España planta cara a su leyenda negra

El éxito de 'Imperiofobia', de Elvira Roca, relanza el interés crítico por la propaganda antiespañola

Lienzo de Tlaxcala (1522), con el pacto de Hernán Cortés –junto a él, Malinche– con los cuatro tlataloques. /El Norte
Lienzo de Tlaxcala (1522), con el pacto de Hernán Cortés –junto a él, Malinche– con los cuatro tlataloques. / El Norte
Vidal Arranz
VIDAL ARRANZValladolid

Después de décadas de desinterés por parte de los estudiosos, la 'leyenda negra' se ha convertido en un fenómeno editorial en España. La 'culpa' principal le corresponde, sin duda, al libro 'Imperiofobia' (Siruela), publicado el año pasado por Elvira Roca Barea, y que se ha convertido en el ensayo más vendido de la última década, con 25 ediciones hasta la fecha. Ganador del premio 'Los Libreros Recomiendan' al mejor libro de no ficción, ha generado un nuevo interés por el estudio crítico de la propaganda histórica antiespañola, que se ha traducido en la aparición de nuevas publicaciones sobre el tema. Entre las más recientes, las obras de Pedro Insúa '1492. España contra sus fantasmas' (Ariel), y las reediciones de Iván Vélez 'Sobre la leyenda negra' (Encuentro) y 'Los orígenes de la leyenda negra española' (El Paseo), del historiador sueco Sverker Arnoldsson. Prueba evidente del impacto de la obra de Elvira Roca en este 'miniboom editorial' es que los tres libros cuentan con prólogo suyo, a modo de garantía y aval para los lectores que resultaron seducidos por la contundencia argumental de su célebre ensayo.

¿A qué obedece este repentino interés por asuntos tan lejanos en apariencia como la conquista de América, la expulsión de los judíos o la Inquisición, tres de los ejes centrales de la crítica histórica a España? No es casualidad que el éxito del libro de Roca Barea coincidiera con el estallido del golpe institucional catalán, arropado por una gran exhibición propagandística de argumentario antiespañol. Ni tampoco que los primeros libros de la nueva hornada de publicaciones sobre el tema, como la reedición del célebre libro de 1914 de Julián Juderías 'La leyenda negra española' (Esfera), el ensayo que popularizó la expresión negrolegendiaria, o incluso 'Vamos a contar mentiras. Un repaso por nuestros complejos históricos' (Edaf), de Juan Sánchez Galera y José María Sánchez Galera, sean posteriores al año 2012, fecha en la que se inicia oficialmente el 'procés' soberanista.

En todos los casos se intuye que los juicios despreciativos de la historia de España (muy abundantemente refutados por la historiografía moderna) resuenan en el argumentario del separatismo catalán (pero no solo en él; también en el de las fuerzas políticas de izquierda con más vocación rupturista, que promueven desde hace años campañas contra la celebración del Día de la Hispanidad). Las viejas apelaciones al oscurantismo, el atraso, la crueldad y la intolerancia españolas resucitan en el debate de boca de los líderes independentistas, y encuentran amplio eco en medios de comunicación nacionales, propiciando una sensación de incertidumbre y peligro. Añádase la inquietud generada por el fenómeno de las 'fake news' y la posverdad a partir de la desasosegante certeza de que la mentira a veces triunfa ('brexit'), y se tendrán algunos ingredientes del cóctel que explica la oportunidad de este renovado interés editorial.

«La leyenda negra ha construido una versión perversa de la historia de España, en la que todo es un horror. Y desde el momento en el que eso se asume, lo que lleva ese nombre no merece existir», explica Elvira Roca. «Entonces, te cargas de razones morales para provocar la destrucción de España. Si yo destruyo al malo, soy bueno. Esto es así de simple y de dual. Le achaco a España todas las maldades del mundo, y, como ya venía cargando con ellas desde las guerras de religión, no le va a extrañar a nadie, de modo que todo el mundo me va a creer, porque las culpas de España serán eternas». La gran aportación de Roca Barea es descubrir que este tipo de ataques no son en origen un problema exclusivo de España, sino algo que han sufrido todos los grandes imperios, y que hoy padece Estados Unidos.

La historia de España se cruzó con dos poderosos enemigos, la Reforma protestante y la Ilustración

Lo singular es que España ha interiorizado de forma especialmente intensa esas descalificaciones externas, lo que ha sumido al país en una gran debilidad moral. El explícito intento separatista de agitar en Europa el fantasma de la España negra, exagerando la violencia policial en la jornada del referéndum, primero, y recurriendo a tribunales belgas y alemanes para cuestionar la calidad democrática de la justifica española, una vez procesados los líderes separatistas, apunta en esa dirección. Y así ha sido interpretado por los historiadores del fenómeno.

