'El fotógrafo de Mauthausen: Enfrentarse al relato establecido

La sociedad actual presenta una saludable costumbre de cuestionar los discursos históricos estipulados, en especial cuando los revitalizan los largometrajes de ficción

El 5 de mayo de 1945 tropas estadounidenses entraron Mauthausen, donde los republicanos españoles recibieron a los soldados aliados con el cartel 'Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras'./
El 5 de mayo de 1945 tropas estadounidenses entraron Mauthausen, donde los republicanos españoles recibieron a los soldados aliados con el cartel 'Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras'.
Samuel Regueira
SAMUEL REGUEIRAValladolid

Al comienzo de la película 'El fotógrafo de Mauthausen' (Mar Targarona, 2018), se desarrolla una escena entre Francesc Boix (Mario Casas) y el Oberscharführer de las SS Paul Ricken (Richard van Weyden), en el interior del cuarto de revelado de las fotografías tomadas en el campo de concentración. Ricken se encuentra manipulando unas instantáneas con efectos de luz: «Eso es trampa», señala Boix, confiado en el ambiente de complicidad que le brinda su captor. «Esto es arte», le replica el alemán. Boix se sonríe: «Yo prefiero capturar la realidad tal y como es». «La realidad –sentencia el nazi– es solo un punto de vista».

Las críticas a propósito del filme sobre el fotógrafo catalán y comunista que recuperó más de un millar de negativos como prueba de la barbarie nazi se han sucedido, desde su estreno, con cierta virulencia. Concha Díaz Berzosa, vicepresidenta de la asociación Amical de Mauthausen, señaló en una entrevista radiofónica a Radio Sefarad incongruencias cronológicas presentes en el largometraje, detalles inexactos e incluso episodios inverosímiles dentro de la trama narrativa; desde la fiesta en la casa del empresario hasta la pelea entre Boix y Ricken, pasando por el personaje de Dolores (Macarena Gómez). Para la responsable de representar a los republicanos que fueron deportados a los campos nazis de concentración, mezclar estas dosis de ficción con la realidad supone un escándalo intolerable que da pábulo a los negacionistas, al rechazar optar por el dolor real y las situaciones auténticas en función de una historia más digerible y que se centra en primeros y primerísimos planos de Boix, desdibujando así la acción colectiva que supuso la estrategia de recuperación de dichos negativos del campo de Mauthausen.

Francesc Boix en el campo de concentración.

En las películas biográficas, con todo, siempre ha sido recurrente este factor ficción que toda persona, esté viendo 'Braveheart' o 'Persépolis', espera. En ocasiones emergen personajes que, aunque en la época fueron aliados o colaboradores estrechos de la figura protagonista del 'biopic', en el celuloide se tornan enemigos (sucede en 'Amadeus' o 'The Imitation Game', entre otras). Otras veces el dolor de las víctimas, si el héroe o heroína es alguien que cae al otro lado de la ley, se banaliza (desde 'Monster' a 'El lobo de Wall Street'). Por último, existen casos, los más frecuentes, en los que el guion se inventa dramas más poderosos, en el sentido narrativo, para dar sentido a la épica cinematográfica: ni el protagonista de 'El puente sobre el río Kwai' antepuso su construcción a su sabotaje, ni la familia Von Trapp de 'Sonrisas y lágrimas' se escabulló de los nazis tras un número musical por los Alpes suizos.

Pedestales derribados

La tensión entre el respeto fidedigno a la verdad, con todo su contexto, frente al sentido del ritmo que exige una película (incluyendo, en este segundo lado del cuadrilátero, y no es una cuestión menor, la libertad creativa de sus responsables) existe, ha existido y existirá, independientemente tanto de la personalidad histórica retratada (Gandhi, Frida Kahlo, Emily Dickinson o el marqués de Sade) como del renombre de quien está tras la cámara; sea John Ford, Spielberg, Mira Nair o Margarethe von Trotta. Pero en esta tesitura se añade una nueva, y bien saludable, corriente que cada vez cuenta con más adeptos: la necesidad de desmitificación, de contestar al relato establecido, de derribar a los héroes de sus pedestales y de demostrar, mediante hechos y una pasión casi cercana al enamoramiento por la verdad, que lo que se nos ha contado o aquello que hemos dado por hecho a lo largo de la historia tiene matices o, simplemente, está equivocado.

Ficha de Boix.

Uno de los ejemplos clave en todo esto es la reacción a la emisión radiofónica de 'La guerra de los mundos', de Orson Welles, mucho menos exagerada originariamente de lo que el relato posterior, y el imaginario colectivo, han querido proyectar. Lo mismo se aplica a los (en realidad, escasísimos) suicidios del crac del 29 o que la televisión diera la victoria a Kennedy en su debate electoral frente a un Richard Nixon que triunfó en la radio. Y las películas biográficas tampoco escapan a estos radares; están las que suavizan las zonas más oscuras de titanes como el matemático John Nash ('Una mente maravillosa'), el músico Ray Charles o el artista Christy Brown ('Mi pie izquierdo'), las que omiten episodios poco creíbles para la ficción, como sucedió con Claus von Stauffenberg en 'Valkiria', o las que terminan antes de que el protagonista caiga en el epílogo de su desgracia, como les sucediese a Erin Brockovich o a Oskar Schindler.

