Las galerías de arte de Castilla y León, en estado crítico

Pablo Martínez, de la galería leonesa Espacio-E, en una exposición con obras de Roberto Díez./El Norte
Pablo Martínez, de la galería leonesa Espacio-E, en una exposición con obras de Roberto Díez. / El Norte

Apenas una veintena de salas sobreviven a los embates de la crisis y el cambio de hábitos de consumo en un sector que lamenta la falta de apoyo institucional y reivindica su papel en el descubrimiento de talentos

JESÚS BOMBÍNValladolid

Operan como ojeadores del arte, difunden y filtran el trabajo de creadores que empiezan a abrirse camino o ayudan a consolidar a los que se han hecho un hueco en un mercado tan complejo como turbulento en los últimos tiempos. Vivieron un momento de eclosión en los años noventa a lomos del auge del coleccionismo y de la creciente aceptación social del arte contemporáneo, pero la crisis cercenó la expansión de las galerías, provocando cierres en los años que siguieron al 2008 y manteniendo al sector en un estado de precariedad y languidez que compromete el futuro de los galeristas que siguen en la brecha, en torno a una veintena en Castilla y León, aunque un censo de la Junta en 2016 hace recuento de 25 salas.

Una de las últimas galerías en echar el candado ha sido Arte Mayor-44, regentada por Marietta Negueruela en Palencia. Abrió en 2004 su primera sala en la capital, donde ha organizado más de una veintena de exposiciones de artistas locales, nacionales y extranjeros, pero su segunda experiencia con un local apenas ha durado dos años. «En Castilla y León es donde peor está el galerismo; hay capitales donde ya no quedan locales de este tipo, como ahora en Palencia», explica esta pintora que trabajó en Milán, Madrid y Mallorca antes de embarcarse en el galerismo para retornar ahora, de nuevo, a la pintura. «Nuestras ciudades están muy envejecidas y el arte lo compra gente con entre 30 y 55 años», agrega.

También pintor con pasión por el galerismo es Ángel Cantero. En 2013 se lanzó a abrir en León una sala con su mismo nombre con la esperanza de revivir los buenos tiempos de los años ochenta bajo el rótulo de Sardón. Cinco años y medio después, acoge la que será última exposición con artistas como Miguel Vallinas o Karlos Viuda. Luego, cerrará. «El mercado está muy mal. Antes había quien se permitía tener su pequeña colección de pintura, escultura o fotografía, pero con la crisis todo se complica. Hoy las generaciones más jóvenes no piensan en eso, aunque viajen y entren en más museos. Las nuevas tecnologías se han comido ese dinero extra que estaba disponible para el arte y otras cosas». A su lamento añade el hándicap de la fiscalidad del 21% de IVA a las galerías, en tanto que la venta directa de artistas está gravada con el 10%.

La salmantina Adora Calvo pone fin a doce años de presencia en ARCO

Al amparo de la galería Adora Calvo se han dado a conocer proyectos y artistas de Castilla y León en ARCO, la principal feria de Arte de España a cuya próxima edición a finales de febrero no asistirá la galerista salmantina –en las últimas ediciones la única representante de la región–, poniendo fin a una presencia continuada desde 2007. «Acudir a ARCO es muy costoso, la situación no es propicia y no resultaba rentable acudir este año», explica Adora Calvo. Pesimista ante el difícil panorama por el que atraviesa el mundo del coleccionismo de la región, alerta de la sensación de estancamiento en la precariedad: «Frente a otras comunidades, aquí apenas existen apoyos. Es necesario que nos impliquemos instituciones, galeristas y artistas para dinamizarlo. Aquí la situación es muy dura». La opción que ha emprendido para seguir adelante es buscar mercados fuera de España, con una apuesta por Latinoamérica y Chile como mercado inicial.

También desde León, en el término de San Andrés del Rabanedo contiguo a la capital, opera Pablo Martínez en Espacio-E, en un local donde enmarca cuadros y que desde 2011 ha desdoblado en sala de exposiciones que compagina con las que organiza en el bar El Camarote Madrid. En su reflexión sobre el menguante negocio del galerismo no falta la autocrítica. «Pervive cierta tontería alrededor de todo este mundo cuando algunos lo imaginan dirigido a una clientela exquisita, con una educación artística por encima de la media; ahí se equivocan. Hay que buscar la forma de llegar a la gente, y la clave son los jóvenes; los artistas tienen que plantearse su dedicación como un trabajo normal, cosa a la que algunos no están dispuestos quizá porque viven en un mundo no sé si real o irreal. Igual yo soy más tendero que galerista», admite.

En la calle Renedo de Valladolid inició en octubre de 20012 Javier Silva un proyecto personal desde la galería del mismo nombre. «La evolución hasta ahora ha sido positiva, abrí en un contexto de crisis brutal y haber tenido capacidad de lucha y tesón me permite estar vivo», cuenta este profesional con una heterogénea cartera de creadores y compradores y abierto a la colaboración con los museos. No obstante, echa en falta políticas culturales y apoyo institucional y envidia «cómo se funciona en galerías de Valencia, Cantabria o ciudades como Sevilla y cómo han tenido respaldo a sus proyectos desde el minuto uno».

