El milagro del cine y el milagro de la Navidad

El séptimo arte ha rendido todos sus géneros al calor de las fiestas navideñas con filmes icónicos

Escena final de '¡Qué bello es vivir!' (1946), de Frank Capra./
Escena final de '¡Qué bello es vivir!' (1946), de Frank Capra.
Samuel Regueira
SAMUEL REGUEIRAValladolid

Un error de caducidad en los derechos de '¡Qué bello es vivir!' propició que cayera en dominio público después de resultar un discreto fracaso en taquilla (apenas recaudó doscientos mil dólares más de lo que costó). Al perderse las cuotas de exhibición en la pequeña pantalla, las televisiones programaron sin piedad el filme de James Stewart y Frank Capra en fechas navideñas, convirtiéndolo en un clásico ligado a estas fiestas, que como 'Ben-Hur' o 'Mars Attacks!', se proyecta cada año.

Fue la eclosión de la pequeña pantalla el caldo de cultivo que brinda innumerables y olvidables películas navideñas, de trama ligera y sin mayores pretensiones de entretenimiento, para servir más como ruido de fondo al encuentro familiar que como un producto de acabado artístico impecable o de resultar un hito cultural significativo. Y, sin embargo, hay algunos títulos que han conseguido este estatus de culto.

Justo es reconocer que el cine clásico también prestó cierta atención a estas películas, y no solo a través de las incontables versiones del 'Cuento de Navidad' dickensiano, también a través de propuestas como 'De ilusión también se vive' (con un remake noventero, 'Milagro en la ciudad') o la musical 'Navidades blancas', con Bing Crosby.

En los sesenta, las televisiones americanas dieron con dos productos que hoy siguen rentando enormemente; la muy aplaudida aventura navideña de Snoopy 'A Charlie Brown Christmas' y el salto a la pantalla del Grinch, la creación del Dr. Seuss que este año conoce una nueva adaptación fílmica. Los setenta, la década del cine de autor por excelencia, no dejaron consignadas ninguna película memorable salvo el largometraje de terror 'Navidades negras', pero los años que estaban por venir demostrarían, por más de un concepto, que las reglas del juego iban a cambiar pronto.

Los ochenta fueron unos años muy fructíferos para la gestación de nuevos clásicos navideños. Uno de los más aplaudidos en Hollywood, apenas recordado en España, es 'Historias de Navidad'. Los periplos del joven Ralph por convencer a los suyos de que el mejor regalo para esas fiestas es una escopeta de aire comprimido, con los resultados de prever. La película se ha visto superada allende las fronteras por diferentes propuestas más alejadas de la Navidad en sí y que optaron, en su lugar, por mantenerse fiel a su género e introducir diferentes toques festivos.

En la comedia ochentera destaca la fábula 'Entre pillos anda el juego', una corrosiva sátira social protagonizada por Eddie Murphy y Dan Aykroyd en la que dos hermanos tratan de apostar si el éxito en la vida es cuestión genética o condicionada por el entorno, y en el que intercambian los destinos de un acomodado hombre blanco rico y un pícaro negro pobre para poner a prueba sus teorías. Otras comedias, como la familiar y tontorrona '¡Socorro, ya es Navidad!' o la canalla 'Gremlins', también dieron cabida al fenómeno cultural navideño en sus tramas narrativas.

Yendo también hacia el terror, en pleno furor de las películas 'slasher' sobre asesinos en serie en la línea de 'Halloween', 'Viernes 13' o 'Pesadilla en Elm Street', la Navidad se hizo su hueco en 'Noche de paz, noche de muerte'. Pero el mayor éxito en este sentido se lo llevó el cine de acción con 'La jungla de cristal', con un Bruce Willis en estado de gracia que se enfrenta en plenas fiestas a un grupo de terroristas alemanes.

Los noventa ya comenzaron a acusar una tendencia a las sagas. También emerge una cierta infantilización general en las películas más representativas, concebidas para un consumo familiar generalizado: 'Solo en casa', paradigma de las películas con 'niño listo' protagonizada por un Macaulay Culkin en el mejor de sus días, o 'Vaya Santa Claus' son los casos más representativos.