El historiador David Wingeate Pike recorre el camino opuesto a estas tres vías dentro del libro 'Dos fotógrafos en Mauthausen' (Ediciones del Viento, 2018), que se basa en el testimonio de otro prisionero español del campo alemán, Antonio García, para arrojar luz sobre esas sombras en torno a Francesc Boix, cuestionar sus proezas más increíbles señalando a la vez aquellos episodios que entorpecen a la construcción del ídolo inmaculado y valorar, en definitiva, todas aquellas palabras sospechosas de su declaración en Núremberg.

Con frecuencia, el guion se inventa dramas más poderosos para dar sentido a la épica cinematográfica

Así, el libro narra distintos episodios de la vida del fotógrafo de Mauthausen con un nuevo enfoque; el de un preso servil con los nazis, un soplón que aprovecha sus animadversiones personales para poner en peligro a sus compañeros y que, en una ocasión, conduce a la mutilación y muerte de su compañero Grabowski y que, en última instancia, se atribuye el mérito de instantáneas propias y ajenas, con el rédito económico y el legado ante la historia que deparan tan importantes documentos. Pike articula un apasionado discurso en defensa del fotógrafo olvidado, García, y construye en torno a Boix un relato desmitificador de manual que entronca a la perfección con estas inquietudes tan de nuestro nuevo milenio: hallar esa narración alternativa que demuestre que lo establecido estaba equivocado, formar parte de una minoría de privilegiados con los suficientes datos y argumentos para componer una verdad diferente y mirar, en definitiva, a la antigua deidad de igual a igual, una vez destruida su residencia divina.

Fotograma de la película 'El fotógrafo de Mauthausen'.
Fotograma de la película 'El fotógrafo de Mauthausen'. / El Norte

Cuestionar y cuestionar

Si la comunidad leyente de este medio ha llegado hasta aquí asintiendo con la cabeza en silencio, aceptando cuanto sostiene este redactor y sin cuestionarse, en definitiva, el relato hasta ahora articulado en este reportaje, es hora de que empiece a hacerlo. Porque es de eso de lo que venimos hablando: de la necesidad de derribar pedestales, de plantear preguntas en torno a un relato establecido, de la verdad, de su contexto.

El libro de David W. Pike aparece, muy oportunamente, al calor de la película de Targarona. Pero tampoco es un trabajo nuevo: no solo el historiador ya abordó estas cuestiones en su obra 'Españoles en el Holocausto' (Debolsillo, 2008), sino que supone un refrito de muchos párrafos allí publicados, debidamente desmentidos y que el propio autor olvida, en este nuevo ejemplar, enmendar. El ejemplo más flagrante es el pasaje sobre la mutilación y muerte del arriba mencionado Grabowski, calcado de su libro anterior; un personaje que, más tarde en esta última obra, según afirma el autor haber descubierto después, volvió vivo a su Viena natal. Pero el párrafo no se rectifica. Muchas incorrecciones devenidas del relato de García resultan desmentidas por un autor que asume, varias veces a lo largo del libro, que sus primeras publicaciones eran inexactas, que su confianza fue indebida y que, pese a todo, no duda en calificar a Boix de adulador, chismoso, soplón y egoísta. Y esas son sus propias palabras. No las del prisionero entrevistado.

«Pike tiene una obsesión con Boix, ha publicado cosas demostradamente falsas: Mauthausen jamás habría perdonado a un traidor», afirma Carlos Hernández de Miguel, responsable de 'Los últimos españoles de Mauthausen'. El periodista señala otro error de una gravedad notable, este sí corregido: «Dijo que llegó al campo sin experiencia profesional previa, cuando sabemos que ya había hecho fotos durante la Guerra Civil», como también da por probado, entre otros documentos, el reportaje 'Las dos guerras del fotógrafo Boix'.

Los relatos más atractivos siempre contienen un elemento que retenga adeptos

En una línea similar se pronuncia Benito Bermejo, historiador autor de la biografía de Boix y frecuentemente enfrentado a la línea discursiva de David W. Pike: «Considera que Boix es el héroe comunista oficial, y debe desenmascararlo», sostiene. «No es nada personal, más que la virtud de poder desmontar a los comunistas una figura que, si bien tuvo cierto protagonismo, fue reducido, el de un héroe casero». Bermejo, quien en su día desenmascaró a Enric Marco, el impostor que afirmó ser un deportado de Mauthausen, concede un poso de similitud en el hecho de que Pike sienta haber encontrado su propio Marco en Francesc Boix, años atrás, pero desdeña que aquí haya «mucho ídolo para destruir».

Los relatos más atractivos siempre contienen, de forma más o menos evidente, un elemento que retenga adeptos a él. Así se robustecen las célebres 'fake news'. Por eso cuestionarlos es más difícil que estimularlos. Sin embargo, ahora que ese cuestionamiento es vertebral a nuestro modo de consumir cultura y entender nuestra historia, nuestro esfuerzo debe ser doble; tanto para enfrentar lo establecido como de cara a averiguar las intenciones de quien busca desestabilizarlo, sea un historiador, una persona representante de una asociación en defensa de deportados republicanos o el periódico que tienen entre las manos. En el cine donde se proyectaba 'El fotógrafo de Mauthausen' pudo oírse, en una escena silenciosa, a Freddy Mercury y a su banda ensayando 'Bohemian Rhapsody' en el 'biopic' que se exhibía en una sala contigua: «Is this real life? Is this just fantasy?». ¿Es esto la vida real? ¿O es solo fantasía? Al contrario de lo que afirman los nazis, la realidad es, por encima del relato, mucho más que un punto de vista. La reflexión, el sentido crítico y el cuestionamiento son, más que nunca, nuestra responsabilidad.

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