Con un concepto de arte más clásico, la galería Rafael de Valladolid lleva desde 1985 ofreciendo principalmente pintura, en la actualidad de Castilviejo, Vela Zanetti y Cuadrado Lomas, entre otros. La dirige Alberto Pérez Díez y reconoce que, aunque ahora se vende poco, no se puede quejar: «Hemos ganado dinero, ha habido años muy buenos a finales de los ochenta y en los noventa». Un tiempo que ha dado paso a un mercado mortecino que le ha llevado a pensar en el cierre. «Al final mi padre tiene tanta afición que lo mantenemos», asegura el dueño de un local donde cada transacción le suele reportar el 30% del precio de venta de la obra. Considera Pérez Díez que el bajón del sector no es ajeno a fenómenos como el desapego de los jóvenes en la compra de arte o su conformidad con láminas y reproducciones.

Paisaje y apuesta en pueblos

A la crisis económica, la despoblación y una corriente de decoración desnuda achaca Blanca García Vega, catedrática de Historia del Arte de la UVA, buena parte del negocio venido a menos del galerismo, aunque observa también otras carencias. «El propio sistema capitalista generó unas expectativas de arte que no eran reales, ha habido una burbuja igual que la inmobiliaria; y una política nefasta, enfocada a inflar a determinados artistas para que los compren las instituciones».

En Urueña asentó Miriam Anllo el centro de creación contemporánea DiLab, que ha acogido desde exposiciones y conciertos a cursos de arte, poesía o teatro, un modelo al que ha dado un giro, planteándolo como un centro que acogerá un festival de las artes durante los meses de verano. «España en su conjunto necesita de un trabajo muy fuerte en educación artística. Es necesario que haya mecenazgo y subvenciones, pero más que la gente deseara acceder al arte contemporáneo». Del ámbito de Castilla y León observa que la dispersión del territorio dificulta que proyectos artísticos salgan adelante en las ciudades, «donde hay poco público. Y además las instituciones no están apoyando el arte contemporáneo, un ámbito difícil porque falta demanda».

Exterior de APGallery, en Martín Muñoz de Ayllón (Segovia).
Exterior de APGallery, en Martín Muñoz de Ayllón (Segovia). / Jorge Sierra

Sin temor a la despoblación o más bien haciendo de ella un argumento atractivo para instalarse en la pedanía de Martín Muñoz de Ayllón (siete habitantes), los arquitectos Marta Maíz y Enrique Herrada decidieron en 2014 montar APGallery, especializada en arte y naturaleza. Enclavada en la Sierra de Ayllón, la galería se abre al paisaje a través de enormes cristaleras en una construcción vanguardista que ofrece salas de exposiciones y talleres orientados a la difusión de lenguajes artísticos y su vinculación con la naturaleza. «El galerismo tradicional, de puerta a calle, con cosas colgadas en las paredes, está transformándose», expone Herrada, abundando en el concepto que ha tratado de transferir a esta galería abierta los fines de semana mediante cita previa. «Hay que cambiar el diálogo, esa especie de temor de que uno no entra en una galería porque la asocia con la élite económica o cultural, sintiéndose desplazado, un remilgo muy común para autoexcluirse; las galerías tienen que hacer más natural el contacto con el arte».

Rodrigo Juarranz, en su galería en Aranda de Duero (Burgos).
Rodrigo Juarranz, en su galería en Aranda de Duero (Burgos). / El Norte

También desde la periferia surgió en 2006 el proyecto de Rodrigo Juarranz al abrir una galería con su nombre en la localidad burgalesa de Aranda de Duero. En este tiempo el negocio le ha ido a rachas, aunque zarandeado por la crisis y la atonía del mercado. Ha visto en las ferias nacionales y destinos europeos lugares de atracción para mostrar a artistas como la ceramista arandina María Oriza, o la obra de Alberto Sánchez, Juan Rojo o Luis Moro, estos tres últimos creadores castellano y leoneses residentes en EE UU,Australia y México.

Su proyecto se basa en el lema 'Arte al alcance de todos' y en la eliminación de cualquier atisbo de vinculación elitista. «El galerismo atraviesa por uno de los peores momentos; las ventas de arte en España representan solo el 1% de las de Europa, aquí no hay apoyo de las administraciones y si se presta, es a galerías consagradas», reprocha.

Apunta también que las ventas han bajado al caer la capacidad económica de la sociedad, pero también lo achaca a la falta de educación y de hábito de comprar arte. De ahí que su propuesta, más que en demandar subvenciones para acudir a ferias, se enfoca a que las instituciones hagan campañas públicas de promoción para comprar arte. «Y crear una feria de arte en Castilla y León; los artistas tenemos que unirnos y fomentar proyectos conjuntos», sugiere este profesional en cuyo local arandino vende obra desde 400 euros a 5.000, aunque, matiza, en las ferias de arte internacionales las creaciones de artisttas españoles cotizan cuatro o cinco veces más de lo que se paga aquí.

Desde la Junta de Castilla y León, la directora de Políticas Culturales, Mar Sancho, admite que el galerismo «no pasa por sus mejores momentos, es una tendencia detectada también a nivel estatal», y esgrime que la Consejería de Economía y Hacienda tiene habilitada una línea de cuatro millones de euros dedicada a la internaciolalización de pymes que incluye la asistencia de galerías a ferias. «El Estado contempla ayudas de hasta 5.000 euros por cada galería y la Junta hasta 200.000, y esa línea no se cubre».

Defiende que la compra de piezas a galerías que nutren la colección del Musac es una de las iniciativas de apoyo, y que la internacionalización –«que ha sido la salida para muchos sectores en los años de larga crisis»–, debería ser una apuesta en firme. Varios galeristas de Castilla y León están impulsado la creación de una asociación que aúne voces y demandas, una interlocución que Mar Sancho estima esperanzadora «para poner en marcha medidas de apoyo como las que ya existen con los gremios de editores y libreros para trabajar de manera conjunta».

 

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