Angélica Tanarro reivindica la figura de la cineasta Lucrecia Martel

Angélica Tanarro, colaboradora de El Norte de Castilla, durante la conferencia en la Cátedra de Cine. /Henar Sastre
Angélica Tanarro, colaboradora de El Norte de Castilla, durante la conferencia en la Cátedra de Cine. / Henar Sastre

Roberto Cueto desarrolla una ponencia sobre la relevancia del fenómeno 'spaghetti western'

Samuel Regueira
SAMUEL REGUEIRAValladolid

El Curso de Cine de la Universidad de Valladolid afronta el ecuador de su 55ª edición con una sesión doble celebrada ayer, a cargo de Angélica Tanarro, por la mañana; y Roberto Cueto, por la tarde, quien además prorroga su seminario a la tarde de hoy viernes. La colaboradora de El Norte de Castilla abordó una de las figuras más emblemáticas del nuevo cine argentino, Lucrecia Martel; mientras que el habitual ya del Curso, Roberto Cueto, dedicó sus esfuerzos a la relevancia del spaghetti-western en la construcción e influencia sobre futuras obras maestras del cine a partir del emblemático trabajo de dos de sus puntas de lanza: el director Sergio Leone y el compositor Ennio Morricone.

«Lo que define a Lucrecia Martel es su confianza en el lenguaje cinematográfico y en las herramientas que este brinda para contar historias», declaró Tanarro momentos antes de su intervención ante la veintena de estudiantes que conformaban su auditorio. «Huye de lo obvio, prefiere lo fragmentario antes que lo lineal, y muestra con la cámara en lugar de servirse de recursos como dirigirse al espectador a través de los diálogos entre los personajes». Esta ausencia deliberada de un contexto es evidente, sobre todo, en sus tres primeras películas; 'La ciénaga', 'La niña santa' y 'La mujer sin cabeza' -en España rebautizada como 'La mujer rubia'-, caracterizadas también por el empleo de los encuadres cerrados para recrear atmósferas asfixiantes, unos sonidos que transmiten desasosiego e inquietud al espectador y una dirección de actores a la altura de la de su protector; Pedro Almodóvar.

Roberto Cueto participó en el 55º Curso de Cine con su ponencia sobre la reivindicación del western.
Roberto Cueto participó en el 55º Curso de Cine con su ponencia sobre la reivindicación del western. / Rodrigo Jiménez

Pese a que con 'La ciénaga' se dio a conocer en el circuito de festivales y consiguió erigirse como líder quizá involuntaria del llamado 'nuevo cine argentino', Tanarro considera a Martel más encuadrable a otra corriente de películas menos comerciales o de arco argumental tan convencional, «pertenece más a un cine que arriesga tanto en lo narrativo como en lo formal». Tanto 'La niña santa' como 'La mujer sin cabeza' vienen a consolidar una figura que, pese a todo, juzga Tanarro que no está del todo justamente reconocida. Es 'Zama' su última película, una adaptación literaria que, pese a que podría parecer un renuncio a su voz más personal, consigue ser fiel tanto a la fuente original como a su propio discurso: «Sabe escoger con cuidado qué narrar y cuenta, una vez más, la historia de un personaje que se convierte en un 'zombie', que desconecta de una realidad que le frustra y que no entiende», sostuvo.

Emblema del cine

Por su parte, Roberto Cueto reivindicó el especial estilo con el que la industria cinematográfica de Italia supo reivindicar el 'western' norteamericano, frente a otras películas del oeste europeas -alemanas o españolas- mediante una escuela tan personalísima que justificó no solo el rebautizar propio de su nuevo y recién descubierto género, sino una influencia estilística y temática que cundiría con el tiempo y regresaría, debidamente, a la factoría de Hollywood: el spaghetti.

«El 'spaghetti' remitifica el western, que es un género muy local y ambientado en un tiempo muy concreto, y sin embargo el cine logra convertir en algo universal», explicó Cueto antes de su clase a propósito del 'cowboy' como uno de los grandes emblemas heroicos del séptimo arte. El profesor no quiso dejar de reconocer la influencia del neorrealismo, que construye personajes mucho más escépticos, una realidad más sórdida en pueblos empobrecidos y a veces asolados por la corrupción caciquil y violencia en los personajes a flor de piel.

El cineasta Sergio Leone y el músico Ennio Morricone fueron los dos principales renovadores de este género, tanto en el montaje como la música, que luego acusó tantas imitaciones y volvió a influir a posteriores cineastas como Tarantino o John Woo, entre otros.

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