'Solo en casa' (1990).
'Solo en casa' (1990).

Por fortuna, también emergen algunos títulos cuya independencia les otorga cierto mérito. La fábula familiar 'Jack Frost' o la simpática crítica al consumismo 'Un padre en apuros' fueron apuestas curiosas que no llegan a la altura de la más arriesgada propuesta en estos términos: la aplaudida 'Pesadilla antes de Navidad', en la que Tim Burton, quien ya había triunfado con otra fábula navideña, 'Eduardo Manostijeras', domestica a los códigos navideños para su universo macabro.

El nuevo milenio aún trata de encontrar su sitio entre todo lo producido hasta entonces, apelando a varios de los éxitos previos y dibujando su propio retrato: un reclamo de la nostalgia que toca distintos resortes mientras se olvida de generar uno propio. La comedia entre gamberra y tontorrona triunfó en 'Elf', la fábula navideña en 'Family Man', el cine de acción volvió a verse en 'Bad Santa' y 'Operación Reno', el humor canalla con 'Fred Claus: el hermano gamberro de Santa Claus'; y la animación trató de buscar su lado más original con el siempre solvente Robert Zemeckis en 'Polar Express'.

Hasta la fecha, la única película navideña significativa que se puede atribuir el siglo XXI es la comedia romántica 'Love Actually', un fresco de historias amorosas con magníficos intérpretes británicos y un resultado global satisfactorio, que juega a la diversidad para mantener contento a todo tipo de público.

'Love actually' (2003).
'Love actually' (2003).

Las nuevas plataformas digitales siguen esforzándose en encontrar su diamante en bruto. Netflix ha estrenado 'Crónicas de Navidad', una comedia con Kurt Russell de Papá Noél que calcula todos los públicos e impactos para conquistar la máxima audiencia. Quien quiera rebuscar alguna rareza, su atención debe fijarse en la desapercibida 'Cuidado con los extraños', una rarísima combinación de 'Solo en casa' con el cine de Haneke que funciona, y bastante bien, para unas Navidades de sabor diferente al más dulce de los turrones.

La producción española

La filmografía patria también ha prestado cierta atención a las señaladas fiestas navideñas a lo largo de su historia. Es tal vez el 'Plácido' de Berlanga el ejemplo más representativo de esta corriente, con el punto de partida de la idea 'Siente a un pobre a cenar a su mesa' que a un grupo de mujeres acomodadas se les ocurre de cara a Nochebuena.

Una década antes, Juan Antonio Bardem construyó una comedia algo más suave, si bien sin dejar de señalar la pobreza de sus protagonistas, en 'Felices pascuas'; la historia de una familia de pocos recursos y de cómo los niños se encariñan con el corderito que iba a ser su cena de Navidad.

Con todo, si una película española ha sido vista en televisión el mismo número envidiable de veces que '¡Qué bello es vivir!', esa ha sido 'La gran familia', cuyo célebre clímax navideño, con Pepe Isbert llamando al pequeño Chencho por las calles de Madrid, se ha instalado en el imaginario colectivo nacional con la misma fuerza que el árbol, el discurso del Rey o el belén.

Ha sido en el ámbito de la comedia donde el cine español más se ha querido empapar de guiños navideños. Paco Martínez Soria se arrimó a este filón con 'Se armó el Belén'; un Borja Cobeaga recién salido del éxito de 'Pagafantas' se sumó a los caos de los aeropuertos con su 'No controles', y Miguel Bardem dedicó una de sus habituales incursiones a la comedia con 'Noche de reyes'. En la casa de la fama del cine español navideño no podría dejar de figurar, y que nos perdonen los puristas, 'El día de la bestia', la feroz comedia satánica de un desatadísimo Álex de la Iglesia en la que un sacerdote vasco y el presentador de un programa televisivo sobre ciencias ocultas tratan de impedir el advenimiento del Anticristo en pleno día de Navidad.

Dentro de las rarezas cabe consignar 'Cuento de Navidad', dirigida por Paco Plaza bajo el calor de las 'Películas para no dormir' resurgidas de mano de Ibáñez Serrador en pleno siglo XXI.