El Patio Herreriano contrasta tres paisajes arquitectónicos, bucólicos y ruinosos

Mercedes Mangrané, Irene de Andrés y Elena Aitzcoa, en la Capilla del Patio Herreriano, entre las piezas de esta última. /Henar Sastre
Mercedes Mangrané, Irene de Andrés y Elena Aitzcoa, en la Capilla del Patio Herreriano, entre las piezas de esta última. / Henar Sastre

El fin de la Ibiza discotequera, de Irene de Andrés, las pinturas que invitan a tocar, de Mercedes Mangrané, y las esculturas de despojos, de Elena Aizkoa, muestran hasta octubre tres maneras de expresarse de una misma generación

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Tres jóvenes artistas, mujeres nacidas en los ochenta, exponen tres proyectos bien distintos en cuatro espacios del Patio Herreriano. 'Zarza corazón', es una propuesta escultórica de Elena Aiztkoa que luce desde hoy en la Capilla. La sala contigua, la 9, acoge 'Asir', de Mercedes Mangrané, una antología de sus pinturas arquitectónicas. Y en las salas 1 y 2 del primer piso, Irene de Andrés expone su proyecto 'Donde nada ocurre', un viaje a las ruinas de cinco discotecas abandonadas de Ibiza.

Javier Hontoria, director del Patio Herreriano, destaca que con estas tres exposiciones «se cierra un ciclo en el museo que está mostrando ahora todos los lenguajes contemporáneos: pintura, escultura, vídeo, instalación, etc...». De la obra de Irene de Andrés subraya que es una muestra «sociológica que, desde una perspectiva crítica y a la vez espectacular, como puede verse en los vídeos, aborda la transformación de la isla».

La artista balear celebra la oportunidad de «poder ver los cinco proyectos, correspondientes a otras tantas discotecas, juntos». A este 'Donde nada ocurre' llega por cómo «una tarjeta postal acaba cambiando un lugar. Tenía curiosidad por buscar el origen del mito de Ibiza.Desde los años treinta fueron intelectuales buscando un silencio que ya no existe en la isla. Quería explorar al dicotomía entre el verano y el invierno, entre el silencio y la masificación turística. Estos son los templos de nuestro tiempo, quizá en un futuro sean los restos arqueológicos que nos identifiquen como sociedad», afirma De Andrés (Ibiza, 1986).

El Festival Club, Idea, Heaven. Glory's y Toro Mar son esos cinco 'templos' que la artista ha documentado con fotografías, con material de archivo, con restos de aquellas tres décadas de desenfreno, purpurina y djs. Eso sí, todo precedido del cartel de prohibida la admisión de menores de 18 años.

Mercedes Mangrané (Barcelona, 1988) expone sus pinturas de pequeño formato realizadas en los últimos dos años. «Me alegra estar en una sala benedictina, austera, poner allí estas pinturas que incitan a ser tocadas. Son cuadros matéricos, hechos con espátula y sobre temas arquitectónicos, busco aristas, recovecos por los que se cuela la luz, ventanas. Por eso se llama 'Asir', hacer tangible, agarrar, una invitación a los táctil», explica Mangrané en el espacio que acogió las pinturas del arquitecto Juan Navarro Baldeweg.

El suelo de la Capilla es la base de las 26 piezas de Elena Aitzkoa, hechas de retales, de objetos abandonados, de hierbas secas, palos, maderas y piedras. «No trabajo con planes de antemano. Las piezas son resultado de imágenes que me ponen en marcha. La tela sumergida en escayola, como materia aglutinante, y los colores, se corresponden con fenómenos que ocurren en al naturaleza. Los desechos constatan el paso del tiempo, todo es una experiencia efímera que vivimos según la luz, según el estado de ánimo, según el momento. Esa es mi idea», cuenta la artista alavesa ( Apodaka, 1984). Aitzkoa, también poeta, invitará en la inauguración con el público a «dejarse llevar» por la improvisación de su performance que incluirá poemas y sonidos, en un paseo entre sus piezas de 'Zarza corazón'.

Las tres exposiciones podrán verse hasta el 13 de octubre.