Fernando Rey: «No se dan condiciones para reformar la Constitución con separatistas y populistas»

Fernando Rey, ayer, con el jurista Fernando Reviriego, que también intervino en las jornadas./Henar Sastre
Fernando Rey, ayer, con el jurista Fernando Reviriego, que también intervino en las jornadas. / Henar Sastre

El consejero de Educación de la Junta de Castillay León abrió ayer la primera jornada del ciclo Cine y Filosofía en el Patio Herreriano tras la proyección de 'El disputado voto del señor Cayo'

JESÚS BOMBÍNValladolid

¿A quién votaría hoy el señor Cayo? «Seguiría perplejo y sin votar, porque estoy seguro de que en las primeras elecciones democráticas en España no votó». Eso intuye el consejero de Educación de Castilla y León, Fernando Rey, a cuenta del personaje protagonista de la novela de Miguel Delibes 'El disputado voto del señor Cayo' (1978), encarnado por Francisco Rabal en la versión cinematográfica firmada por Antonio Giménez Rico en 1986.

Con una ponencia en torno a este filme y los 40 años de la Constitución española abrió ayer Fernando Rey la décima edición de las Jornadas de Cine y Filosofía en el Museo Patio Herreriano de Valladolid, en una sesión compartida con Fernando Reviriego, doctor en Derecho por la Universidad Carlos III de Madrid.

Que el señor Cayo percibiera con escepticismo y lejanía la política desde su despoblado rincón rural justo en el momento histórico en el que España se dotaba de un sistema democrático refleja, en su opinión, el sentir de que la Transición no fue vista por los ciudadanos con entusiasmo. «No fue recibida con la alegría con que en su momento se acogió la II República en 1931», circunstancia que achaca en parte a las heridas que dejaron la Guerra Civil y la dictadura.

Sin embargo, para el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Valladolid la Transición supone «la obra magna que hemos hecho los españoles, jamás nos hemos unido salvo en ese momento. Es la única aportación original de la historia española al constitucionalismo mundial, lo único admirable».

Interpelado antes de comenzar las jornadas por el momento político actual en el que la Carta Magna está siendo impugnada desde diversos ámbitos, Fernando Rey invoca la «mala salud de hierro» de un texto que ha proporcionado a los españoles cuatro decenios de convivencia bajo reglas democráticas. «Es evidente que tenemos que reformarla, pero ahora no podemos porque hay enemigos culturales y políticos de la Constitución, que son los independentistas y populistas de todo signo, no se dan las condiciones objetivas para abordar una reforma sensata. Aunque sin reformarla, la Constitución se está aplicando, tenemos uno de los países más democráticos del mundo. Los del 78 lo hicieron muy bien».

El experto constitucionalista estima necesario un «extenso y profundo cambio» del sistema político para mejorar su calidad y el control de las instituciones, algo que no ve factible mientras no cambie el clima de cultura política dominante. Algo que ocurrirá, confía, en algún momento. «Recuerdo la frase de Manuel Azaña, que decía que los españoles hacemos cosas razonables después de haber intentado todas las demás. Todavía estamos intentando las demás, pero al final quiero pensar que encontraremos lo razonable».

Aún así, no espera con optimismo cambios a corto plazo «dada la deriva actual, porque se está radicalizando la vida política y eso es una desgracia, que abandonemos la centralidad». De la irrupción de Vox en Andalucía y la onda expansiva de su discurso, interpreta que se trata de un fenómeno «inesperado pero previsible en el sentido de que da la réplica a la deriva radical de la izquierda, al populismo que representa Podemos. Así, ha llamado al estrado al populismo de derechas que representa Vox. El coqueteo del PSOE con Podemos y del PP con la versión más radical son antagonismos necesarios, aunque todo eso es una desgracia, porque la reforma de la Constitución debiera venir fundamentalmente por el acuerdo político del PSOE, PP y Ciudadanos».

La clave, estabilidad

Sobre hasta dónde llega la desorientación del constitucionalismo español en la actualidad, el consejero de Educación afirma que esta es «máxima». «Por eso –aduce– necesitamos, entre otras cosas, unas elecciones pronto, para que el electorado dirima esta situación de bloqueo e inestabilidad, con un gobierno estable. Del signo que sea, pero estable».

Por último, en referencia al filme 'El disputado voto del señor Cayo' y las reflexiones a que da lugar, remarcó la voluntad de Delibes de contraponer la naturalidad y autenticidad de la vida rural frente a la artificiosidad del ámbito urbano y la vida política que se avecinaba. «De los tres políticos que tratan de convencer al señor Cayo, el único que se mantendrá en la política es el que pertenece al aparato del partido, en contraposición a otro que había sufrido persecución durante el franquismo, que abandona el escaño y el día que pasa con Cayo le hace entrar en crisis de valores atrapado por su autenticidad. Y el que menos auténtico es, al final es quien ha escalado en la política, lo cual fue premonitorio».