'La diligencia', de John Ford: de Maupassant a la defensa de las minorías

John Wayne, en 'La diligencia'/united artists
John Wayne, en 'La diligencia' / united artists

La película que resucitó el 'western' y encumbró a su director y a John Wayne cumple ochenta años

DAVID FELIPE ARRANZ

En 1870, durante la ocupación de Francia en la guerra franco-prusiana, diez personas huyen de Ruan en dirección a El Havre (Normandía): tres matrimonios –comerciantes de vino, de algodón y descendientes de la realeza–, dos monjas, un revolucionario y Elizabeth Rousset, una mujer de vida alegre, conocida como 'Bola de Sebo', apodo que da título a este delicioso cuento de Guy de Maupassant, que fue publicado por Émile Zola en 1880, en 'Las veladas de Médan'. La prostituta, que pasa la noche en una posada con un oficial prusiano, es víctima de las burlas de los crueles pasajeros, que le niegan el alimento que el día antes la muchacha ha compartido con todos.

La película

La diligencia
1939. 99 min. United Artists. Estados Unidos. Dir. John Ford. Reparto: John Wayne, Claire Trevor, Thomas Mitchell, Andy Devine, George Bancroft,Donald Meek, Louise Platt, John Carradine, Berton Churchill, Tom Tyler, Tim Holt.

A partir de esta premisa, el escritor Ernest Haycox –alabado por Ernest Hemingway y Gertrude Stein– escribió el cuento 'Diligencia para Lordsburg' para 'The Saturday Evening Post' en 1937 y trasladó las tierras del noroeste de Francia al microcosmos de Nuevo México en 1885. Haycox consigue que lo mejor y lo peor de las personalidades de los personajes emerjan a lo largo del viaje en el espacio cerrado y claustrofóbico de la diligencia. Dos años después, Dudley Nichols convirtió aquel exitoso relato en un prodigioso guion y volvió a contar la historia de unos pasajeros que no toleran la presencia de la empática Dallas, mujer de vida alegre que, a lo largo de un incómodo y mortal viaje, ayuda a todos. Desde 'Tres hombres malos '(1926), Ford no había vuelto al cine del Oeste hasta que realiza esta película en 1939, considerada hoy como el primer 'western' moderno y primera película de Ford filmada en el maravilloso Monument Valley, escenario natural al que el cineasta de padres irlandeses acudiría una y otra vez para rodar, por ejemplo, su 'Trilogía de la caballería' o esa catedral de emociones que es 'Centauros del desierto' (1956).

El entonces desconocido John Wayne, a quien Ford ya le había echado en 'La gran jornada' (1930), de Raoul Walsh, volvió a la gran pantalla con el célebre plano del zoom y se convirtió de inmediato en la sensación del género: de hecho, Wayne, alias 'Duke', convenientemente 'reeducado' por su cruel padre 'putativo' John Ford, fue sinónimo de vaquero rudo y viril y trascendió como icono las fronteras del celuloide del Oeste. En 'La diligencia' da vida a Ringo Kid, un forajido de buen corazón que busca venganza por el asesinato de su padre y su hermano y que muestra su cortesía solo con aquella a la que han humillado los pasajeros, Dallas. Ambos representan una mezcla de instinto y bondad que solo puede crecer fuera de la sociedad fatua y corrupta a la que pertenece el resto del pasaje. De similar musculatura ética es el médico borrachín, al que interpreta el genial Thomas Mitchell, álter ego del propio Ford que recita el verso magistralmente en un permanente pero consciente estado de ebriedad.

Fue el intérprete y especialista Yakima Canutt quien le enseñó a John Wayne a caerse del caballo sin desnucarse en las escenas de acción. Y, a su vez, Wayne fue quien presentó a Canutt a John Ford, que andaba buscando cómo resolver técnicamente las persecuciones de los indios a la diligencia hacia Lordsburg. Ford aprendió del campeón de rodeo todo lo que necesitaba saber para construir unas escenas tan trepidantes que a la propia Claire Trevor le quitaban el aliento: la actriz salió del estreno asegurando que 'La diligencia' era la mejor película que había visto nunca, opinión compartida por unanimidad por la crítica y algunos destacados genios, como el mismísimo Orson Welles, para quien su amigo 'Jack' Ford había filmado la mejor película jamás realizada. Durante el rodaje de 'Ciudadano Kane' (1941), Welles llegó a ver 'La diligencia' más de cuarenta veces para inspirarse en la planificación del que ya consideraba su maestro. Ford fue un cineasta atravesado por incesantes contradicciones y vaivenes emocionales y vitales, que trabajaba creando un ambiente de camaradería masculina, actitud que trasladaba de los rodajes a su vida personal.

El maestro John Ford jamás fue un racista ni un fascista, como muchos ignorantones han afirmado sin conocer su mirada comprensiva hacia las minorías. Fue un discreto progresista –como revelan algunas cartas que se conservan en su archivo– que chocó con cineastas más conservadores como Cecil B. DeMille; le investigó el FBI por razones ideológicas y dio trabajo a más de un centenar de indios navajos que malvivían en su reserva y que lo mismo hacían de apaches que de comanches. Además, Ford contrató a todos los viejos 'cowboys' a los que ya habían despedido productoras como la Universal y que deambulaban buscando trabajo por los grandes estudios. No en vano, en plena segregación racial, filmó 'El sargento negro' (1960), primera película que defendió el papel de los Soldados Búfalo: afroamericanos en el 10º Regimiento de Caballería y que abrió las puertas al 'western' con conciencia social. Porque el cine de Ford en su perfección y sus convicciones éticas es como las rocas de sus amadas Utah o Arizona: inalterable.