La venganza de la delegación inglesa cuatro siglos después

El grupo comandado por Berta, en primer término. Atrás, el de Hutchings. /
El grupo comandado por Berta, en primer término. Atrás, el de Hutchings.

Mark Hutchings y Berta Cano guiaron al grupo anglosajón y español respectivamente por la ruta que hizo el embajador londinense en 1605

valladolid

24 de mayo de 1605, la delegación inglesa que venía a ratificar la Paz de Londres en la corte de Felipe III entra en Valladolid a la vez que la lluvia cala las flores y pendones que ornan las calles. 4 de mayo de 2016, Berta Cano, directora del Departamento de Filología Inglesa de la UVA, y Mark Hutchings, profesor de la Universidad de Reading, se convierten en guías turísticos para explicar la Ruta de los Ingleses. La lluvia no afeó el encuentro en la plaza de Zorrilla.

Con los planos de Ventura Seco en mano, los asistentes pudieron ver el recorrido físico mientras que el histórico cobraba vida en el anverso del plano, gracias a los textos de los cronistas de la época. «El portugués lo cuenta de una manera más desenfadada», les advierte Berta. Tanto Berta como Mark han hecho del ceremonial público parte de su materia de estudio. El teatro político, la escenificación de la diplomacia, es la esencia de esta ruta y la visita de los herejes ingleses.

El paseo original trataba de impresionar a la legación foránea, que venía a la capital de un país en decadencia que no debía parecerlo. Por eso recorren las calles más señoriales, las que tienen más palacios de condes que acabarán invitándoles a entrar. Nueve hitos de esa visita se resumen en las crónicas reproducidas en el reverso del plano.

En 1605 la Embajada de los Ingleses fue retenida casi un mes en La Coruña, porque Valladolid no estaba preparada, y ya a las puertas de la ciudad, se la obligó a esperar dos días en Simancas por la misma razón. Ayer Berta hizo la introducción y primera lectura en Zorrilla al grupo español, tras repartir planos. Posaron, celebraron el buen tiempo y aún así el grupo anglosajón que seguía a Mark no se había movido. Hutchings se entretuvo más en los prolegómenos de la ruta, la venganza humorosa de las esperas obligadas de hace cuatro siglos. La avanzadilla española enfiló la calle Santiago.

En la Plaza Mayor se leyeron los textos de las celebraciones taurinas con las que regalaron a los ingleses, de allí a la Plaza del Ochavo, Platerías, Macías Picavea y Angustias arriba. Parada larga en San Pablo para leer los episodios de la procesión y el bautizo de Felipe IV, que el embajador vio desde la ventana del Palacio de Pimentel. Y de allí a la Casa del Sol. Ambas legaciones terminaron sin rivalidad alguna. Quizá el Ayuntamiento lo convierta en ruta estable.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos