Tras las huellas de Chejov y Bergman

Leonardo Sbaraglia, María Marull, Óscar Martínez, Damian Szifron, Erica Rivas y Ricardo Darín./
Leonardo Sbaraglia, María Marull, Óscar Martínez, Damian Szifron, Erica Rivas y Ricardo Darín.

Nuri Bilge Ceylan presentaba su película 'Sueño de invierno'

FERNANDO LARACANNES

Mientras Turquía llora a los trescientos muertos de la catástrofe minera de Soma, el cineasta más prestigioso del país, Nuri Bilge Ceylan, presentaba su película 'Sueño de invierno' en la Competición de Cannes. Todos los integrantes del equipo del filme llevaban un lazo negro en señal de luto durante la proyección de uno de los títulos más esperados en el Festival, al que incluso se cita como favorito para la Palma de Oro. Lo que no fue óbice para que la organización le dispensara un trato vejatorio, con un solo pase oficial a las tres de la tarde donde se juntaban invitados, periodistas y público, e inmensas dificultades para acceder a él y que todos cupiéramos en el Palacio. Como ya señalaba ayer, Cannes se permite cosas que no se le aceptarían a ningún otro festival del mundo y abusa de ser el primero de ellos.

'Conversaciones en Anatolia', podía subtitularse con razón 'Sueño de invierno'. Porque es en esa región tan bella como extraña donde sucede y porque la película va enlazando a lo largo de tres horas y cuarto diálogos entre sus pocos personajes. La manera de afrontar al mal, el compromiso del escritor, las diferencias en la forma de enfocar la vida por parte de una pareja, los motivos de la humillación y las respuestas ante ella, entre otros muchos temas, componen el filme. Que posee una gran altura cinematográfica, donde las resonancias del cine de Bergman son muy perceptibles, pero también enjundia teatral, que busca emparentarse con el «no pasa nada en la superficie, pero mucho en el fondo» tan típico de las piezas de Chejov. No por casualidad su protagonista es un actor retirado, que vive del hotel para turistas que ha heredado de su padre en Anatolia, y cuya ilusión es escribir una historia del teatro turco.

Supone 'Sueño de invierno' el punto hasta ahora máximo de la filmografía de Nuri Bilge Ceylan, premiada ya en Cannes en tres ocasiones: con el Gran Premio del Jurado por 'Uzac' en 2003 y por 'Érase una vez en Anatolia' hace tres años, y con el Premio a la Mejor Dirección por 'Los tres monos' en 2008, además de otros galardones paralelos. Por tanto, cabe considerarle entre los 'hijos de Cannes', aunque aquí se le haya reservado el trato antes descrito. Pero su cine no es para todos los paladares, como deducirán los que hayan visto al menos uno de los filmes citados; 'Sueño de invierno' tampoco lo es, entre otras cosas por la incesante lectura de subtítulos que exige a quienes no sabemos turco. Pero, vencido este y algún otro 'obstáculo' (como una equivocada secuencia donde se cambia sin motivo el punto de vista de la narración), va a quedar sin duda como uno de los grandes filmes de esta edición.

Quizá también quede 'Relatos salvajes' por ser la única comedia (desde luego, por ahora, y me temo que hasta el final) de la Sección Oficial. Eso sí, una comedia ácida, de fuerte contenido satírico, como su nombre evoca. Escrita un excelente guion y dirigida por Damián Szifrón, del que conocíamos 'Tiempo de valientes', está compuesta por seis historias diferentes que tienen como nexo conceptual situaciones de máxima tensión a las que se acaba respondiendo de forma radical y despojándose de cualquier limitación o prejuicio.

Coproducción minoritaria española, al 30%, a cargo de El Deseo, de los hermanos Almodóvar, y apoyada por el Programa Ibermedia, 'Relatos salvajes' es básicamente una película argentina, con un elenco de primera fila de actrices y actores de ese país. Si tal reparto supone un decisivo apoyo para el film, este sabe también, con su divertida ferocidad crítica, evitar las desigualdades que suelen lastrar proyectos similares de unir varias historias en una misma película. Nada más opuesto a 'Relatos salvajes' que 'Saint Laurent' (también en la Sección Oficial), biografía del famoso modisto Yves Saint Laurent, mitificado como los franceses saben hacer. El atractivo de verla radica en lo que le interese al espectador todo este mundo de alta costura, glamur, droga y homosexualidad refinada. No es mi caso. Aunque no deje de reconocer detalles de buen cineasta en la reconstrucción ambiental que lleva a cabo Bertrand Bonello e interpretativos en el protagonista, Gaspard Ulliel.