Las recetas de Rafael Santandreu para ser feliz

Rafael Santandreu, antes de la presentación de su libro en la Casa Revilla ante el numeroso público que acudió a su conferencia. Henar Sastre/
Rafael Santandreu, antes de la presentación de su libro en la Casa Revilla ante el numeroso público que acudió a su conferencia. Henar Sastre

El psicólogo ofrece en el Aula de Cultura destrezas para vivir con menos exigencias materiales y emocionales

JESÚS BOMBÍN

Conformidad con lo que tenemos, quitarse importancia a uno mismo y al entorno, sugerir en lugar de exigir, y desterrar para siempre la terribilitis y las necesititis, tendencias que nos empujan a vivir en continua demanda de deseos materiales e inmateriales y a agrandar las adversidades. El discurso del psicólogo Rafael Santandreu está plagado de consejos con los que ayuda a reflexionar en libros como El arte de no amargarse la vida o Las gafas de la felicidad.

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Oír contar a un experto en conducta cómo levantarnos cada día dispuestos a ser más felices y convertir en miniaturas los problemas, tiene gancho. Tanto como el que demostró ayer Santandreu en la conferencia que impartió en la Casa Revilla dentro del Aula de Cultura de El Norte de Castilla. Hubo lleno total, con público que se quedó en las escaleras para escuchar sus reflexiones.

Ayer, tomó el pulso a nuestro sentir colectivo, marcado por tiempos de crisis social, política e individual, con reflejo cotidiano en una plaga de enfermedades emocionales que atrapan al 30% de la población. Su gimnasia mental para combatir el desaliento y dar esquinazo a los pensamientos negativos se basa en la creencia de que «los seres humanos solo necesitamos la comida y la bebida del día para ser felices».

El filósofo griego Epicteto es uno de sus favoritos y esta frase la piedra angular de su pensamiento, con la que Santandreu invitó a ver la vida con otros ojos: «No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede». De ella extrae el psicólogo la idea de que «definirse o estresarse es muy difícil, nos tenemos que esforzar un montón todos los días y lo hacemos con un diálogo interno en el que nos decimos cosas que nos llevan a la depresión».

El autor de Las gafas de la felicidad deploró el clima de autoexigencia en el que nos movemos, causa vital de insatisfacción y desasosiego. «Comparad nuestra superexigencia con la de nuestros abuelos; hoy para salir a la calle hay que tener un trabajo que esté bien, un mínimo de estudios, estar en forma, ir mínimamente elegante, haber viajado, una buena pareja y una vida emocionante; si no es así sentenció, eres un perdedor».

En la puesta en práctica de esa llamada a disfrutar el momento con lo que tenemos Santandreu considera que hay que moldear pensamientos, todo un ejercicio gimnástico en el que, dijo, «los argumentos que quitan drama e importancia a las adversidades son un tesoro».

A lo largo de la charla aludió a las plagas mentales de nuestro tiempo, alimentadas por creencias irracionales que nos generan dependencias emocionales lesivas, «más las inmateriales inventadas que las materiales; obsesiones como tener pareja o tener alguien a mi lado que me quiera generan mucha insatisfacción; debemos concentrarnos en nuestras posibilidades y olvidarnos de lo que no podemos hacer, entonces descubriremos mundos maravillosos en los que desarrollarnos».

Algunas afirmaciones causaban murmullos de convencimiento o escepticismo entre el público, mientras el conferenciante invitaba a «dejar de ver las adversidades como cosas terribles» para revertir estados de ánimo. «El 90% de quienes acuden a mi consulta son guapos y listos y están hechos polvo». Un asistente al acto le preguntó si hay necesititis en Cataluña por el asunto del soberanismo. «En este punto se equivocan las dos partes porque no hay suficiente amor; el secreto de una relación larga y maravillosa es no exigir jamás, hay que sugerir», zanjó.

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