Alice Guy, la pionera que creyó en el poder del cine

Un fotograma de 'El hada de las coles', un cortometraje de 56 segundos que rodó en 1896. /
Un fotograma de 'El hada de las coles', un cortometraje de 56 segundos que rodó en 1896.
Vidal Arranz
VIDAL ARRANZ

Son extraños los caminos del olvido. A Alice Guy Blaché, la primera directora de cine de la historia, y una de las pioneras de los tiempos heroicos en los que todo estaba por hacer, le costó entrar en las historias del cine. En cambio, hoy, merced a la política de rescate de figuras femeninas poco reconocidas, un aficionado al séptimo arte tiene más opciones de encontrar libros en castellano sobre ella que sobre los grandes maestros del periodo mudo: los hermanos Lumière, Griffith o Méliès. Y no digamos nada ya de Edwin S. Porter, Thomas H. Ince, o incluso nuestro Segundo de Chomón, casi desaparecidos del mapa editorial.

La trayectoria de Alice Guy luce méritos sobrados que no se le pueden negar. El primero de ellos el de haber formado parte del grupo de creadores, no tan numeroso, que creyó en las posibilidades del cine cuando a la mayoría le costaba verlo como algo más que una atracción de feria, o un entretenimiento menor. El segundo, el de haber desarrollado una carrera como cineasta de más de treinta años, con más de mil películas, la mayoría cortas, a sus espaldas. Además, trabajó en las dos orillas de la industria: primero, en Francia, con la compañía Gaumont, de la que fue responsable artística durante una década, y, luego, en Estados Unidos, donde montó no ya uno, sino dos estudios propios junto a su marido –Solax y Blaché Features– y tuvo la oportunidad de tratar con grandes de la época como David W. Griffith o incluso Charles Chaplin. Y las películas que nos han llegado de ella se ven con agrado, interés, e incluso, con sorpresa.

En cambio, parece desmesurado presentarla, como se hizo durante el año pasado, con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento, como «la madre del cine» (los hermanos Lumiére serían los padres). O como la mujer que inventó el cine de ficción, sin la cual nada habría sido igual, como se recoge en la Wikipedia. Un galardón discutible que se apoyaría en el descubrimiento de que su película 'El hada de las coles' podría haber sido rodada en el año 1896, en vez de en 1890, como se creía hasta finales del siglo pasado, lo que la convertiría en aspirante al título de primera película de ficción de la historia.

Conviene tener en cuenta que hablamos de una obra de apenas un minuto de duración, como eran las películas de entonces, y que existe mucha competencia: Méliès, sin ir más lejos, rodó más de 70 cortos ese mismo año, y casi todos de fantasía. Y no existe aún acuerdo sobre la datación. De hecho, la investigadora Alejandra Val Cubero, autora del libro 'Vida de Alice Guy Blaché', no considera resuelto el dilema y simultanea las dos fechas.

«La recuperación de la figura de Alice Guy Blaché no obliga a reconsiderar el canon de la primera etapa del cine», asegura con convicción Luis Martín Arias, autor de la obra 'En los orígenes del cine' y exprofesor de la Cátedra de Cine de la Universidad de Valladolid, en la que impartió durante 30 años la asignatura sobre los comienzos del séptimo arte.

Trascendencia artística

«Hay muchas dudas sobre la datación de muchas películas, por el modo como se produjeron las obras en esos primeros veinte años de historia del cine, en los que no existía el concepto de autor y no siempre se llevaban registros detallados», añade Martín Arias. Pero incluso si se confirmara que 'El hada de las coles' es anterior a la primera película de Méliès eso no sería algo definitivo, a su juicio. «Hace años que sabemos que la primera proyección pública de cine no fue la de los hermanos Lumière, sino la de los Skladanovski, pero eso no afecta a su trascendencia artística como autores del primer modelo de representación audiovisual, que surge del cruce de la pintura con la tecnología. Y algo similar ocurre con Méliès, que aborda por primera vez la realidad del deseo desde lo carnavalesco».

Alice Guy.
Alice Guy.

