Las criselefantinas de la Casa Lis bailan en las Cortes

Una visitante, ante los muñecos autómatas. / Ramón Gómez

Una selección de obras del Museo Art Nouveau y Art Déco de Salamanca acercan el 'Universo Lis' a todos los castellanos y leoneses hasta el 1 de julio

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Manuel Ramos Andrade no conoció el edificio de las Cortes, sí la rehabilitada Casa Lis de Salamanca que alberga sus colecciones. Un aperitivo de ellas conforma una exposición temporal que, bajo el título 'Universo Lis', recibirá a los visitantes del Parlamento regional hasta el 1 de julio. Aunque el Museo Art Nouveau y Art Déco salmantino es uno de los más visitados de la región, su director, Pedro Pérez Castro, se ha propuesto aumentar el número de castellanos y leoneses que lo frecuentan, que en 2017 supusieron un 18% del total de visitantes. Animar a que crezca el número de los casi 140.000 visitantes del pasado año es la intención de la muestra, subrayó la presidenta de las Cortes, Silvia Clemente.

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Museo que habla de la burguesía de finales del XIX, de sus gustos, de su forma de vivir, de sus aspiraciones, la muestra quiere ser «un cuento, un pequeño relato en cinco partes que resume lo que cuenta la Casa Lis», afirmó Pérez Castro. Sin la magnífica carcasa arquitectónica que es el edificio del museo salmantino, –en la falda de la muralla, organizada en torno a un patio cubierto de una espectacular vidriera emplomada–, 'Universo Lis' recoge la querencia de esos nuevos ricos por la decoración, por los juguetes, por los viajes, por las variedades y los frágiles objetos que embellecían sus estancias.

Miguel de Lis (1855-1909), industrial salmantino que hizo dinero con el cuero, fue quien encargó la construcción del palacete que hoy custodia el tesoro de otro charro, Manuel Ramos Andrade (1944-1998), cuya fortuna surge del comercio de antigüedades. La donación a su ciudad de sus 19 colecciones ha hecho posible que desde 1995 la ruta monumental de Salamanca y la de Castilla y León salte del esplendor gótico y renacentista a las curvas metálicas y el colorido vidrio de finales del XIX.

Odaliscas en la Concha

París y Bruselas eran los mercados donde los nuevos ricos compraban sus bagatelas. Una de las colecciones de Ramos Andrade es la de los muñecos autómatas a los que la cuerda permite comer o tocar la dulzaina sin parar. Esos viajes europeos tenían paradas de referencia como la de la capital austriaca donde se hacían los preciados 'Bronces de Viena', de los que dan fe media docena de los expuestos en las Cortes. El exotismo asiático y africano es el tema dominante: cazadores en camello que disparan a leones, un vendedor de monos, un árabe sentado sobre una alfombra que cubre la caja de música o una encantadora de serpientes que a falta de las ondas de la flauta utiliza su sugerente torso para encandilar al reptil. Más allá de las odaliscas, aparecen las bañistas, las mujeres de comienzos de siglo XX con trajes de baño de rejilla, tallas diminutas de un incipiente exhibicionismo más naive que seductor.

En medio de la sala, las criselefantinas, joya del museo por ser única en el mundo. Las pequeñas figuras de marfil y de oro son esbeltos personajes de un baile, del carnaval que fueron los felices años veinte. Los vidrios pintados al estilo japonés por Émile Gallé o los hermanos Daum anuncian otro de los fuertes de los fondos de la Casa Lis.

Los objetos de tocador –esencieros, polveras, joyeros– y los diseños de una moda que preconizaba a Coco Chanel, esbozan una mujer más independiente, más libre, con la impronta de Isadora Duncan y Josephine Baker.

Un vídeo cierra la exposición 'Universo Lis', proyectándose en la fachada del edificio de las Cortes de Castilla y León un documental que complementa las obras del interior. Será todos los días desde las 21:00 h. hasta las 23:30 h.

 

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