Matisse, el grabador valiente

Una imagen de la exposición de Matisse./E. P.
Una imagen de la exposición de Matisse. / E. P.

Las estampas en blanco y negro que el mago del color realizó a lo largo de toda su vida se muestras reunidas por primera vez en España

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«Jamás tuvo miedo a experimentar con cualquier soporte o técnica. Ese coraje, que demostró a lo largo de toda su vida creativa, late en sus grabados y sus estampas». Así se refiere a Henri Matisse (1869-1954) Suzanne Ramljak, una de las responsables del equipo de comisarios de la American Federation of Arts, que coorganiza la exposición 'Matisse grabador', que trae por primera vez a España una espectacular selección de la obra gráfica del gran artista francés. «El mago del color fue también un genio del blanco y negro», destaca Ramljak, que presentó este jueves en la Fundación Canal de Madrid más de sesenta estampas de las casi 800 elaboradas por Matisse a largo de toda su vida y que no se habían mostrado antes reunidas en nuestro país.

Hasta finales de agosto la Fundación Canal exhibe 63 obras sobre papel datadas entre 1904 y 1954, todas pertenecientes al legado de Matisse a su hijo y que tutela The Pierre and Tana Matisse Foundation. La fundación organiza la muestra junto a la American Federation of Arts y las obras expuestas son prueba del arrojo de un artista vehemente, valiente y sin complejos que dejó escrito que «valentía es una palabra que sutituye a creatividad». Un genio capaz de crear obras fauvistas sin color, «pero con toda la fuerza del fauvismo, y de manejar un lenguaje distinto y extraordinariamente moderno», según destacó Cristian Ruiz Orfila, director de arte y cultura de la Fundación Canal.

«Vemos al Matisse más osado, sin miedo a nada, capaz de trascender a muchos pintores y grabadores, que no dejó jamás de experimentar pasando de un técnica a otra y que nunca se arredró ante nada como artista», insiste Ramljak, «Demostró un enorme coraje en sus obras en blanco y negro, que nada tienen que envidiara a las del color», insiste la experta.

Un detalle de la muestra.
Un detalle de la muestra. / Efe

Recordó que Matisse solo firmó dos grabados en color, ambos presentes en la muestra, y destacó cómo «la genialidad cabe tanto en en el cine en blanco y negro como en el de color, como ocurre con la obra de Matisse». Elogió la fuerza de unas estampas que denotan «el deseo de de articular un lenguaje en blanco y negro».

«La selección desvela algunos de los aspectos menos conocidos de la obra del artista que ha marcado el siglo XX junto a Pablo Picasso», sostiene Jay McKean Fisher, del Baltimore Museum of Art, y ausente comisario de la muestra que repasa la innovadora e intensa relación de Matisse con el grabado y el papel crucial que la estampa jugó en su proceso creativo. «Incide en la habilidad de este insuperable maestro del color para articular sus ideas visuales también en blanco y negro, algo que hizo con la misma maestría y brillantez», coincide McKean Fisher con Ramljak.

La selección de 63 grabados de la colección que tras su muerte Matisse legó a su hijo, el marchante de arte Pierre Matisse, subraya la importancia del grabado en la evolución del arte de Matisse y el papel que la estampa desempeñó en su evolución. Lo hace a través de once secciones en las que se recorre de forma muy didáctica la evolución de Matisse en las distintas técnicas de estampación que utilizó: punta seca, aguafuerte, aguatinta, monotipo, litografía, xilografía y linografía.

Casi todas las estampas son parte de series fundamentales para el desarrollo de su pintura y en que las aparecen las mismas modelos en las misma poses. Desvela también sus fuentes de composición y el origen de sus líneas maestras en un recorrido muy variado que arranca con un autorretrato inspirado en Rembradt de 1904, para llegar a otro de 1948 mucho más esencial y que concluye con las sintéticas estampas de línea de trazo grueso y decidido que prueban del lugar de privilegio al que llegó el maestro del color y de la línea. «Fue un experimentador incansable que no dejó jamás de mirar y revisar sus obras en papel, de elegirlas y seleccionarlas, y que asemejaba el trabajo del grabado a la del músico», explicó Ramljak.

Matisse tocaba, en efecto, el violín y para él el roce delas crines del arco sobre la cuerda del instrumento «era semejante a la del buril sobre la piedra en la litografía», dijo Ramljak. «Adoraba la danza y la música y comparaba el proceso litográfico o linográfico con la interpretación al violín. No en vano, reconoció que pensaba en la música mientras trabajaba», concluye.

Temas

Arte