Pedro Insúa reconoce que la visión negra está omnipresente en la cultura española (literatura, cine, series, incluso en los folletos de los museos…), hasta el punto de convertirse en clave esencial de la crisis política actual. El pensador búlgaro Tzvetan Todorov llegó a decir que el odio al otro es el fundamento de España, lo que supone una deslegitimación de origen del fundamento y la reputación nacional que se basa en la visión torcida de la historia que proporciona la leyenda negra. Insúa recalca la paradoja de que en España existan partidos con asiento parlamentario, en cuyos programas figura el no reconocimiento de la soberanía nacional española.

Resultados

«Ese fenómeno sui géneris, anómalo, poco común, realmente extraño, raro, solo es explicable cuando al nombre de España lo acompaña esa sombra negrolegendaria». El resultado es que a la sombra de esa visión siniestra «operan grupos, facciones, que, cual larvas neumónidas, se alimentan de la energía nacional, pero para agotarla, buscando explícita y formalmente la fragmentación de la nación y, por tanto, su ruina». La consecuencia perversa es que hay que dedicar al mero sobrevivir las energías que deberíamos gastar en prosperar.

«Historiográficamente la tarea que hay por delante es gigantesca», afirma Elvira Roca, «porque hay que desarticular la versión oficial de la historia de Occidente para colocar en su marco preciso los hechos». Y Pedro Insúa añade: «La historia de España es un auténtico campo de batalla en el que ganar una verdad, siempre a través de la controversia historiográfica más enconada, es todo un triunfo». No en balde, la historia de España se cruzó con dos poderosos enemigos, la Reforma protestante y la Ilustración, cuyos intelectuales han terminado conformando de forma decisiva el relato de la historia moderna de Europa.

Los libros citados no son los únicos recientes que tratan el tema. El año pasado se publicó 'El demonio del sur. La leyenda negra de Felipe II' (Cátedra), de Ricardo García Cárcel, prestigioso autor de uno de los escasos ensayos que la historiografía nacional ha dedicado a la propaganda antiespañola, publicado hace ya 26 años. También se reeditó en 2017 un libro clave en la defensa de la labor española en América: 'Exploradores españoles del siglo XVI' (Edaf), del periodista, aventurero, arqueólogo e investigador norteamericano Charles F. Lummis, uno de los primeros en darse cuenta de que las cifras de indios muertos manejadas por Bartolomé de las Casas eran sencillamente imposibles.

Escribió su ensayo en 1893 y fue publicado por primera vez en castellano en 1916. Tras una concienzuda investigación sobre el terreno, Lummis, defensor de los indios, explica que «la razón de que no hayamos hecho justicia a los exploradores españoles es sencillamente porque hemos sido mal informados. Su historia no tiene paralelo». Y añade: «Amamos la valentía, y la exploración de las Américas por los españoles fue la más grande, la más larga y la más maravillosa serie de valientes proezas que registra la historia». En 2016 Vélez publicó también 'El mito de Cortés. De héroe universal a icono de la leyenda negra' (Encuentro).

Guerra de los Ochenta Años (1568-1648). 'El saqueo de Amberes por soldados españoles', 4.11.1576.
Guerra de los Ochenta Años (1568-1648). 'El saqueo de Amberes por soldados españoles', 4.11.1576. / El Norte

El hispanista sueco Arnoldsson, en su libro sobre 'Los orígenes de la Leyenda Negra española' sitúa en el humanismo italiano el origen de la primera propaganda antiespañola –que hasta su publicación solía colocarse en la Apología de Guillermo de Orange, bastante posterior. A Arnoldsson le sorprende que los españoles sean denostados incluso por sus mejores cualidades, «y se escandaliza ante las críticas de los humanistas italianos, que consideran una barbaridad que la justicia española se empeñe en castigar delitos cometidos por gentes de la nobleza contra súbditos plebeyos», explica Elvira Roca en su prólogo al libro.

El vínculo entre la leyenda negra y la crisis de identidad nacional se aborda expresamente en el ensayo del hispanista Stanley Payne 'En defensa de España. Desmontando mitos y leyendas negras' (Espasa), publicado el año pasado, y que no se ciñe al análisis del periodo imperial, sino que llega hasta el presente. Fernando García de Cortázar se ha sumado también este año al debate en su ensayo 'España, entre la rabia y la idea', en el que reflexiona sobre la débil conciencia nacional española, insólita en nuestro entorno. «No hay comunidad política que, disponiendo de tan firmes raíces en el tiempo y en la cultura de Occidente, se haya interrogado sobre su solidez, su pasado y su viabilidad con tan conmovedora y arriesgada inquietud», asegura el historiador, que sitúa en la Transición el origen de algunos problemas: «¿Habrá que recordar que no fuimos capaces de erradicar el nacionalismo, sino que solo lo desplazamos hacia aquellos que tenían como programa exclusivo la negación de España».

El debate sobre la leyenda negra está lejos de haberse resuelto, pero el arsenal de argumentos contra las falsas verdades de la propaganda ya es abundante y preciso. La sociedad española se rebela contra la caricatura que otros dibujaron de su historia.

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