Seducidos por los tipos

'Sin título', de Eva Lootz. /El Norte
'Sin título', de Eva Lootz. / El Norte

El Patio Herreriano muestra en 'Juegos tipográficos' las obras de su colección que utizan las letras como elemento estético

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOVallaodlid

Las letras más allá de su utilidad en la comunicación escrita, sus curvas y sus rectas como un elemento estético más al servicio de los artistas calígrafos, protagonizan la exposición 'Juegos tipográficos'. El Patio Herreriano saca de su colección trece obras de once creadores que reflejan esa fascinación por la tipografía desde los sesenta y hasta los noventa. Beatriz Pastrana, buena conocedora de los fondos de la casa, ha elegido algunas de las piezas menos vistas.

Recibe al visitante Joan Brossa, el mayor de los autores de esta muestra, con su bombín negro coronado por la 'A', el inicio del alfabeto que en seguida avanza hasta la 'Q' de Rogelio López Cuenca, blanca sobre un hipnótico azul. Para Chema Cobo y su 'Mapa ilimitado' las letras apenas son claves para un camaleón que avanza de huella en huella.

Pedro Mora salta a las dos dimensiones en seis planchas de plomo sobre las que fija algunas leyendas masai. José Maldonado juega a deformar letras sobre papel fotográfico en blanco y verde, recuerdo de una mesa de billar en la que aparecen bolas rojas. La pieza más llamativa de la sala es la de Xesús Vázquez, 'Lebensborn'. Las letras colocadas del revés, en la tipografía de ordenadores de los ochenta, remiten al cirílico soviético sobre un paisaje de fábrica industrial de cañones. Pastrana recordó la referencia al ensayo nazi de lograr la raza aria. Rabascall aporta el humor, dos piezas de su serie 'Spain is different', datadas en 1977. 'Majorca from 149' nos ofrece la posibilidad de que una suerte de sirena cace para el cliente una ostra y le entregue la perla en directo por 350 pesetas.

Benet Rossell propone un sutil trabajo sobre el papel al modo de los orientales y Quejido, una colorista recreación de una 'regina'.

El argentino Alberto Greco lleva al lienzo la música en 'No tengo edad para amarte' (1964) y Eva Lootz deja caer sus letras de fieltro sobre su lengua de parafina. Completan la selección José MaríaBermejo y Esther Partegás.

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