Chelista experimentado busca cuarteto

José Donato Andrés, tocando en su casa. /GABRIEL VILLAMIL
José Donato Andrés, tocando en su casa. / GABRIEL VILLAMIL

José Donato Andrés, jubilado como magistrado de la Audiencia de Valladolid y músico, cumple mañana 90 años deseando encontrar compañeros para tocar a Vivaldi

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑO

Mañana cumple 90 años, 83 de los cuales ha abrazado a su chelo. José Donato Andrés se jubiló de la judicatura pero no de la música. Hace poco perdió a su último compañero de cámara, un oficial de la Audiencia de Valladolid que tocaba el violín, y al músico zamorano le gustaría tener alguien con quien compartir esa pasión que le transmitió su padre, contrabajista. Creció escuchando al cuarteto de su progenitor, quien le dio sus primeras clases de solfeo. Por acompañarle agarró el mástil del chelo cuando aún no le llegaban las piernas al suelo.

«Ese instrumento tiene su historia. Mi padre dio clases un trimestre al hijo de Eliseo, un catedrático de instituto de Zamora. Al cabo de un tiempo, preguntó a mi padre por el alumno pues no veía progreso alguno. Entonces le dijo que el chaval no tenía oído y no parecía entusiasmarle la música. Ambos acordaron en dejar la actividad. Eliseo preguntó que cuánto le debía y mi padre dijo que nada, ya que no hubo resultado alguno. Era una época menos materialista que esta. Eliseo ofreció a mi padre el chelo que había sido de su abuelo. A eso sí accedió y lo empecé a tocar yo», explica José Donato. En seguida tuvo un trío con dos amigos de Zamora e ingresó en la Real Coral de Zamora.

En 1955 conoció a la reina de la Rondalla Ultreya; «Siempre pensé que mi compañera tendría que ver con la música y de alguna manera así fue». La invitó a ver una película de Cantinflas y hasta hoy, «59 años de matrimonio», se dice a sí mismo. Comenzó la carrera de Derecho y a los 20 años llegó la crisis, quería abandonarla por la música, en concreto por la dirección.

«Mi madre me disuadió diciéndome que ser director suponía viajar mucho y que me iba a estropear el estómago. En realidad ella quería que apostara por algo seguro. Finalmente seguí estudiando Derecho y con el chelo», recuerda el músico. El chelo fue su acompañante fiel durante los 17 meses de preparación de las oposiciones. Tocar Bach le ayudó a aguantar. «Gracias a Dios aprobé a la primera».

El atril ha estado siempre cerca de su mesa de trabajo. «Recibí clases del maestro Ricardo Vivó, catedrático del Conservatorio de Madrid, a finales de los sesenta. Él tenía encomendado el cuidado del cuarteto de 'stradivarius' del Palacio Real. Me los enseñó muchas veces. Estados Unidos ofreció un cheque en blanco a Franco para comprárselos, es el único cuarteto de 'stradivarius' completo en el mundo, pero el ministerio decidió que no podía venderse algo así».

Tras varios destinos en juzgados de Valladolid, Torrelavega y Gerona, Andrés fue destinado a Burgos. Sus mejores recuerdos musicales son de esa etapa. «Y los familiares y profesionales», apostilla. Allí el magistrado formó parte de la Orquesta de Cámara Antonio de Cabezón del conservatorio. «Tocamos en la Catedral el 'Gloria' de Vivaldi, con 100 voces en la escalera. También toqué con Pedro Zuloaga, una bellísima persona que curiosamente estudió Derecho también, por imposición familiar». A partir de 1983, José Donato Andrés es juez de vigilancia penitenciaria, magistrado y presidente de la sección tercera de lo civil de la Audiencia de Valladolid hasta su jubilación en 1999.

A orillas del Pisuerga siguió tocando en un cuarteto y un trío. Después, Haydn, Händel y Bach en soledad. Un día puso un anuncio en el Conservatorio, «chelista jubilado busca músicos para formar un cuarteto», pero no hubo respuesta. «Claro, a estas edades hay mucha gente que no puede tocar». Por otra parte, lamenta «la falta de afición a la música en España, no me extraña en la tele solo hay fútbol. Media hora por la mañana y otra media hora por la noche de entrenamientos televisados sin ningún interés. Y eso que me gustaba el fútbol. Luego en la segunda cadena un sábado a las ocho de la mañana retransmiten un concierto. ¡Hombre! a esas horas lo normal es que estemos dormidos y algunos ni se han acostado».

Así que el programa 'Prodigios' le ha venido a consolar un poco. «Vamos a escuchar a la OSCyL al Delibes. A Madrid he ido hace poco a la zarzuela. Es una pena que los jóvenes no las conozcan. Las hay que han pasado de moda, pero otras son tan buenas como las óperas». La única pena es que ninguno de sus hijos ha seguido sus pasos. «El otro día le dije a uno que si no terminaba sus estudios de violín, cambiaba el testamento», sonríe. Hasta que eso ocurra, busca «un o una pianista al menos» para seguir tocando, con permiso de su señora.