hay que pensar que lo conquistado no puede volverse atrás. Hay mucho camino por delante que recorrer aún.