Dibujos del sol, rastros de vida

Obra de Juan Zamora expuesta hasta el lunes 28 en la galería Silva./Henar Sastre
Obra de Juan Zamora expuesta hasta el lunes 28 en la galería Silva. / Henar Sastre

El artista Juan Zamora expone en Javier Silva un trabajo que enlaza tradición, biología y arte

ANGÉLICA TANARROValladolid

Hay una mesa larga, más bien se diría un estrecho mostrador, de aspecto tosco, que atraviesa en diagonal el espacio y sobre él una serie de dibujos y objetos de pequeño cuando no minúsculo tamaño. Las paredes están prácticamente vacías, aunque si el visitante se detiene un momento en esas 'páginas' en blanco que rodean la mesa verá una pequeña hoja de papel con algo que, si se acerca, comprobará que es otro dibujo. La descripción pertenece a 'El cuerpo del sol' la exposición de Juan Zamora que estos días presenta la galería Javier Silva.

Juan Zamora (Madrid, 1982) lleva unos años enlazando residencias artísticas que lo han llevado a diversas partes del mundo y en todas ellas ha trabajado con aspectos que tienen que ver con el origen de la vida, el inicio del movimiento (interés que se plasmó pronto en sus primeros trabajos de animación) y la relación de ser humano con la Naturaleza. No en vano en el apartado de su página web en el que declara sus intenciones recoge una cita de Walt Whitman y sus 'Hojas de hierba' en la que reflexiona sobre cómo ciencia, religión y filosofía se conectan a la hora de preguntarnos por el misterio de la vida. En 'El cuerpo del sol' muestra dibujos realizados desde Sudáfrica a Colombia, que tienen que ver con la simbología del sol, con la manera en la que distintas culturas primitivas representaban el astro rey por excelencia y su relación con el principio de la vida. El tamaño de los dibujos revela a un artista minucioso y preciosista que nos invita, nos obliga habría que decir, a acercarnos físicamente a su trabajo para descubrirlo en toda su perfección. De la misma manera que él pasa horas mirando por un microscopio, el espectador de su obra tiene que acercarse a mirar y casi se echa de menos una lupa para apreciar el detalle con el que está realizada. Un vídeo y una instalación sonora completan la muestra.

Junto a los dibujos, Zamora dispone una serie de objetos que tratan de acompañar y complementar su sentido. Algunos de ellos, los más interesantes y que un espectador profano puede relacionar en un momento con algún tipo de fósil, son en realidad estromatolitos, que vendrían a ser, con permiso de los expertos por la explicación de trazo grueso, algo así como el rastro que bacterias unicelulares dejaron en rocas junto a mares cálidos. El rastro «de esas primeras bacterias que habitaron la tierra», según sus palabras, aporta una nota escultórica al conjunto de la instalación. Merece la pena el gesto de inclinarse sobre estas pequeñas 'postales' y detenerse en las líneas que trazan el mapa de esos pequeños procesos vitales. Estamos ante un gran dibujante, pero sus intereses residen en la globalidad de sus proyectos.

De lo pequeño a lo grande

Por otra parte, Juan Zamora no es un artista vinculado exclusivamente a las dimensiones minimalistas de los trabajos expuestos en la galería vallisoletana. La fachada del edificio de Tabacalera en Madrid es testigo de que puede pasar de esos dibujos 'microscópicos' a las instalaciones de más de quince metros sin que se altere lo más mínimo su interés por la naturaleza y su traslado a 'dimensiones' artísticas. Su sombra del buitre así lo confirma.

Su formación como biólogo y la proyección artística de esa inquietud por los procesos de la vida han interesado a la Universidad de Bergen (Noruega) donde desarrollará en los próximos meses un proyecto. Zamora imagina su futuro próximo en esta línea de investigación y plasmación artísticas de procesos científicos en Escandinavia, donde su trabajo ha despertado mayor interés.

Una línea de trabajo que le conecta con una corriente dentro del arte contemporáneo del que el anterior artista expuesto en la galería también es un exponente. Según confirma el propio Javier Silva, que el trabajo de Javier Viver (protagonista de la anterior exposición) y el de Juan Zamora tengan evidentes conexiones ha sido una casualidad. Pero qué duda cabe que la preocupación por el medio ambiente y nuestra a veces complicada relación con el planeta que habitamos, así como una mirada nueva sobre determinadas tradiciones culturales está dando lugar a interesantes reflexiones en la práctica del arte contemporáneo. Y de paso contribuyen a enriquecer nuestra mirada.