Lo que se esconde detrás de una exposición de arte

Carmen Espinosa (izquierda), analiza la tabla 'La visitación de la Virgen a Santa Isabel' en compañía de las restauradoras Carolina Gavia y Vanessa Gómez. /A. Mingueza
Carmen Espinosa (izquierda), analiza la tabla 'La visitación de la Virgen a Santa Isabel' en compañía de las restauradoras Carolina Gavia y Vanessa Gómez. / A. Mingueza

Ochenta personas han intervenido en el diseño y montaje de 'La invención del cuerpo', que indaga en el arte y la anatomía y exhibirá desde el jueves en el Palacio de Villena obras de una decena de museos nacionales y extranjeros

Jesús Bombín
JESÚS BOMBÍNValladolid

Recién llegadas de una decena de museos nacionales e internacionales, de Rubens, Goya, Zurbarán y Juan de Juni son algunas de las obras que se han mudado temporalmente al Palacio de Villena en Valladolid para participar en la exposición 'La invención del cuerpo. Desnudos, anatomía, pasiones', que abre sus puertas el jueves 5 de julio. Hasta entonces, en el recinto museístico se viven días de agitación en torno a esculturas y pinturas rodeadas de conservadores, restauradores, transportistas y operarios especializados en mudanzas de arte que las desembalan, colocan en peanas y cuelgan en paredes dentro de una escenografía estudiada al detalle. Todo ello en un entramado de diseño y montaje expositivo que implica a unas ochenta personas.

«Una vez que la pieza entra al museo, se desembala, se examina minuciosamente y es colgada en presencia del correo que viene acompañándola desde su lugar de procedencia; y no podemos tocarla hasta que el correo vuelva para llevársela», explica Manuel Arias, subdirector del Museo Nacional de Escultura, mientras dos restauradoras examinan posibles pérdidas o alteraciones de 'La visitación de la Virgen a Santa Isabel', una tabla de la escuela castellana (1451-1500). Lo hacen junto a Carmen Espinosa, conservadora del Lázaro Galdiano, que ejerce como correo de la pinacoteca madrileña que la cede en préstamo hasta la primera semana de noviembre. Después, estas mismas piezas recalarán en el Museo San Telmo de San Sebastián, que coproduce la exposición junto al Museo Nacional de Escultura.

Uno de los responsables realiza labores de desembalaje.
Uno de los responsables realiza labores de desembalaje. / Mingueza

'La visitación de la Virgen a Santa Isabel' llega introducida en una especie de vitrina climática que evita fluctuaciones de temperatura y humedad durante los desplazamientos y, al igual que el resto de esculturas y pinturas, en transporte especializado en obras de arte. Cuando el valor de la obra supera la tasación de 150.000 euros se precisa escolta policial para moverla de un museo a otro. «Ninguna de las cajas se puede abrir si no está presente el correo que la acompaña, siempre atento para detectar posibles modificaciones en la pieza desde que salió de su lugar de origen», apunta Arias.

De El Prado, Museo Thyssen-Bornemisza, de los museos de Bellas Artes de Asturias y Valencia, del San Telmo de San Sebastián, de los museos franceses de Lemans y Orleans, de la Galería Borghese de Roma y de colecciones como la de dibujos anatómicos de Juan Bordes proceden buena parte de las noventa obras que se están colocando en el Palacio de Villena. Las salas estarán también nutridas con fondos del propio Museo Nacional de Escultura y de la Biblioteca Histórica del Palacio de Santa Cruz.

Hilo conductor

Pero antes de llegar a este estadio los organizadores han rastreado en museos nacionales e internacionales así como en colecciones privadas en busca de arte que sustente el discurso expositivo de 'La invención del cuerpo'. Una labor dirigida a plasmar el concepto de cómo los ideales del humanismo renacentista llevaron a considerar a la persona como la medida de todas las cosas, «convirtiendo el cuerpo humano en foco de atracción de la estética, la medicina y la filosofía», sostiene María Bolaños, directora del Museo Nacional de Escultura y comisaria de la muestra. Ella ha elaborado el hilo conductor que une o contrapone piezas como dos 'Martirios' de Santa Águeda en las que los pintores italianos Francesco del Cairo y Vaccaro hacen confluir su fascinación anatómica por el cuerpo herido con el propósito devocional.

Un operario se dispone a sacar el cuadro en presencia de Carmen Espinosa.
Un operario se dispone a sacar el cuadro en presencia de Carmen Espinosa. / Mingueza

A ese diálogo entre arte y anatomía se atiene la propuesta expositiva, reflejando a través de la mutación de estilos y concepciones del cuerpo cómo ese interés se extendería desde el Renacimiento hasta la Ilustración, tres siglos en los que autores como Pedro de Mena, Juan de Juni, Berruguete, Rubens, Ribera, Zurbarán, Juan Valdés, Bautista Maíno o Goya trasladaron esos ideales a sus creaciones.

«Se ha buscado mostrar ese cruce entre ciencia y arte en el que los artistas muestran los descubrimientos de la medicina y a su vez los médicos emplean a los artistas para realizar ilustraciones en sus tratados», suscribe Bolaños. A esta idea darán cuerpo varios tomos de la Biblioteca Histórica del Palacio de Santa Cruz, colocados al detalle en camas y cubiertos por una vitrina a una exposición máxima de 50 luxes para no dañar el papel. Estos ejemplares en la sala del Palacio de Villena estarán abiertos por una página que en ningún caso podrá ser la misma que la que se exponga en el Museo de San Telmo en noviembre. «Un libro no puede estar ocho meses abierto por la misma página, pues afecta al papel y la encuadernación», explica Bolaños, refiriendo uno más de los detalles velados en la penumbra de las salas en las que la atención de miles de visitantes se fija, inevitablemente, en el disfrute de dibujos, esculturas y pinturas.

 

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