Riquezas del alfar de La Victoria

Una visitante observa la recreación de la excavación de un horno del alfar de la calle Rioseco. /HENAR SASTRE
Una visitante observa la recreación de la excavación de un horno del alfar de la calle Rioseco. / HENAR SASTRE

El trabajo de los cantareros del arrabal del puente se expone en Fabio Nelli

JIMENA VEROSValladolid

El Museo de Valladolid, situado en la Plaza Fabio Nelli, acoge hasta el 3 de noviembre la exposición 'Los cantareros del arrabal del puente. Un alfar del siglo XVII en el barrio de La Victoria'. El motivo de la muestra comienza en octubre de 2005, cuando se realizaron obras de infraestructura en la calle Rioseco, del barrio de La Victoria. Allí se descubrieron restos de antiguas construcciones y abundantes piezas cerámicas que dieron lugar a una excavación arqueológica. Los trabajos permitieron identificar dos hornos de alfarero, así como los restos de un taller de cierta entidad que funcionó en la segunda mitad del siglo XVII.

El alfar fabricó fundamentalmente cantarería, vasijas y recipientes que constituyen un nexo entre las alfarerías antiguas y las tradicionales o contemporáneas, ya que tanto por su tipología como por las técnicas del teñido, enjuaguetado (greda fina que se extiende en líquido sobre la superficie encerada del cacharro) y vidriado, permiten entender las posteriores producciones de los siglos XIX y XX.

Una vasija de la colección.
Una vasija de la colección. / HENAR SASTRE

El nombre de 'arrabal del puente' equivale a expresiones como 'fuera de la puente mayor', 'fuera de la puente del río mayor' o 'extramuros de esta ciudad'. Todas ellas hacen referencia a cómo se denominaba entre los siglos XVI y XIX al ámbito, más o menos urbano, que se situaba al otro lado del Pisuerga e inmediato al Puente Mayor. Apenas hay noticia de obradores cerámicos en los siglos XVI y XVII en la margen derecha del río. La documentación de la que se dispone en la actualidad no añade información a mayores de las evidencias arqueológicas.

Solo se conocen datos de 1714, año en el que la comunidad de Trinitarios descalzos hipotecó su viejo convento de 'fuera del Puente', al pie de la Maruquesa. Se dice que la huerta de dicho convento llegaba, por la parte de abajo, hasta 'las casas de los alfareros', lo que hace pensar que estos artesanos estuvieran allí asentados con anterioridad. Existen diversas noticias a lo largo del siglo XVII que cuentan que diversos cantareros vivían 'afuera de la puente mayor'. Los escuetos referentes se confirman con la ubicación donde fue hallado el alfar.

Barriles de cliquín para vino

La pequeña sala del Museo aguarda el conjunto de piezas cerámicas dividido en tres secciones: 'El alfar de la calle Rioseco', que fabricó fundamentalmente cantarería, es decir, recipientes destinados a acarrear y conservar el agua como cántaros, botijas o arcaduces; 'Medidas de vino', la especialidad del alfar por su abundancia, elaboradas en diferentes tamaños y medidas precisas que fueron desbancadas a partir de 1879 con la implantación del sistema métrico decimal; y 'Del arrabal del puente y otros alfares', que muestra piezas extraídas en distintas excavaciones arqueológicas en el casco urbano de Valladolid, en concreto, en el Convento de San Benito, en la calle Leopoldo Cano y en la calle Santa María.

Una hucha, un arcaduz y platos de taberna de la sección 'El alfar de la calle Rioseco'.
Una hucha, un arcaduz y platos de taberna de la sección 'El alfar de la calle Rioseco'. / HENAR SASTRE

Una de las piezas más interesantes y casi única es un barril de cliquín para el vino, específico de las alfarerías populares de época contemporánea de Valladolid, Palencia y Burgos. Se trata de una botija con un solo orificio de entrada y salida del líquido, situada al final del pitorro vertical que sale de la parte superior. En los alfares de Valladolid y provincia recibió los nombres de barril, chupona (Medina de Rioseco), barrila de cliquín (Arrabal de Portillo) o botija de cla-cla-cla en Valladolid ciudad, debido al peculiar ruido que se generaba en su interior al producirse el vacío mientras se inclinaba para beber.

En un acogedor apartado se expone una proyección sobre la evolución de la alfarería desde el siglo XI, cuando las vasijas se formaban con técnicas toscas y rudimentarias, pasando por los siglos XII y XIV, cuya producción de olleros se designa con el nombre 'Duque de la Victoria', caracterizado por su engobe rojizo y que más tarde daría el nombre a la actual calle céntrica, hasta el XV, siglo en el que se obligó a los alfareros mudéjares a asentarse en la morería, cerca de la calle Santa María.

La exposición cuenta con la sección 'Del barro a la mesa y la taberna', que ilustra con dibujos el proceso de fabricación de los platos y vasijas para este fin. Además, en el centro de la sala se puede observar la recreación de la excavación de un horno del alfar de la calle Rioseco.