«El ‘eroguro’ consiste en un erotismo absurdo, extremo y grotesco»

Jesus Palacios, crítico madrileño, y ponente en el 54º Curso Cinematográfico de la Universidad de Valladolid. /Ramón Alonso
Jesus Palacios, crítico madrileño, y ponente en el 54º Curso Cinematográfico de la Universidad de Valladolid. / Ramón Alonso

El crítico Jesús Palacios definió a la vanguardia japonesa de los años 20 en el 54º Curso de Cine de la UVA

SAMUEL REGUEIRA Valladolid

Su nombre completo es ‘ero guro nansensu’; la parte ‘ero’ es el apócope de erotismo, ‘guro’ equivale a ‘grotesco’ y ‘nansensu’ es un término derivado del inglés ‘nonsense’ (absurdo, literalmente ‘sin sentido’). El fenómeno del “eroguro” descansa en suscitar esa reacción adversa, una cosquilla en la psique cercana a la náusea, un revulsivo en las tripas que desafíe los nervios del espectador… Jesús Palacios analizó durante las tardes del miércoles 16 y el jueves 17 este movimiento japonés en la 54ª edición del Curso de Cinematografía, cuyo impacto sacudió la literatura, el cómic manga y, por supuesto, el séptimo arte.

«El ‘eroguro’ consiste en un erotismo absurdo, extremo y grotesco, que no vacila en incluir deformaciones o mutilaciones», explicó el crítico y escritor. «Frente al ideal sagrado del emperador o del samurái que caracterizó buena parte de las ficciones japonesas durante décadas, el ‘eroguro’ humaniza a la persona, a sus héroes, y los convierte en carne… en carne que sufre».

Su germen data, como los movimientos netamente vanguardistas en los países occidentales, de los años veinte, tras una larga tradición en el período Edo de grabados sangrientos y sexuales, y unos años de censura y represión en la Era Meiji. Será Yasunari Kawabata quien acuñe el término ‘eroguro’ para un fenómeno que no conocerá mayor fuerza hasta después de la II Guerra Mundial, cuando la censura aliada se preocupe más por vetar contenidos militaristas que estéticos: «Entonces reapareció aquel erotismo perverso, empapado de grotesco humor negro».

Con directores como Nagisa Oshima (‘El imperio de los sentidos’) o Teruo Ishii (‘Horrors of Malformed Men’), y con el espíritu de escritores de principios de siglo XX como Junichiro Tanizaki o Edogawa Ranpo, los delirios de horror desquiciante de este cine pronto encontrarían un pequeño eco en el mundo occidental, a partir de los trabajos de Clive Barker, de H. R. GIger o incluso de David Cronenberg. «Pese a todo, las películas siempre han ido un paso atrás, en lo que es el extremo, de la literatura o el manga», aseguró Palacios.