Muere Martín Chirino, el mago de las espirales y el viento

Fotografía del escultor grancanario Martín Chirino. /Virginia Carrasco
Fotografía del escultor grancanario Martín Chirino. / Virginia Carrasco

El artista grancanario era un gran maestro de la abstracción y el más internacional de nuestros escultores contemporáneos

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Martín Chirino, el mago de las espirales y el viento, ha muerto en del Clínica Universidad de Navarra de Madrid, donde se trataba de la grave enfermedad que le aquejaba. El artista canario, un gran maestro de la abstracción y el más internacional después de Eduardo Chillida, había cumplido 94 años y el sueño de ver reunida la parte medular de su obra en la Fundación de Arte y Pensamiento que llevaba su nombre, en el Castillo de la Luz, la fortaleza más antigua de Canarias, situado en el grancanario barrio portuario de La Isleta, donde Chirino nació en 1925 y donde vivió su juventud.

«Soy un Ulises que continúa su viaje en espiral, a favor del viento, convencido de que siempre menos es más», dijo al inaugurar este privilegiado espacio el reconocido artista canario, creador de una obra la telúrica obra ligada a su tierra. «Soy canario y mi obra nace de la precariedad de esta tierra y su sutileza», aclaraba entonces Chirino, que en 1958 se incorporó al grupo El Paso junto a su paisano Manolo Millares y que se definía como «sólo un herrero».

En 1944 empezó sus estudios de arte en la Academia del escultor Manuel Ramas y más tarde se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras que abandonó pronto para ingresar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando (Madrid). Tras titularse, centró su trabajo en las forja del hierro, un labor en la que se reafirmó tras sus viajes a París y Londres, donde completó su formación en la School of Fine Arts.

En sus años de formación profundizó en obras de genios como Julio González, Joan Miró o Pablo Picasso, quienes junto a constructivistas como El Lissitzky, inspiraron sus pasos y a quienes dedicaría sus primeros homenajes como escultor. Jugaría un destacado papel en la renovación de los lenguajes plásticos durante la posguerra. Su incorporación al El Paso, grupo integrado por Antonio Saura, Manolo Millares o Rafael Canogar entre otros, coincidiría con el surgimiento de un arte enraizado en la tradición española, desde una actitud crítica con la situación política y social.

En esta época dio con el motivo alegórico de toda su carrera: la espiral y el viento, fruto de su reflexión sobre la iconografía prehispánica y el legado de su cultura.

Fue responsable de la talla de uno de los conjuntos escultóricos del Valle de los Caídos, unos grandes frisos del desembarco de los legionarios en Almería, modelado por su entonces maestro, el también canario Manolo Ramos. Autor luego de piezas tan simbólicas en su isla como la 'Lady Harimaguada', 'El Pensador' o la 'Espiral del viento', su obra está en notables colecciones privada y en los museos más importantes del mundo, como el MoMA y el Guggenheim de Nueva York o el parisino Pompidou.

Había sido reconocido con galardones como el Premio Nacional de Artes Plásticas de 1980) y la Medalla de Oro de Bellas Artes de 1985.

Tras más de una década de dudas y sinsabores y una inversión de siete millones de euros, aportados por el Ministerio de Fomento, la fundación Chirino abrió sus puertas en 2015 con una muestra de 25 obras seleccionadas por propio artista. Datadas entre 1956 resumen «ese viaje en espiral» que fue su vida. Una aventura creativa de casi siete décadas «en la que lo imposible se ha hecho posible» combinando su apertura a las vanguardias y su fidelidad a sus raíces insulares.