La vallisoletana Clara Santaolaya busca financiación para el corto feminista 'Nuestra calle'

Clara Santaolaya, en la plaza de la Libertad de Valladolid. /Henar Sastre
Clara Santaolaya, en la plaza de la Libertad de Valladolid. / Henar Sastre

En el cortometraje se plantea una reivindicación social, política, estética e individual

SAMUEL REGUEIRA

Una de las reivindicaciones troncales en todos los movimientos feministas pasa por la reivindicación y reapropiación comunal de un espacio tan público como la misma calle, «privatizada e individualizada» en detrimento de la mujer, que sufre violencia machista a distintos niveles -cosificación, acosos, violaciones- en contextos más allá del ámbito privado. Frente a esta tesitura, la directora vallisoletana Clara Santaolaya plantea, a través del cortometraje 'Nuestra calle', una reivindicación social, política, estética e individual; una bofetada en el rostro del patriarcado con forma de cortometraje de doce minutos vertebrado en torno a cuatro mujeres que sufren esas agresiones de diferentes maneras, y que ahora busca financiación a través de una campaña de micromecenazgo abierta al público hasta el 15 de junio.

«Existe la violencia en el contexto de la calle y el contexto nocturno, hay una individualización del uso de este espacio público y parece importante recuperarla en común; que las mujeres la tomen como propia, la reivindiquen, puedan ir como quieran…», enumeró Santaolaya. Esa necesidad de deconstrucción propia pasa por que «la mujer sea consciente de que la calle también es suya y de que está siendo oprimida: se necesita una toma de conciencia y que esta se traduzca en una toma de poder».

Un momento del rodaje del corto 'Nuestra calle'.
Un momento del rodaje del corto 'Nuestra calle'. / El Norte

Por eso Vera, Alma, Soledad y Libertad, las cuatro mujeres protagonistas de 'Nuestra calle', celebran su empoderamiento a través de la sororidad, identificando opresiones propias y ajenas y mediante la transmisión de fuerza y la empatía de género. Vera (Alba Galocha) es un personaje con un compromiso político activo que, sin embargo, sufre la desconsideración en el seno de su pareja: «Hay hombres aliados y cómplices, y muchos compañeros que flaco favor nos hacen al querer liderar nuestra lucha». Para la cineasta «no es que no comulguen, sino que les cuesta ceder espacios y tiempos, derechos y privilegios».

Otro de los personajes protagonistas de 'Nuestra calle' es Alma (Ana Rujas), una joven que vive la noche sin ser consciente de las agresiones que, casi mecánicamente, ha de sortear. «El cortometraje pretende visibilizar agresiones en la base de la pirámide del machismo: el cine nos ha mostrado mucho la cúspide, pero es importante también aprender a identificar estos otros males, visibilizarlos y decir basta». Con la misma importancia se presenta a Soledad (interpretada por la ganadora del Goya Adelfa Calvo), un ama de casa que, a la muerte de su marido, abre los ojos a una nueva visión del mundo: «Con la imposición de la maternidad hemos obligado a que las mujeres cumplan unas expectativas que se traducen en anteponer las necesidades de los hijos a las propias», ilustra la directora.

Un equipo técnico femenino en un 80%

Otra de las reivindicaciones que Santaolaya enarbola con este cortometraje es hacer frente a la «masculinización» que el cine ha hecho de las tomas de la calle. Desde 'El acorazado Potemkin' hasta el cine de Pudovkin, pasando por las recreaciones fílmicas de Mayo del 68, la Primavera Árabe o el 15M, toda reivindicación social se traslada al celuloide poniendo el foco en la ocupación violenta del espacio, donde las mujeres «o no están o son minoría», y donde «en sus performatividades siempre emerge una verticalidad, una figura del líder y unas jerarquizaciones inexistentes en la perspectiva femenina».

Por eso, eventos como el 8M o las distintas marchas feministas «han cambiado el punto de vista de la calle y el empoderamiento femenino». Y para asegurarse de que dicha representación se traslada con fidelidad, la cineasta se ha rodeado de un equipo técnico eminentemente compuesto por mujeres -en torno a un 80%-: «Es otra manera de reivindicar nuestro espacio… también detrás de las cámaras». El rodaje se extenderá durante las últimas semanas de junio, y el montaje se desarrollará a lo largo de septiembre. «Nuestra idea es presentarlo en algún festival de relevancia», apuntó Santaolaya, entre los cuales sopesa la Seminci.

Es Libertad (Abril Zamora), el personaje más arriesgado, una mujer transexual que trabaja la calle y que apela directamente a uno de los debates internos más enconados dentro del feminismo; el de ceder espacio y tiempo a las personas nacidas hombres y que con los años han descubierto que su identidad de género es la de mujer: «Hay mujeres que consideran que las personas trans están copando el debate feminista, y sostienen que, desde su situación, no se ha podido asimilar esa opresión de mujer», concede Santaolaya, «mientras que los trans consideran que tienen una doble discriminación e invisibilización». Su perspectiva en esta discrepancia, con todo, resulta clara: «La lucha ha de ser todo lo transversal posible; la esencia es la igualdad, el respeto y el empoderamiento de la diversidad».

Lucha sin fin

El Consejo Local de la Juventud de Valladolid, la Fundación Secretariado Gitano en sus sedes de Madrid y Valladolid y el colectivo COGAM han colaborado también en el apoyo a este documental, cuyas aportaciones pueden hacerse en el sitio web www.verkami.com/projects/20511-nuestra-calle. Con esta película, Santaolaya busca contrarrestar aquellas razones sociales, culturales e idiosincráticas por las que el feminismo aún se resiste a cuajar en una parte de la población: «Es la sociedad la que repite que el problema lo tenemos nosotras, que las cosas no son así y que nos lo tomamos todo a la tremenda». Por fortuna, el éxito social y mediático del movimiento le permite ser optimista: «Hay una toma de conciencia colectiva y una visibilización del movimiento feminista ahora que supera al miedo previo de ser diferente, de sentirse una histérica…».

Asume la directora sin prejuicios el argumento de que hoy todo el mundo parece subirse al carro del feminismo: «Ha sucedido con todos los movimientos sociales: la literatura, la televisión y las redes sociales lo multiplican hasta transformarlo en moda». Pero para ella, el beneficio es mayor: «Los jóvenes tienen una visión más clara, y hay que asumir que esta revolución es hija de nuestro tiempo, de la era del Instagram». La lucha, de la manera que sea, sigue adelante aún sin fin.

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