La principal aportación del cine de Alice Guy, en opinión del investigador vallisoletano, tiene que ver con la presencia que en su obra tiene el mundo de la infancia y de la maternidad. «Lo que realmente es nuevo en 'El hada de las coles' es que es la primera vez que aparecen niños recién nacidos en pantalla», asegura. Niños y niñas que jugarán un papel crucial en muchas obras de la cineasta. Como en 'Heroína' (1907) que firma a medias con Louis Feuillade, y en la que una niña se las apaña para facilitar la captura de unos maleantes. O en 'Hojas caídas' (1912) en la que otra niña reza por la curación de su hermana enferma y, de algún modo, la hace posible. O en 'El sacrificio de una niña' (1910) en la que otra vende su muñeca para comprar medicinas a su madre.

Infancia y maternidad son rasgos singulares del cine de Alice Guy (otra de sus películas, de tono cómico, gira en torno a los antojos de una embarazada). Pero también destacan unos personajes femeninos que suelen desbordar los clichés. «En sus películas más suyas, las mujeres ejercen un control sobre su destino», resalta Alison McMahan en su obra de referencia 'Alice Guy. Una visionaria olvidada'.

Guy rodó también documentales al estilo Lumière y de hecho en 1905 se desplazó a España para rodar en Madrid (El Prado, el Palacio de Oriente, Cibeles), Granada, Sevilla, Zaragoza o Barcelona, entre otras ciudades. Otra de sus facetas destacadas fue su condición de pionera del cine sonoro mediante la cronófonos, películas que contaban con sonido sincronizado, pero que no cuajaron por los muchos problemas de desajustes que ocasionaban.

La precursora francesa procedía de una familia burguesa conservadora, de raíz católica, pero eso no le impidió ser una defensora del derecho al voto de la mujer, y partidaria de su participación social. La relación de Guy con el feminismo, en cambio, da pie a interpretaciones contrapuestas. Su película 'Las consecuencias del feminismo' es, para Martin Arias, una película claramente hostil, y más aún si se la sitúa en su momento. «Cuando la proyectaba en mis clases todos los alumnos daban por hecho que era obra de un hombre y machista». En cambio, Val Cubero lo ve de otro modo. A su juicio, el recurso a la inversión de roles (los hombres actúan como si fueran mujeres sumisas y las mujeres como si fueran hombres que se desentienden de su prole) podía ser interpretado por las mujeres de su época como una llamada de atención hacia su condición.

Reenganche a la cámara

Casi todas las obras sobre Alice Guy destacan su condición de pionera olvidada por las historias del cine, por su condición de mujer. Pero casi todos los creadores de los inicios del arte cinematográfico se vieron sometidos a un olvido similar. Incluido el mismísimo George Méliès. Y si bien es verdad que en el caso de la cineasta francesa la reparación se demoró algunos años más, su reconocimiento público tiene más de 60 años de historia. Y si bien su jefe inicial, León Gaumont, se resistió a reconocer su papel creativo crucial en la primera década de vida de su compañía, su hijo Louis Gaumont reparó la injusticia en 1954 con una conferencia que la presentaba como la primera mujer cineasta de la historia. Un año después recibió la Legión de Honor y en 1957 fue objeto de un homenaje de la Cinemateca Francesa. A partir de ese momento los historiadores comenzaron a incorporarla a las historias del cine.

Su nieta Regina Blaché-Bolton, ya fallecida, la describió de esta manera: «Era una mujer activa, viva, dura, ordenada. También coqueta. Nunca la vi despeinada; iba siempre muy elegante». Y añadía más adelante: «Había viajado mucho, y no tenía miedo de nada; conducía e incluso llegó a pilotar un avión. A los 83 años viajó de nuevo a los Estados Unidos en busca de sus películas. Era una mujer de una gran fortaleza». Ya veterana, intentó sin éxito reengancharse en la industria del cine en varias ocasiones. Ella lo atribuía el rechazo a su condición de mujer. Sin embargo, la suya fue la carrera más prolongada en el tiempo de entre los pioneros. Pocos, o ninguno, de sus compañeros varones tuvieron el privilegio de tener una cámara en las manos durante más tiempo que Alice Guy.

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